La cara invisible del euro
El acuerdo logrado para contener el déficit en la última cumbre europea ha sido criticado por insuficiente. Pero el euro sigue funcionando. ¿Quién está detrás de la moneda?
Ha sido suficiente la última cumbre europea y sus decisiones para acabar con los problemas del euro? No. Esa es una opinión unánime de los analistas. De los que están a favor de que los mercados manden y de los que piensan que los mercados no deben mandar tanto. Para los primeros, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea no han sido capaces de dejar meridianamente claro que ningún miembro del euro intentará nunca una aventurilla económica en solitario, porque no se ha programado la formación de un auténtico Gobierno económico europeo. Para los detractores del poder de los inversores, por el contrario, la cumbre no ha puesto a los especuladores en su sitio. Y aquí surge de nuevo la pregunta ¿Ha servido para algo la famosa reunión?
Depende de cómo se mire. Los jefes de Estado y de Gobierno han dejado claro que salvo en el caso de Grecia ningún otro país de la zona euro se enfrentará nunca a tener que pedir que le perdonen parte de su deuda. Es decir, que garantizan que no habrá nuevas quiebras, controladas o no, de países de la Eurozona. ¿Se lo han creído los mercados? Solo a medias. Y, ¿por qué? Pues por una sencilla razón: un Estado es al final como una familia. Si tiene muchas deudas debe preocuparse de reducirlas para que el pago de los intereses no se lleve el sueldo del mes. Pero si todos se dedican a ahorrar como auténticos posesos y no salen ni a buscar trabajo, al final los ingresos no llegan y entonces el pago de la deuda será un auténtico problema.
Dicho de otra manera, “las políticas de ajuste para reducir la deuda y el déficit de las administraciones públicas de los Estados tienen que ir acompañadas de algunas medidas que eviten el colapso de la economía real, del consumo y de la creación de empleo, porque solo así se logrará que esos mismos Estados puedan recaudar más al aumentar la gente que paga impuestos. Lo contrario hará imposible que algunos países reduzcan de verdad su deuda, y los mercados lo saben”. Esa es, al menos, la opinión de un analista de un banco de inversión extranjero con sucursales en toda Europa. Y también parece ser la opinión del nuevo inquilino de La Moncloa, Mariano Rajoy, quien después de prometer que impulsará los ajustes que sean necesarios, ha dicho en público que “la austeridad no basta” para arreglarlo todo.
El papel del BCE.
Bien. Pero, ¿ha tomado alguien alguna medida en ese sentido dentro de la Unión Europea? Aunque muy tímidamente, parece que sí. El Banco Central Europeo (BCE), al que los tratados de su constitución le otorgan el casi único papel de controlar que los precios no suban, parece que escapa un poco a la disciplina alemana, aunque en este caso lo hace con el permiso de Alemania. Y es que en la última cumbre de jefes de Estado y de Gobierno se dejó a esta entidad, fundada como garante del euro, tomar algunas iniciativas propias que no son tan visibles para el común de los mortales europeos, pero que tienen mucha importancia para que el euro funcione.
El BCE parece dispuesto, ahora sí, a ser el banco de bancos, el que garantice que las entidades financieras de cada país tengan los recursos suficientes para prestar dinero a las empresas y a las familias y la economía real no se colapse.
¿Cuáles son esos mecanismos que ahora se han puesto en marcha desde la autoridad monetaria europea? Exactamente cuatro. El primero, bajar los tipos oficiales al 1%, cosa que hizo en su último consejo. Tras ello, el BCE decidió convocar subastas para que los bancos de la Eurozona puedan abastecerse de dinero barato a devolver en tres años. Además, decidió aumentar lo que los técnicos denominan “abanico de contrapartidas de la liquidez”, incluyendo préstamos de la banca, es decir, que el BCE acepta como garantía de sus créditos a bancos privados de la zona euro los préstamos que ellos mismos tienen concedidos a otros bancos. Y por último, y no menos importante, el Banco Central Europeo decidió reducir a la mitad el dinero que los bancos deben mantener depositado en el propio BCE como garantía de caja.
