Las dos semanas más duras de Miguel Blesa

27 / 07 / 2017 José María Vals y Miguel Cifuentes
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A punto de cumplir 70 años, el banquero, que lo pasó muy mal durante su breve estancia en prisión, estaba a la espera de una casi segura vuelta a la cárcel.

Blesa y Rato, en septiembre de 2016, en el juicio por las tarjetas black de Caja Madrid. Foto: Pool

Era jueves, 16 de mayo de 2013, cuando a media tarde Miguel Blesa recibía una llamada de su hija para preguntarle qué tal había ido su comparecencia urgente ante un juez de la madrileña Plaza de Castilla. “Voy a ir a la cárcel, estoy esperando el auto”, le dijo el exbanquero mientras el magistrado Elpidio José Silva redactaba el documento con el que enviaba a Blesa a la prisión de Soto del Real.

Blesa solo estuvo 24 horas en prisión, después de que su abogado depositara los 2,5 millones de euros de fianza que le había impuesto el juez por la investigación que realizaba sobre la compra de un banco en Estados Unidos (el City National de Florida) por parte de Caja Madrid. Esa misma causa dio de nuevo con Blesa en la cárcel, esta vez sin fianza, el 5 de junio del mismo año. En esta segunda ocasión, tardó 15 días en abandonar la prisión, después de que la Audiencia Provincial de Madrid enmendara la plana al juez instructor.

El rapapolvo de la Audiencia al juez instructor supuso también que Miguel Blesa se librara en ese mismo año 2013 de otro procedimiento judicial abierto contra él por créditos irregulares al Grupo Marsans, presidido por el empresario Gerardo Díaz Ferrán, que era amigo suyo. La causa fue anulada por la Audiencia Provincial y eso supuso su inmediata puesta en libertad.

A pesar de su cara sonriente cuando abandonaba la prisión aquel 20 de junio de 2013, algunos de quienes conocían al exbanquero no dudan en resaltar la especial aversión que tenía a la cárcel ni lo mal que lo pasó durante las dos semanas que estuvo preso, cosa que incluso se le notó en su aspecto físico. Los avatares del destino han querido que Miguel Blesa apareciese muerto en una finca de caza antes de que el Tribunal Supremo se pronunciara sobre su vuelta a prisión, esta vez por varios años, y que el juez que le hizo pisar la cárcel haya sido expulsado de la carrera judicial tras una inhabilitación de 17 años para ejercer, precisamente por prevaricar para encarcelar al expresidente de Caja Madrid.

Miguel Blesa se hizo muy famoso entre los españoles por el caso de las denominadas tarjetas black de Caja Madrid, pero antes de ese dudoso honor, el exbanquero había tenido una vida profesional y personal en la que la política, actividad en la que nunca quiso entrar de lleno, primero le llevó hacia arriba y después le despojó de sus cargos.

Este abogado, que el próximo 8 de agosto habría cumplido 70 años, sacó su oposición al cuerpo de Inspección de Hacienda junto al expresidente del Gobierno José María Aznar, al que siempre le unió una gran amistad labrada en su juventud. Al igual que en el caso de Aznar, la vida profesional de Blesa no estuvo ligada a su título de inspector de Hacienda. Entre 1986 y 1996 se dedicó a ejercer la abogacía como experto en Derecho Tributario y mantuvo siempre una estrecha relación con el expresidente del Gobierno, a quien asesoraba cuando se presentaba la ocasión.

Con José María Aznar en La Moncloa, en 1996 Miguel Blesa entraba en el consejo de administración de Caja Madrid. Ese mismo año sustituía a Mario Conde como consejero de Antena 3 en representación de Banesto. Poco después, y con el apoyo de los consejeros que representaban al PP, a Izquierda Unida y a CCOO, Blesa era nombrado presidente de Caja Madrid, cargo en el que estuvo hasta 2010.

Aquellos eran tiempos de vino y rosas para la actividad bancaria en general y para las cajas de ahorros en particular. El negocio de estas últimas se fue expandiendo hasta llegar a la crisis financiera de 2008, cuando contaban con una cuota de mercado de prácticamente la mitad del negocio financiero de España. Caja Madrid no fue una excepción. Cuando Miguel Blesa llegó a la entidad como presidente en 1996, la caja tenía 33.600 millones de euros en activos. Cuando dejó la presidencia en 2010, el negocio alcanzaba los 192.000 millones de euros. El tamaño de la entidad se había multiplicado casi por seis. 

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En 1999, cuando era presidente de Caja Madrid

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Miguel Blesa posando con su segunda mujer, Gema Gámez. Foto: INTERVIÚ

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A lomos de una motocicleta en La Habana. Foto: Interviú

Guerra política

En paralelo a la expansión del negocio, muchas cajas de ahorros se habían convertido en auténticos brazos ejecutores de la política económica de los Gobiernos de las comunidades autónomas. El peso de los políticos en las decisiones de estas instituciones era muy importante y en Caja Madrid, a partir de 2008, se abrió una auténtica batalla campal soterrada que era fiel reflejo de la no menos cruenta guerra interna que en aquellos años sufría el PP, tras haber perdido las elecciones de 2004 y 2008 ante el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero.

