Jóvenes, chinos y sin paro
Algunos jóvenes chinos que viven en España baten marcas en nivel académico y profesional.
Clara Cheng (nombre ficticio), analista financiera en el área de banca corporativa del BBVA, tiene una carrera y dos posgrados. Tras acabar Filología Hispánica en Shanghai en 2008 vino a España e hizo Economía en la universidad de Comillas y un máster en la Carlos III. Empezó en Deloitte España y habla cuatro idiomas: chino, español, inglés e italiano. Su colega Li Zhou es responsable de estructuración financiera en una empresa de renovables. Vino también a España después de terminar sus estudios en Shanghai. Mientras trabajaba hizo un MBA de dos años sobre International Business en la Fundesem, un máster en banca corporativa por el Instituto de Estudios Bursátiles, un curso en la London School of Economics y otro en el Instituto de Empresa.
¿Increíble? No tanto. Basta un rápido paseo por Linkedin para que nos encontremos con decenas de currículos como los de Clara y Li. Este tipo de sobreactuación académica y profesional –varias carreras e idiomas, cambios de empresa, etcétera– parece ser lo normal entre los jóvenes chinos que viven (segunda generación) o han venido a estudiar en España, por lo que hay que empezar a revisar la imagen convencional del chinito del todo a cien que todavía domina nuestro imaginario.
Unos y otros, los de fuera y los de dentro, están rompiendo moldes. Los nacidos en España, unos 22.000, se buscan cada vez más su trayectoria al margen del negocio familiar. Buscan trabajo en empresas españolas, multinacionales o chinas en España y, si no los encuentran, se marchan a Europa o a EEUU, o montan sus empresas, eso sí, más sofisticadas que las de sus padres. Y a ellos, duchos en tecnología, finanzas o gestión, se les suman los que vienen de China, gente que no tiene nada que ver con la de hace 15 años: ahora la mayoría son estudiantes que vienen a pasar uno o dos años en universidades y escuelas de negocios. En 2005 eran 400 y ahora se calcula que son 6.000. Solo en la Universidad Complutense de Madrid hay más de 500.
Pese a la crisis, los que quieren quedarse encuentran oportunidades. Parece que hay sitio para ellos en las empresas españolas que quieren reforzar su negocio en China, como es el caso del BBVA, con presencia allí y que ha creado un equipo de profesionales chinos capaces de manejarse en español, inglés y mandarín. En general son muy apreciados profesionalmente ya que, según explica Carlos García Pont, del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), “además de poseer el conocimiento del país, han tenido las ganas y el valor de someterse a un proceso muy desafiante para ellos, el de estudiar fuera, en otra lengua y otra cultura, una actitud muy valorada en el mundo de la empresa”.
Muchos se han quedado a trabajar en consultoras, en despachos. No hay bufete grande que no tenga su abogado chino. En el de Roca Junyent hay una profesional que vive desde niña en España y se maneja en cuatro idiomas (chino, español, inglés y alemán). Entró en Roca Junyent tras pasar por Uría Menéndez. Iba para profesora de música (estudió en el Conservatorio de Las Palmas), pero rectificó e hizo Derecho en Comillas y un máster en Derecho en la Universitat Oberta de Catalunya. Otros se dedican a emprender. “En el campus de San Cugat tenemos un i-garaje –explica Ivana Casburi, directora del China Europa Club, de la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE)– del que están saliendo muchos proyectos, sobre todo para dar servicio a las empresas chinas en España”. Muchas grandes consultoras de negocios en China han sido fundadas por ellos o los tienen entre sus principales directivos, como es el caso de Interchina o Mediterrasian.
Nichos de mercado.
