Verano, campañas y otras mentiras
ZAPATERO y Rajoy, Montilla y Mas, pero también los gobiernos europeos, desde el español al alemán. Todos están de campaña, electoral o de imagen. Y en medio, mentiras, muchas mentiras.
23/07/10
EL PRESIDENTE Zapatero estaba bastante satisfecho con la sentencia del Estatuto catalán. José Montilla protestó y colaboró en sacar a la gente a la calle. El presidente de la Generalitat, líder de los socialistas catalanes, está a punto de perder las elecciones. A la desesperada, busca golpes de efecto. Los convergentes de Artur Mas pueden propinarle una derrota histórica. Zapatero, con más o menos entusiasmo, ha tenido que salir a capear el temporal: “Me cueste lo que me cueste, el Estatut no será un recuerdo negativo”, dijo días antes de las vacaciones en el foro de Tribuna de Barcelona. Cataluña también es muy importante para el líder del PSOE y hay que salvar votos. En las elecciones autonómicas y en las generales.
La campaña empezó hace tiempo. Mejor dicho, hay casi una campaña permanente. Participan todos y todos intentan aprovechar todo. Mariano Rajoy el primero. La sentencia del Tribunal Constitucional le ha complicado la vida al Gobierno y el líder del PP hurga en la herida: “Si un Gobierno pone en tela de juicio las sentencias, es la selva”. Mientras, Montilla, cada día más nervioso, llama “casposos” a los magistrados del Tribunal Constitucional. Tuvo la oportunidad de adelantar las elecciones en Cataluña, pero prefirió esperar. Confiaba en una recuperación, que siempre es posible, pero poco probable. El propio Zapatero, José Blanco y también Rubalcaba le recomendaron que convocara cuanto antes. Ahora, Cataluña votará entrado el otoño, con la resaca de la sentencia del Constitucional sobre la mesa y también con más parados. La vuelta de las vacaciones será mala para el empleo. No es ningún secreto. Lo tienen claro desde Elena Salgado hasta el presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, y los sindicalistas Méndez y Toxo. Quizá el único que no lo sabía era Montilla.
Los banqueros y algunos gobiernos, como el español, han respirado con las famosas pruebas de resistencia de la banca o stress test. Fue una apuesta de riesgo en el caso español, que, por ahora, ha salido bien. Todo se reduce a otra campaña, también de imagen, pero esas eran las reglas del juego. Incluso Alemania ha tenido que tragarse el orgullo, porque no quería que se conocieran los pufos de sus bancos. Todo empezó cuando los gobiernos europeos, en plena crisis, decidieron examinar a los bancos. Siempre ha habido una policía bancaria -los reguladores y los supervisores-, pero hace años que los banqueros aprendieron a burlarse de ella. En España lo hicieron menos, porque, chauvinismos aparte, la policía bancaria española era una de las mejores y más exigentes del mundo. Todo venía de la época de Mariano Rubio como gobernador del Banco de España. A pesar de todo, la policía bancaria española también ha tenido años de relajo, sobre todo en el terreno de las cajas de ahorros. Jaime Caruana primero y Miguel Ángel Fernández Ordóñez nunca tuvieron el talante, exigente, por decirlo de alguna manera, de Mariano Rubio . Por eso, los banqueros y los responsables de las cajas, los torearon con cierta facilidad.
Los exámenes a bancos y cajas se llaman stress test o pruebas de resistencia. Consistían en determinar qué les ocurriría a bancos y cajas si las cosas venían mal dadas. La prueba de resistencia también podría hacerse a una familia y quizá sería más comprensible. Se trataría de precisar cuánto y cómo podría subsistir una familia si, por ejemplo, uno o varios miembros se quedan en paro, si sus propiedades pierden valor, si sus deudores no les pagan y si ellos mismos no pueden devolver sus créditos. Ese ejercicio, aplicado a bancos y cajas, son los stress test, publicados a finales de julio.
Las pruebas de resistencia han concluido que las entidades financieras europeas están sanas salvo, en principio, siete, y de ellas, cinco españolas, cajas de ahorros. En realidad son más, pero al haberse agrupado, quedan en cinco. En teoría, España era el país peor parado, con cinco ovejas negras, aunque también destacaba la fortaleza de sus dos gigantes, Santander (Botín) y BBVA (González). Sin embargo, España había examinado al 95% de su sector y con pruebas muy duras. Otros países, Alemania entre ellos, auscultaron menos entidades y con menos rigor. Pronto se descubrió el pastel y los orgullosos germanos, con todos los analistas anglosajones en contra, tuvieron que entonar el mea culpa. No le gustó a Angela Merkel, pero era inevitable. De repente, la debilidad española de reconocer los problemas se convirtió en fortaleza, porque otros -en teoría más respetables- habían callado en unos casos y mentido en otros. Los mercados, que fueron duros con España, también pidieron cuentas en otros lugares. Aunque sólo fuera por unos días, Zapatero y Elena Salgado respiraron. Además, el Gobierno siguió con la campaña de relaciones públicas, sobre todo en Estados Unidos, que Josef Ackerman, presidente del Deutsche Bank, le recomendó que encargara al inquilino de La Moncloa.
El banquero alemán debía de saber de qué hablaba. Incluso se resistió todo lo que pudo a reconocer cómo le afectaba la deuda griega, algo insignificante para las entidades españolas. La banca europea -y sobre todo la española- ha salvado los muebles, por ahora. Sin embargo, el horizonte no está despejado. En España, como prevé un gran banquero, la morosidad todavía crecerá otro año más. Bancos y muchas cajas de ahorros tendrán pérdidas a partir del otoño. La única solución es que la economía vuelva a crecer. Tampoco está claro. Eso sí, ya es obvio que la política y la banca, incluso en verano, están en campaña permanente. Y en toda campaña siempre se cuela alguna mentira, en las electorales y en las bancarias. Revel lo anunció: “La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”.