Los precios que no igualó el euro

13 / 02 / 2012 Javier Otero
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La Unión Monetaria y la llegada del euro debían traer una convergencia de los precios y más competencia. Veinte años después hay grandes diferencias entre países.

Las diferencias de precio de los mismos productos entre países europeos siguen produciéndose cuando se acaban de cumplir 20 años de que, con la firma del Tratado de Maastricht, se pusieran las bases de la unión monetaria y se abriera así la puerta del euro, y diez años desde que la nueva moneda se estrenara físicamente en la cartera de los consumidores. Coches que resultan un 45% más caros en España o el mismo sofá que se encuentra un 25% más barato en Alemania son algunos de los casos con los que se puede encontrar un consumidor español.

La Comisión Europea ha seguido con atención las diferencias de precio. Con la llegada del euro, las autoridades europeas destacaron que uno de los efectos iba a ser la transparencia total en las diferencias de precio entre países, ya que al desaparecer las diferentes divisas nacionales, los consumidores iban a comprobar rápidamente dónde se vendía más barato el mismo producto. Bruselas ha seguido especialmente la evolución de los precios de los automóviles desde la entrada en vigor del mercado único y ha mostrado su preocupación por que los consumidores no tuvieran trabas a la hora de comprar un automóvil en otro país europeo si consideraban que les compensaba, para favorecer la competencia.

El último informe de la Comisión Europea sobre los precios de los automóviles señala que estos mostraron una ligera convergencia. A pesar de ello, señala que “no obstante, en algunos casos siguen existiendo diferencias considerables”. La cara positiva es que quienes vivan cerca de un país con los precios de su modelo preferido más barato pueden beneficiarse y ahorrarse una cantidad importante de dinero. Entre los modelos más vendidos, el informe europeo señala que las diferencias pueden llegar a ser hasta del 44% entre el país más caro y el más barato. Este es el caso del Fiat Grande Punto, entre los coches pequeños. Entre los medianos, el que experimenta la diferencia más importante es el Peugeot 308, donde la diferencia llega al 36%. Entre los automóviles grandes, la diferencia de precios en un Volkswagen Passat puede llegar a casi el 32%.

Cruzar la frontera.

Si se tiene en cuenta cualquier modelo de automóvil, en España el Peugeot 107 resulta ser un 45% más caro que en el país de la Eurozona donde se vende más barato. Por el contrario, en ningún otro país europeo puede encontrarse más barato el Citroën C5 que en España, aunque en este caso la diferencia sea solo del 13%. Es decir, que se podría comprar el modelo de Peugeot ahorrando 2.715 euros de los 8.745 euros que cuesta en España. Sin embargo, el ahorro que disfrutan los que compran en España un Citroën C5 es de 3.512 euros para un automóvil cuyo precio en España es de 26.359 euros.

La comparación entre los precios de los automóviles en Europa, según Bruselas, “permite a los consumidores aprovechar las posibilidades que les brinda el mercado único de la UE”. Desde que existe este la Comisión Europea ha intentado acabar con prácticas como, por ejemplo, que las marcas de coches alemanas pusieran excusas de todo tipo para evitar que ciudadanos de ese país compraran sus vehículos en concesionarios italianos, donde eran más baratos.

El caso del automóvil no es el único.  Si se comparan precios de una misma cadena de distribución a través de sus páginas de Internet en diferentes países de la Eurozona, las diferencias son también importantes. En la cadena FNAC podemos encontrar que la misma cafetera exprés cuesta en la página web española 149 euros, mientras que en la francesa alcanza solo 111 euros. También se puede encontrar, igualmente, un televisor de 40 pulgadas para ver programas en 3D, de la marca Sony, por 789 euros, cuando en la web francesa se vende por 649 euros. La diferencia es del 21%, que se traduce en unos apetecibles 140 euros. Una ventaja de la que disfrutan los franceses. Pero las tornas se vuelven en las páginas web de la cadena de tiendas de ropa Zara. Esta vende en Internet para España la misma cazadora que en Francia, pero un 46% más barata para los consumidores españoles. En el país vecino cuesta 219 euros, frente al precio de 149 euros que pone en España.

A pesar de que el salario medio en Alemania casi dobla el español, en la web de la cadena de tiendas Ikea de Alemania se puede encontrar el mismo sofá que en España vale 889 euros por 709 euros. El 20% más barato, aproximadamente.

Las razones que justifican estas diferencias van desde los distintos costes en el transporte a la estrategia comercial, según explican alguna de estas empresas, que también pueden dar lugar a mayores o menores márgenes comerciales. Esta estrategia es uno de los secretos mejor guardados por las empresas. Puede depender de la competencia, del nivel de renta de los países y de otros factores.

Lo que sí está claro es que no siempre pueden beneficiarse los compradores de estas diferencias. En Zara, por ejemplo, un francés no puede encargar la cazadora en la web española para que se la envíen a su país, según las condiciones que aparecen en su página de Internet. Uno de los efectos de la transparencia entre los precios en euros debería ser, según las autoridades europeas, potenciar la competencia en los diferentes sectores. En algunos resulta más difícil, como el eléctrico. En este puede observarse, según los datos de la oficina estadística europea, Eurostat, que el precio del kilowatio/hora para clientes domésticos en España es de 0,1597 euros, mientras que en la vecina Portugal se queda en solo 0,1001 euros. Es decir, en España es un 60% más caro que al otro lado de la frontera.

Otro punto de vista sobre el balance de los diez años en los que el euro lleva en circulación lo ofrece la comparación entre la evolución de los precios y los salarios. Desde 2002, año en que comenzó a circular la nueva moneda, a 2009, último año del que se tienen datos, el salario medio creció casi un 14%, mientras que los precios que mide el IPC subieron casi un 23%. Según el estudio que realiza la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre la cesta de la compra básica en alimentación en supermercados de toda España, desde 2002 su precio se ha incrementado un 48%.

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