Algunos han decidido crear empresas para exportar productos de lujo a su país, fomentar el turismo de chinos a España o venderles chalets de alto nivel. Es el caso de Daisy Xiaochun, que vino a estudiar en la Complutense y fundó DragonInvest Real Estate, una consultora inmobiliaria para el público chino, de aquí o de China. Daisy despliega un currículo impresionante, una carrera de contabilidad y auditoría en China y luego una sucesión de estudios en España, que fue haciendo mientras trabajaba, como es común entre ellos: un curso intensivo de lengua española en Salamanca (2007 a 2008) y dos masters en la Universidad de Barcelona, uno en globalización y comercio internacional y otro en real estate. Pero antes de fundar Dragoninvest ya tenía una carrera impresionante. En España ejerció como gerente de una empresa de aguas y como responsable de Desarrollo de Mercado de una firma de arquitectura, además de haber sido consultora senior en una gran inmobiliaria americana y profesora de inglés y responsable de temas fiscales en uno de los distritos de la ciudad de Changchun, en China.
Daisy cambió mucho de trabajo, otra cosa habitual entre los chinos. No les gusta eternizarse en un empleo. Lu Chei, analista de riesgos en el BBVA desde 2010, y con una carrera y tres posgrados en España, trabajó antes en Caixa Galicia y antes aún en Caja Madrid. Xin Pu empezó como empleada de una oficina de Caja Laboral en Salamanca, después de estudiar Empresariales en la universidad local. Lo dejó, hizo un MBA en la Escuela de Administración de Empresas (EAE), y empezó como asesora comercial en el Popular. Ahora está en el ICBC, el primer banco chino que se instaló en España.
La creciente presencia de empresas chinas en España está abriendo el abanico para estos jóvenes, los que vienen a estudiar y los que han nacido aquí. “A estas empresas –apunta Martín Bohem, director de programas de IE Business School– les interesa tener ejecutivos que conozcan nuestra cultura y la suya, y que sepan español y chino”. Inéditas hace 10 años, cada vez hay más: Huawei (equipos de telecos y móviles), ZTE (equipos de telecos), Haier (electrodomésticos), Lenovo (ordenadores), Midea (aire acondicionado), Tsingtao (cerveza), JNBY (moda), Lifan (motos), Cosco (logística), ICBC (banca). Y esto es solo el principio. Aun cuando tratan de llenar su plantilla con gente local, las dificultades con el idioma chino les llevan a tener un alto porcentaje de gente de esa nacionalidad. En Huawei el 30% de la plantilla en España, unas 250 personas, es china.
El fuerte crecimiento de este colectivo de ejecutivos, técnicos, emprendedores y estudiantes está generando la aparición de clubes y organizaciones como la Federación de Estudiantes Chinos o el exclusivo China Club Spain, presidido por Margaret Chen, anterior directora corporativa de Telefónica. Un club, este, reservado a profesionales de origen chino con formación superior y manejo del chino y el español. Se trata de iniciativas que están recibiendo mucho apoyo oficial y del mundo corporativo. El China Club cuenta con las bendiciones de la Fundación Consejo España-China, presidido por Juan Lladó y con patronos como Antonio Garrigues Walker o Juan Rodríguez Inciarte (Santander). También las escuelas de negocios cuentan casi todas con su propio club, para el encuentro y networking de profesionales y empresas: uno de ellos es el citado ESADE China Europa Club, dirigido por Ivana Casaburi.
De hecho, gran parte de estas llegadas están siendo promovidas por escuelas de negocios y universidades, que han empezado a ir a China para alentarlos a venir. La Autónoma de Barcelona (muy famosa entre ellos por su Master UE-China, dirigido por Minkang Zhou) o la de Alcalá de Henares llegaron a abrir oficinas de representación en Shanghai. Y este año la Jaume I envió a China a su vicerrectora con un programa a la carta, especial para ellos, con 54 posgrados. En España, la Asociación Cultural Hispano-China Complutense les da un apoyo total: organiza cursos preuniversitarios, les ayuda a conseguir prácticas en empresas, les proporciona residencia y les acompaña a la Seguridad Social para hacerles la tarjeta sanitaria.
Los primeros.
