Segunda victoria de BBVA en Cataluña

29 / 07 / 2014 José María Vals
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BBVA se ha quedado finalmente con Catalunya Banc, la última entidad que el FROB quería subastar tras inyectar 12.624 millones para sanearla. En 2012, BBVA ya se adjudicó Unim.

BBVA ha vuelto a ganar en Cataluña. Contra todo pronóstico, se ha quedado con Catalunya Banc (CX), en una subasta en la que competía con Santander y CaixaBank. La primera victoria la logró en marzo de 2012 cuando se quedó con Unim, un conglomerado bancario surgido de la fusión de las cajas de Terrasa, Sabadell y Manlleu. Experiencia tiene, pues, el banco presidido por Francisco González, en abordar procesos de reconversión en el mercado catalán. Ello y la generosidad de la que hizo gala el banco en las reducciones de personal de Unim han provocado una reacción favorable de los sindicatos.

La puja de BBVA ofreció al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) un precio de 1.187 millones de euros por el cien por cien de Catalunya Banc, aunque el FROB solo es propietario del 66% del capital de la entidad. Otro 32,4% está en manos del Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), un 1,2% lo tienen accionistas minoritarios que no han querido vender las acciones que recibieron por sus inversiones anteriores y el 0,4% del capital es autocartera. Pero el FROB asume en la operación posibles costes valorados en casi 590 millones de euros. De esta manera, el desembolso real de BBVA se quedará en el entorno de los 600 millones.

En concreto, y para dar cumplimiento a la normativa europea que regula las ayudas a la banca, una de las cosas que tienen que hacer los bancos rescatados es romper sus acuerdos con las compañías aseguradoras a través de los cuales comercializan pólizas de seguros en sus oficinas. En el caso de Catalunya Banc el acuerdo a romper está suscrito con Mapfre y puede suponer un coste por indemnización a la aseguradora de hasta 320 millones de euros, que correrán a cuenta del FROB. Además, el Fondo de Reestructuración asegura a BBVA que podrá contabilizar créditos fiscales por valor de 267 millones de euros que, en caso de no poder llevarlos a sus cuentas, serían descontados directamente del precio de adjudicación.

Catalunya Banc ha sido la última de las entidades procedentes del proceso de nacionalización de cajas que ha sido adjudicada a un tercero. Esta era la tercera ocasión en la que el FROB intentaba colocarla en el mercado, porque en las dos anteriores (la primera data de 2011) nadie quiso quedarse con ella. La razón era muy simple. La caja catalana había sufrido en sus carnes (y en sus cuentas) todos los males de la burbuja que sufrieron las entidades financieras durante los años previos a la crisis. Se había embarcado en un proceso de crecimiento por todo el territorio nacional, con el objetivo nunca confesado oficialmente de hacer sombra a la entonces Caja Madrid, hoy integrada en Bankia.

Locura hipotecaria.

Dentro de ese proceso de crecimiento desaforado se embarcó también en la locura hipotecaria. Inundó España de créditos para promociones inmobiliarias y algunas también llegaron incluso al sur de Portugal, donde se metió en un negocio para urbanizaciones turísticas en El Algarve que le costó un ojo de la cara en saneamientos porque el proyecto quedó finalmente en casi nada. Catalunya Banc era, pues, una especie de monstruo financiero cuyo negocio hipotecario no interesaba a ningún banco y de cuyo negocio bancario clásico cualquier posible comprador decía siempre que la única parte interesante era la del mercado catalán.

La caja ha sufrido, bajo la gestión del FROB, una cura de adelgazamiento que finalmente ha dejado reducida la entidad a poco más de 700 sucursales en Cataluña y 145 oficinas en el resto de España. En junio pasado el FROB diseñó un plan para cerrar 102 de estas 145 sucursales de fuera de Cataluña, pero al final abortó el proceso a la espera de ver si le interesaban a los bancos que estaban haciendo ofertas de compra por el cien por cien de la caja. Los sindicatos presentes en la plantilla de Catalunya Banc son conscientes de que la integración de la estructura comercial dentro de la de BBVA llevará necesariamente aparejados nuevos cierres de oficinas, pero confían en que el proceso termine bien, siguiendo el ejemplo de Unim.

Pactos laborales.

En aquella ocasión, en 2012, cuando BBVA adquirió ese conglomerado financiero, llegó a un acuerdo con los sindicatos para reducir la plantilla de 3.000 personas que heredaba en unos 1.200 trabajadores. El pacto se hizo mediante la prejubilación de quienes tuvieran 52 años de edad y diez de antigüedad, que se quedaban con un sueldo equivalente a entre el 70% y el 75% del salario hasta los 65 o 64 años de edad. Para las bajas incentivadas, BBVA ofreció indemnizaciones de entre 30 y 35 días por año trabajado, con algunas primas extraordinarias, muy por encima de lo que marca la nueva legislación laboral.

Con esta adquisición, BBVA gana cuota en Cataluña, donde rozará el 25% del mercado bancario de la comunidad autónoma, al tiempo que incrementa también su tamaño dentro del conjunto de España, donde ya supera a CaixaBank y pelea con el Santander por el liderazgo. Los directivos del banco no han ocultado nunca que la operación de Catalunya Banc les interesaba, pero solo por la cuota de mercado de Cataluña, y al final lo han conseguido. Entre tanto, el FROB ha limpiado la caja de tal manera que prácticamente no tiene ya riesgo hipotecario. La última operación fue la colocación de las hipotecas tóxicas a un fondo de alto riesgo. En esta, el FROB tuvo que poner 572 millones de euros para poder sacar del balance de la caja el paquete de créditos.

Esa cifra se sumaba a los 12.052 millones de euros que el FROB ya había puesto en Catalunya Banc para sanearla y hacerla viable. En total, pues, este organismo público ha dedicado al saneamiento de esta caja 12.624 millones de euros desde que tuvo que entrar en su capital en marzo de 2010 para evitar la quiebra. De estos millones de dinero público, el FROB va a recuperar, en el mejor de los casos, 783 millones de euros si no hubiera que pagar nada por la ruptura del acuerdo con Mapfre y tampoco hubiera problemas con los activos fiscales. La diferencia entre ambas cifras asciende a 11.841 millones de euros, que será la pérdida que el FROB acabe por asumir en el proceso de saneamiento de la entidad catalana.

Además, la cifra no es definitiva, ni mucho menos, y no solo por los riesgos de Mapfre y los activos fiscales. El FROB asumirá también el coste en el que pudiera incurrir Catalunya Banc por los procesos pendientes de reclamaciones de inversores en participaciones preferentes. Eso quiere decir que la cantidad de 11.841 millones de pérdidas por sanear esta entidad es la que se cumpliría en el mejor de los supuestos, cosa que no suele ocurrir nunca, por lo que finalmente será mayor.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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