En concreto, la pugna entre Esperanza Aguirre, por aquel entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, con Mariano Rajoy y Alberto Ruiz-Gallardón llegó también a los despachos de Caja Madrid, donde se luchaba a brazo partido por colocar al candidato a presidente. Esperanza Aguirre apostaba por su delfín de entonces, Ignacio González (hoy en prisión). Alberto Ruiz-Gallardón era partidario de la continuidad de Blesa un mandato más y Mariano Rajoy acabó mediando en el conflicto para poner a quien finalmente llegó a la presidencia de la entidad en 2010, y que no era otro que Rodrigo Rato.

Blesa, que siempre había estado en casi todas las quinielas para presidir grandes empresas privatizadas en la etapa de Aznar, como Telefónica, Endesa o Argentaria (que acabó después en la órbita de BBVA), confesaba el día de su sustitución por Rato, en enero de 2010, que en su caída había habido “demasiado ruido”, y no se refería precisamente al mediático, sino al político.

Ya como exbanquero, con más de 60 años, con recursos económicos suficientes y con una nueva pareja a la que había conocido en Caja Madrid y con la que acabó casándose, a Blesa se le asociaba con un horizonte apacible en el que tenían cabida sus grandes aficiones de vida social intensa y la caza, que le había llevado a recorrer medio mundo en busca de piezas únicas. Pero todo eso se truncó de golpe en 2013 cuando entró por dos veces en la prisión de Soto del Real.

Su vida desde entonces nunca fue igual. Hubo un antes y un después de Miguel Blesa tras su paso por la cárcel. Las actividades sociales registraron un bajón muy importante y dejó de lado las giras en busca de animales únicos a los que dar caza. Incluso antiguos amigos y personas influyentes del PP dejaron de tratarle tan asiduamente como antes. Además, se iniciaba por aquel entonces el proceso que acabaría con él mismo y con Rodrigo Rato, imputados y condenados por el uso de las tarjetas black. La vida judicial del exbanquero ha sido muy intensa en los años previos a su muerte. 

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Con José Antonio Olavarrieta, Juan Ramón Quintás y Díaz Ferrán, en el Encuentro Financiero 2009 del foro Nueva Economía

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La finca Puerto del Toro, donde se encontró el cuerpo de Miguel Blesa. Foto: Rafa Alcaide

Calvario judicial

Y es que Miguel Blesa tenía altísimas probabilidades de ir a la cárcel. Aunque en los últimos meses se mostraba muy tranquilo, la posibilidad de volver a estar entre rejas es algo que lo desquiciaba mucho, según ha trascendido en su entorno. Fue condenado en febrero pasado a seis años de cárcel por la Audiencia Nacional, por “delito probado de apropiación indebida” en el juicio de las tarjetas black de Caja Madrid y en el momento de su muerte estaba pendiente de un recurso ante el Tribunal Supremo. Por eso no estaba de nuevo en prisión.

Pero aunque el Supremo había decidido dejarle libre sin medidas cautelares adicionales hasta que hubiera un fallo definitivo, el texto de la sentencia de la Audiencia Nacional no le daba muchas esperanzas de librarse de la prisión. El fallo ratificaba con contundencia que había creado, para la cúpula directiva y los consejeros de Caja Madrid, “un sistema ilegal, al margen de los controles de la caja y fuera de las retribuciones pactadas”, con el agravante de defraudar a Hacienda. Blesa se benefició con su tarjeta ilegal de más de 436.600 euros, y aunque devolvió ese dinero en septiembre de 2016, no le sirvió de nada, puesto que su acusación principal no era haberla utilizado sino haber creado ese instrumento ilegal de pago.

El consenso entre los juristas expertos en Derecho Penal es que tenía escasas posibilidades de que el Tribunal Supremo rebajase su condena y evitara su vuelta a la cárcel. A ello se sumaba que a Blesa le esperaba un nuevo calvario los próximos meses con otro banquillo, después de que el juzgado de instrucción número 45 de Madrid dictara en febrero pasado un auto de apertura de juicio oral contra Blesa y el que fuera director financiero de Caja Madrid, Ildefonso Sánchez Barcoj, por el delito de administración desleal. Ambos fueron acusados de haber adjudicado sobresueldos con un perjuicio económico a la caja de 14,8 millones de euros. En este proceso, Blesa afrontaba una petición de pena de otros cuatro años más de cárcel por parte de la Fiscalía Anticorrupción.

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Con Aznar en el entierro del padre de Ana Botella, Ernesto Botella. Foto: GETTY

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Alberto Ruiz-Gallardón apoyó a Miguel Blesa para que siguiera en Caja Madrid

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