Cabaret ibérico
A pesar de sus percances, el Plata vuelve como el único café cantante de europa que sobrevive desde los años 20.
21/11/2008
El Plata es un cabaret surrealista donde se mezcla la jota aragonesa con el refi nado striptease de una modelo que baila la danza del vientre al ritmo de música techno. A pesar de su vida azarosa llena de percances, reaparece como el único café cantante de Europa que sobrevive como tal desde los años 20. Clausurado por el Gobierno de Primo de Rivera por supuesta inmoralidad, a pesar de múltiples problemas y de la constante provocación que supuso para la dictadura, permaneció abierto durante toda la etapa franquista y sólo se cerró por segunda vez en 1992 por necesidad de reformas que, en vez de los tres meses previstos, se han prolongado durante casi 16 años por imprevisiones diversas, hasta que se reinauguró hace unos meses, al mismo tiempo que la Expo. En la estrecha calle Cuatro de Agosto de la capital aragonesa, El Plata tiene una entrada diminuta que pasaría inadvertida si no fuera por las colas que se forman a la entrada de cada sesión: café de sobremesa, tapas de merienda, cena de noche y copas de madrugada. No se paga entrada y las copas, los cafés, los carajillos y hasta los bocatas de pan ecológico tiene precios muy razonables. Las mesas están llenas de mujeres, congresistas, ejecutivos, turistas, estudiantes, parejas e incluso solitarios. Fui a ver la función de las cuatro de la tarde porque según mi anfi trión, Luis Alegre (hijo predilecto de la ciudad, profesor de la universidad de Zaragoza, escritor, periodista, presentador de TV, director de cine, agitador cultural y, sobre todo, gran amigo) es la más inaudita por la superposición de actuaciones y la animación del público que va de los 20 a los 80 años, o quizá aún menores, ya que se puede dejar a los niños en la guardería Baby Plata. Se mantiene buena parte de la decoración de los años veinte, plafones, cristaleras, molduras de escayola, imitaciones de mármol, iluminación, paredes enmarcadas con espejuelos plateados y el escenario con un mural tropical muy cabaretero. El sorprendente ingenio del espectáculo se debe a la dirección artística de Bigas Luna , que se ha esmerado en elegir un selecto casting y una exquisita variedad de números de lo que el propio cineasta ha rebautizado como “cabaret ibérico”, que es una versión satírica del clásico berlinés. El público agradece que ni siquiera los números más sensuales y eróticos caigan en la sordidez de los viejos artistas de varietés. Todo es imaginativo e insinuante, más limpio y menos calenturiento que cualquier programa de telebasura. Lo más asombroso es que nada resulte anacrónico y que se haya logrado revitalizar una mezcla de géneros en vías de extinción, tan mágicos y multiculturales como los viejos espectáculos circenses, donde participan intérpretes de todas las nacionalidades. Coincidiendo con mi hallazgo se celebra en el Lincoln Center de Nueva York la IX convención del cabaret, un espectáculo donde los cazatalentos buscan estrellas para los espectáculos de los clubes nocturnos. Si se dan una vuelta por El Plata lo dejan desabastecido.