Lo que se juega España en Ucrania

17 / 03 / 2014 José María Vals
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El gas ruso no es problema y el petróleo plantea alguno más, pero lo importante son los contratos en Rusia.

"La verdad es que nos jugamos más allí que aquí”. La afirmación es de un directivo de una empresa española, que si bien no ve grandes peligros de desabastecimiento energético en caso de que el conflicto entre Rusia y Ucrania se encone, sí se teme que si aumentan los problemas, la situación puede afectar al negocio de compañías españolas en suelo ruso. De momento, las acciones de la Unión Europea se limitan a una amenaza de bloqueo de extensión de visados para algunas personalidades, pero la celebración del referéndum de independencia de la península de Crimea, cuyo Parlamento ya ha declarado unilateralmente la adhesión de ese territorio a Rusia, puede complicar las cosas en las próximas semanas.

Para España, y desde el punto de vista energético, el principal problema que afecta al resto de Europa, el suministro de gas natural ruso no afecta de los Pirineos hacia abajo, porque a la red de abastecimiento de gas española no llega ni un solo gramo de gas natural procedente de territorio ruso. El panorama es radicalmente distinto en algunos países del norte y el centro  de Europa, como Austria y Polonia, donde más de la mitad del gas procede de los yacimientos rusos; Alemania, donde aproximadamente un tercio del gas natural consumido es ruso, e incluso Francia, que también depende de esa misma fuente de suministro en aproximadamente un 20% del consumo. En la República Checa, Lituania, Letonia, Estonia, Suecia y Finlandia, más de las tres cuartas partes del gas que consumen llega de Rusia.

El Gobierno de Putin juega históricamente la baza de que su gas es muy importante para la economía de Europa, y más concretamente de la Unión Europea, y confía en esa fuerza para evitar sanciones más duras por parte de la Comisión. Sin embargo, a las autoridades rusas se les olvida siempre la otra parte de la cuenta: los países de la Unión Europea pagan por el gas ruso unos 150.000 millones de euros al año, que le vienen muy bien a la balanza comercial del país. En fuentes del sector energético español se asegura que, en el caso del gas, Rusia podría jugar más con el factor precio que con el desabastecimiento. “Lo que podría hacer –dicen estas fuentes– es cerrar parcialmente el grifo y provocar una subida de precio del gas, como lo ha hecho ya en algunos de sus anteriores enfrentamientos con las autoridades ucranianas”.

En el caso de España, y aunque no llegue ni un gramo de gas ruso, la subida del precio tendría algún efecto, ya que cuando hay un área tan grande como Europa en la que se encarece una materia prima, lo lógico es que suba también en los mercados internacionales. Y más teniendo en cuenta que los países que dependen casi en exclusiva de los gasoductos procedentes de Rusia tendrían que buscar nuevos canales de suministro, como los buques de gas natural licuado.

Gas de Argelia.

Por ejemplo, España importa de Argelia el 51% del gas que consume. De esa cifra, el 41% llega a territorio español a través de un gasoducto y el 10% viene en buques hasta las plantas en las que el gas licuado vuelve a pasar a su estado gaseoso. Y esa es la fórmula empleada por las compañías gasistas españolas para traer el gas de territorios como Perú o Trinidad y Tobago. Lógicamente, si aumentara la demanda de buques de gas, su precio subiría y eso encarecería ligeramente el suministro a España.

Sin embargo, esta circunstancia podría tener también su cara buena para España. Hasta ahora, la conexión de la red de gasoductos españoles con la europea, a través de la frontera francesa, lleva años sufriendo retrasos, debido fundamentalmente a las reticencias de Francia, que ve en esa operación una puerta para que España pueda exportar gas al país vecino. Los contratos firmados por España con Argelia, así como la entrada en explotación de algunas plantas de licuefacción de empresas españolas en otras partes de África, como Egipto, son capaces de suministrar gas suficiente para abastecer a la economía hispana en épocas de bonanza, lo que hace que en etapas como la actual haya excedente posible. Esa presión francesa para bloquear la conexión podría reducirse, también a petición de otros países europeos, para garantizar a la Unión fuentes alternativas de suministro en caso de nuevos conflictos en territorio ruso o ucraniano.

