Llega el cajero del futuro

18 / 12 / 2006 0:00 Celia Lorente
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Los bancos preparan sus terminales para adaptarlos a la revolución de las tarjetas con chip. En 2010 todos los terminales de la UE deberán incorporar esta tecnología. Los cajeros reciclarán el dinero, aceptarán monedas y controlarán la calidad de los billetes.

El primer cajero de la historia cumple 40 años. Se instaló en 1967 en Londres en una sucursal de Barclays Bank. Su artífice, Shepherd Barron, director de gestión de la compañía de automatización De la Rue.

El invento cambió la estructura bancaria de la época e hizo realidad algo que ahora nos parece tan normal como poder disponer de autoservicio financiero las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana. Actualmente en el mundo hay 1,3 millones de cajeros y se instala uno nuevo cada siete minutos. Desde ese primer terminal que sólo dispensaba dinero los cajeros han experimentado una constante renovación tecnológica: las primeras pantallas en color (1981), la operativa con libretas (1981), la venta de entradas para espectáculos (1991), o las pantallas táctiles (1995).

Al cajero automático no parece afectarle la crisis de la mediana edad, porque está más en forma que nunca. En los últimos años ha incorporado servicios con valor añadido para el usuario, como la recarga de móviles, envío de remesas al extranjero, compra de entradas para espectáculos o la posibilidad de ingresar cheques. También está empezando a ensayar otras prestaciones nuevas, como créditos al instante, hipotecas, venta de abonos transporte o pago de impuestos y multas. Pero en un futuro próximo se esperan aún más novedades.

Preparando el cambio

Las principales entidades financieras tienen que darse prisa si quieren cumplir en 2008 con la norma SEPA, el proyecto de Zona Única de Pagos para el Euro, que supondrá en los próximos años el mayor cambio en el mercado financiero europeo. A finales de 2010 todo el parque de tarjetas de la UE tiene que estar adaptado al estándar EMV (siglas de las compañías emisoras Europay, Mastercard y Visa).Todas las tarjetas tendrán que incorporar un chip que hará posible que puedan utilizarse en cualquier país de la UE y que permitirá a su vez nuevos servicios, como la firma o identificación digital, programas de fidelización, la elección del diseño de la pantalla y de su contenido, ofertas personalizadas... Una vez que el proceso de homologación y adaptación de los cajeros automáticos haya finalizado, se iniciará la sustitución de las viejas tarjetas con banda magnética por las nuevas.

El sector bancario español está invirtiendo 700 millones de euros para adaptarse a esta nueva situación. La mayoría de las entidades ya han empezado a emitir sus plásticos con chip y a renovar su parque de terminales para adaptarlos a esta nueva tecnología. La Caixa fue la primera en iniciar este proceso en 2004 y ya tiene homologados más de un 74% de sus cajeros. Pero no es la única en hacer los deberes, otros bancos como BBVA también han adaptado ya el 70% de sus terminales.

Para La Caixa la implantación del chip supondrá una mayor seguridad, a la vez que incorporará un elevado número de nuevos servicios asociados a este medio de pago. Pero no hay que asustarse, porque será un proceso progresivo en el que “el cliente podrá utilizar tanto las tarjetas con bandas magnéticas como aquellas que ya incorporen el chip”, dice un portavoz de la entidad.

La Caixa gastará en los próximos cuatro años 140 millones de euros.“Hemos previsto este desembolso dentro de un plan de renovación de nuestra red de oficinas y cajeros, que incluye tanto la compra de nuevos terminales como la modernización de los actuales”, explican. Con más de 7.300 cajeros automáticos, esta entidad tiene la red de terminales de autoservicio más extensa del sistema financiero español y la segunda de Europa. En España dispensa cada día más de 60 millones de euros a través de ellos.

Más seguridad

La tecnología del chip va a reducir considerablemente el fraude financiero, causado en el 60% de los casos por la falsificación de las tarjetas bancarias. Pero en esta lucha ya se está pensando en ir más lejos. Gracias al desarrollo de la biometría en el futuro no habrá que memorizar contraseñas ni llevar dinero de plástico, con el inconveniente de pérdidas o robos. El cuerpo será nuestra identificación y las huellas dactilares, el iris, el rostro, la palma de la mano e incluso la oreja, nuestra tarjeta de presentación. Aunque según Alejandro Lafarga, director general de la empresa de automatización De la Rue Cash System,“aún quedan algunos años para que se utilice este método. La tecnología es fiable, pero todavía no está muy desarrollada. Además, a los usuarios les cuesta adaptarse, sobre todo en lo que respecta a la seguridad. El dinero es muy cobarde y suele desconfiar”.

Actualmente el mercado más avanzado del mundo en cuanto a autoservicio financiero es Japón, dónde más del 90% de los cajeros son recicladores, esto es, el dinero que ingresan los clientes es el mismo que se expende, lo que permite a las entidades ahorrar costes, sobre todo en transporte de efectivo, a la vez que es mucho más seguro.“En España aún no ha tenido mucho auge, pero ya hay cinco de las principales entidades financieras que están interesadas en aplicar esta nueva fórmula”, asegura Alejandro Lafarga.

Cómo será el futuro

Las máquinas del futuro también controlarán la calidad de los billetes. Cuando registren uno en mal estado la propia entidad lo retirará de la circulación. También veremos cajeros que admitan monedas.“Cada día tenemos más monedas en el bolsillo y no sabemos qué hacer con ellas. Un terminal que las procese es futuro. En Europa ya lo están haciendo mercados como Alemania o Bélgica, y España, que suele ser innovadora en banca mundial, en este caso está un poco retrasada”, opina Lafarga.

España es el país con más número de cajeros automáticos por habitante de Europa, y el segundo del mundo detrás de Japón. El actual parque de cajeros automáticos es de 56.600 unidades, con un promedio de más de 1.400 cajeros por millón de habitantes. Según datos de la consultora TNS el 46% de los clientes bancarios prefiere operar por el cajero, frente al 26% que prefiere todavía la atención personal en la oficina.

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