Las escuelas de negocios los quieren. “Tenemos más estudiantes chinos que franceses o italianos en los cursos de MBA [en inglés], y podríamos tener más, ya que la cifra de solicitudes es muy alta”, explica Bohem. Esto es así porque, dicen, tienen buenos expedientes, estudian mucho y les mantienen los ratings de calidad. Keith Jiahui Huang, de Shanghai, hija de ingenieros y que estudia el MBA de IESE, explica que no hace otra cosa que estudiar: “Tengo 15 horas de clase a la semana, estudio en casa unas 16 y, además, voy a clases de español”. Pero la diáspora tiene otra explicación: la creciente dificultad de acceder a las universidades chinas, que no dan abasto a una clase media en auténtica explosión. Allí, si quieres entrar, tienes que superar el famoso gaokao, el examen más grande del mundo, al que se presentan más de diez millones de jóvenes y que superan siete. Por eso cada año hay más estudiantes chinos en el extranjero, casi 500.000 en la actualidad, cuando en 2008 eran solo 180.000.
Este creciente protagonismo de los chinos educados en España (que en California son la minoría más emprendedora y exitosa) no se agota con los estudiantes. Muchos de los que están trabajando en empresas españolas o chinas en España son de la segunda generación de inmigrantes, que crecerá exponencialmente en los próximos 10 años. Aunque estos tienen un problema: al contrario que los que vienen a estudiar, los nacidos en España en general no dominan el mandarín, lo que les imposibilita mantener funciones de interconexión con sus colegas en Shanghai o Pekín.
De todos modos, los chino-españoles que no encuentran fácil acomodo en empresas se implican cada vez más en proyectos empresariales, en una especie de migración comunitaria de los humildes todo a cien o chinos de barrio a las cadenas de moda (propias o en franquicia china) o los restaurantes Wok o asiáticos de mayor standing. “No les interesa seguir en el negocio de sus padres –apunta Margaret Chen–. Después de ir a la universidad, si no encuentran algo que les interese, acaban montando sus empresas”. Algunos han fundado periódicos, empresas tecnológicas y de Internet, de energías renovables o exportación de productos exclusivos, entre muchas otras cosas. La moda les interesa. Estos chinos de segunda generación, o más jóvenes, han empezado a fundar cadenas de moda enfocadas a competir con H&M o Primark como Mulaya (21 tiendas en Madrid, Barcelona y Valencia), de Lisa Pou, o Madelisa (11 tiendas en Madrid). En Valencia, varios jóvenes han abierto varios restaurantes Wok, con más de mil metros cuadrados y un cuidado diseño de interiores, lejos del clásico chino de toda la vida. Una de las iniciativas más exitosas llevadas a cabo por jóvenes de segunda generación ha sido la creación de You Mobile, un operador móvil virtual para la comunidad china, fundado en 2008 y con más de 100.000 clientes. Financiado por inversores chinos, el proyecto fue promovido y está gestionado por jóvenes ya nacidos en España como Zheng Leyi o Zhao Jianmin.
Varias generaciones.
Pero el joven de segunda generación (ahora ya no tan joven) más exitoso es el catalán Didac Lee. En lugar de terminar su carrera de ingeniero de computación en la Politécnica de Barcelona, o de quedarse en el negocio familiar, uno de los grandes restaurantes chinos de Cataluña, Didac se lanzó, con 21 años, al mundo de Internet. Su compañía, Inspirit, “integra nueve firmas de base tecnológica que operan en marketing on line, seguridad informática o E-commerce, con 400 trabajadores, el 80% ingenieros, y oficinas en Barcelona, Madrid, Buenos Aires, México, Francia, Italia, China y Silicon Valley”. Un asunto tan prometedor que la propia familia Carulla ha decidido participar.
Didac, que ha recibido innúmeros premios –Mejor emprendedor tecnológico por Cambridge– ha fundado también, explica un portavoz, “Tradeinn, una red de tiendas on line de material deportivo, con 300.000 clientes”. Y no acaba todo aquí. El hijo de los restauradores chinos también es ahora mismo consejero de Sage y directivo del Barça, donde se encarga del área tecnológica, con tan buenos resultados que el club tiene 40 millones de usuarios en Facebook y 120 millones de visitas en la web. Y, como sus hermanos, Lee ha tenido tiempo, además, para seguir estudiando y hacer un Entrepreneur Program en Cambridge y un PDG, un programa de perfeccionamiento directivo de dos cursos, en el IESE.


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