Por lo que respecta al petróleo, los 8,1 millones de toneladas importadas por España de Rusia durante 2013, suponen un 14% del suministro total de crudo del año, según datos oficiales del Ministerio de Industria. En este caso, España tiene muy diversificada la importación de petróleo crudo. De esta estrategia da idea el hecho de que, por ejemplo, el 36% del suministro procede del continente africano y un 27% viene de América. Sin embargo, en el caso del petróleo la situación es más problemática. Aunque ahora el fuel es un combustible a la baja en su nivel de utilización para producir electricidad y la venta de carburantes de automoción también ha caído en los últimos años debido a la crisis económica, España tuvo problemas cuando en la primavera de 2011 (ya en plena crisis) quedó literalmente interrumpida la exportación de crudo de los yacimientos de Libia debido al conflicto armado que terminó con el derrocamiento de Gadafi. Las importaciones de Libia suponen el 5% del total de las compras de crudo españolas, pero cuando esos tres millones de toneladas dejan de llegar, es necesario buscar fuentes alternativas de suministro en otros países, a los que generalmente hay que pagar un precio mayor por solventar el problema. Y eso, junto a una previsible subida del coste del gas licuado, supondría un encarecimiento del suministro energético de la economía española, justo en un momento en el que lo que menos necesita el tejido industrial en España es una subida de costes que disminuya la competitividad.

Estos son problemas que podrían producirse si Rusia decide cerrar total o parcialmente el grifo de las exportaciones energéticas hacia la Unión Europea, o bien que la propia UE, como sanción, prohibiera las importaciones desde Rusia, cosa esta última muy poco probable, porque los países que dependen casi en exclusiva del gas ruso vetarían la medida. Pero no todo es energía en las relaciones comerciales con Rusia. De hecho, durante 2013, los casi 1,6 millones de turistas rusos que eligieron España como lugar de vacaciones se dejaron 2.350 millones de euros en sus gastos en territorio español. De hecho, y por detrás de los estadounidenses, los rusos son los turistas que más dinero se dejan en sus vacaciones, medido como gasto medio por estancia.

Y aparte de todo esto, hay un buen puñado de empresas españolas que han salido de pesca a Rusia en busca de negocios. En algunos medios internacionales se ha relacionado incluso la tibieza de las condenas del Gobierno español a la actitud rusa en la crisis de Ucrania con esta puja empresarial por grandes contratos aún por decidir. Uno de ellos, que es el más jugoso de todos, es el AVE que deberá unir las ciudades de Moscú y San Petersburgo, con 650 kilómetros de vía férrea y un coste de 18.000 millones de euros, además de la posibilidad de un contrato de explotación de la línea ferroviaria durante 30 años. El Gobierno ruso Lleva dos años preparando la licitación pero ahí están, en primera línea de salida empresas como OHL, ACS, algunas ingenierías y compañías expertas en explotaciones ferroviarias como Adif, Renfe o Talgo.

Grandes obras.

De hecho, OHL ya está trabajando en las obras de otro ferrocarril de casi 400 kilómetros en territorio ruso, con un contrato de 1.500 millones de euros. El grupo de los Villar Mir también ha dejado su firma en la construcción del complejo deportivo en el que se han celebrado los recientes Juegos Olímpicos de invierno de Sochi y ahora puja por una especie de M-50 moscovita, una autopista de circunvalación que, dada la magnitud del perímetro de la capital rusa, será un enorme proyecto de construcción. Talgo, por su parte, ya ha vendido a la compañía estatal de ferrocarriles rusos siete trenes que entrarán en servicio a lo largo de este mismo año y del próximo. El fabricante de trenes español trabaja en la actualidad en un modelo de tren especial para vendérselo a los ferrocarriles rusos y que serviría para facilitar las comunicaciones de este país con algunas de las repúblicas en la zona asiática que se independizaron tras la caída del Muro de Berlín.

Además, otras empresas de ingeniería españolas, como Ineco o Técnicas Reunidas, también están presentes en Rusia. Son algunos de los proyectos en los que las empresas españolas se juegan parte de su negocio exterior. No es extraño, por lo tanto, el interés del Gobierno en asegurar estos posibles contratos y tampoco extraña la afirmación del dirigente empresarial que señala que España puede jugarse más allí que aquí.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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