¿Cómo llega todo esto a los ciudadanos europeos? Las cifras son mareantes, pero al final tienen sentido. Por ejemplo, según los cálculos hechos por los analistas de Citigroup, la reducción del coeficiente de reservas decidida por el BCE supondrá liberar liquidez de la banca de la Eurozona por un importe superior a 260.000 millones de euros. Por otro lado, al introducir como garantía los préstamos de la banca, los tipos reales que se cobran los bancos entre sí para prestarse dinero bajarán, ya que tendrán el respaldo del BCE. Por último, las subastas para dejar dinero a las entidades financieras a 36 meses reducirán las tensiones de los mercados, conscientes como son de que a los bancos de la Eurozona les esperan vencimientos de préstamos durante el próximo año de algo más de 1,2 billones (con b) de euros.
El problema de la deuda.
Efectivamente, las cifras impresionan y el BCE parece que ha decidido entrar en el sector financiero de la Eurozona como un bálsamo para evitar tensiones. Eso asegura, al menos a corto y medio plazo, que el euro siga funcionando, pero hace falta mucho más. Por ejemplo, la agencia de calificación Moody’s considera, en su análisis de la última cumbre europea, que la decisión del BCE de suministrar liquidez a los bancos es muy positiva, pero por otro, no ve tan claro, en el caso que los acuerdos adoptados por los jefes de Estado y de Gobierno, que sean capaces de convencer a los mercados para que mantengan su confianza ilimitada en la deuda pública de los países de la zona. Christian Noyer, consejero del BCE y gobernador del Banco de Francia, ha sido quizás el más explícito a la hora de describir estos temores. En su opinión, se corre el peligro de que al final la liquidez adicional que va a recibir la banca acabe por ser destinada en gran parte a la compra de deuda pública, cuyas rentabilidades están disparadas en algunos casos. ¿Llegará el dinero también a los créditos para la economía real?
Ese es un problema real, que en opinión de este consejero se arreglaría en parte si fuera el propio BCE el que comprara deuda de los países de la zona de forma más contundente. Y es que el presidente de la entidad, Mario Draghi, ha impuesto al banco un máximo de 20.000 millones de euros de compras de deuda pública de países de la Eurozona por semana. Con ello, según Noyer, las tensiones por las emisiones de letras y bonos estatales no se van a relajar en el corto plazo, y la banca puede acabar llevando buena parte del dinero que consiga del BCE a unas subastas en las que los precios dan altas rentabilidades.
Miedo a retratarse.
Pero es que además hay un segundo peligro. Cualquier entidad financiera de la Eurozona con problemas serios de liquidez y con elevados vencimientos en los próximos meses, debería intentar asegurarse financiación al tipo del 1%, que es como la da ahora el BCE con sus subastas. Para algunos analistas, es posible que parte de los bancos que sufran este problema no acudan al Banco Central Europeo en busca de dinero para no retratarse, ya que como los créditos son públicos, el resto del sector y los mercados podrían ponerles en la picota por tener problemas. Otros expertos, sin embargo, aseguran que lo que ocurre en realidad es que muchos bancos sucumben a la tentación de aplazar su petición de dinero al BCE hasta la nueva subasta a 36 meses de finales del próximo febrero, ya que son muchos los que piensan que para esa fecha el Banco Central Europeo podría haber bajado el tipo oficial a la mitad de cómo está ahora, es decir, al 0,5%, y esa financiación es más atractiva para los vencimientos de 2012 y 2013.
De lo que no cabe duda es de que por mucho esfuerzo que haga el BCE dentro de sus atribuciones, muchos inversores y las agencias de calificación consideran que aún queda mucho por hacer para dar por zanjada la crisis del euro. “La creación de la moneda única fue una decisión política y su salvamento también debe serlo”, dice un analista que lleva meses siguiendo las cumbres europeas.


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