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Jesús Rivasés|Carta del director
La ‘Semana Grande’ de Zapatero

El presidente del Gobierno consiguió un éxito político con su presencia en Washington. Otro triunfo fue la detención de ‘Txeroki’. Nada de eso, sin embargo, sirve para aliviar la crisis.


21/11/2008
José Luis Rodríguez Zapatero estaba convencido desde hace meses de la victoria de Barack Obama. Esperaba también que con el triunfo del demócrata la crisis, en forma de tormenta económica perfecta, empezaría a encontrar una salida. El presidente español ha cosechado en los últimos días al menos dos grandes éxitos. Sin embargo, incluso a pesar del G-20+2, todo apunta que la recesión será larga, profunda y dolorosa, sobre todo en paro. Zapatero ha demostrado sus habilidades políticas. Felipe González y sus equipos despreciaron a aquel aspirante, José María Aznar , y se equivocaron. Ganó dos elecciones y una por mayoría absoluta. Sólo su arrogancia llevó al PP de Rajoy a la catástrofe. Aznar y Rajoy ningunearon a Zapatero en su carrera hacia La Moncloa. La mayoría de los populares tampoco admitieron las capacidades del líder socialista cuando era presidente. Ahora, el presidente del Gobierno ha vuelto a ganarle por la mano a una oposición cada vez más desorientada. Eso tampoco soluciona la situación económica, pero vuelve a descolocar a los populares. El éxito de Zapatero ha sido su participación, aunque por la puerta de atrás, en la cumbre del G-20 en Washington, foto con George W. Bush en la Casa Blanca incluida. Es cierto que Zapatero le debe un favor a Sarkozy, que se lo cobrará, pero también que el presidente español se ha salido con la suya. Sobre todo, con habilidad, ha aprovechado el impacto de la imagen, aireado y amplifi cado por sus equipos y sus partidarios. Faltaban mucha cosas, es cierto, la bandera de España y también el derecho a una silla propia. La historia, sin embargo, recordará que Zapatero estuvo en representación de España en la cumbre que empezó a trabajar para establecer el futuro orden económico mundial. Y eso, en España y en todos los países, tiene su valor en votos y en apoyos. La reunión de Washington no alumbró, a pesar de la propaganda gubernamental, grandes soluciones para la crisis. No hay medidas urgentes ni efectivas y, por ahora, no afectará a la vida de los ciudadanos. El éxito de Zapatero , sin embargo, es mucho más real, por ahora, tan real como el cabreo de la oposición de Rajoy , que volvió a minusvalorar a su adversario. LA DETENCIÓN del asesino etarra Garikoitz Azpiazu , alias Txeroki, en donde Indurain ganó una etapa del Tour hace años, es otro éxito. Un éxito de las fuerzas y cuerpos de seguridad, de la inteligencia española –el CNI de Alberto Saiz – y también del Gobierno y sobre todo de los españoles. La acción policial, culminada en la localidad franco pirenaica de Cauterets, remató la que podría ser una especie de Semana Grande de Zapatero. Txeroki fue uno de los artífi ces de la ruptura de la tregua y el responsable directo del atentado de la T-4 en el aeropuerto de Barajas, que colocó al borde del ridículo al presidente que el día anterior había pronosticado que todo –en el asunto terrorista– iría mejor. Ahora tanto Zapatero como su ministro Pérez Rubalcaba pueden sacar pecho porque, gracias a la presión policial –y a los servicios de inteligencia– es evidente que los etarras nunca han estado más acorralados y con menos capacidad de acción. El fin de ETA, por lo tanto, está más cerca. Eso no impide, claro, como recuerda el propio Rubalcaba con machaconería, que los terroristas no puedan actuar y volver a asesinar. Lo tienen más difícil, pero no imposible. Además, los expertos en la lucha antiterrorista anuncian que ETA siempre se repite y que una de las constantes en la historia de la banda es perpetrar el mayor atentado posible después de que uno de sus jefes haya sido detenido. Es la fórmula para demostrar que todavía son operativos. Los sucesores de Txeroki, por otra parte, empiezan a mandar en la línea dura de ETA con la obsesión de que pueden estar vigilados desde el principio y eso les complica mucho la existencia y limita su capacidad de movimientos y, por lo tanto, de come- ter atentados. Se sienten vigilados, están nerviosos y cometerán errores.

MIENTRAS ZAPATERO disfruta sus éxitos políticos, algo que no debe olvidar el PP de Rajoy , la crisis se complica. Los bancos españoles también sufren con severidad el castigo de los mercados. La ampliación de capital del Santander no acaba de convencer. Emilio Botín intenta ir un paso por delante. El Santander tiene presión, pero más quienes no han ampliado capital. Francisco González en el BBVA ha buscado otra fórmula, la titulización de hipotecas buenas. El problema es otro. Todo el sistema fi nanciero español ha prestado 750.000 millones de euros más del dinero que había captado. Para prestarlo primero tuvo que pedirlo, sobre todo en Europa. En los próximos años debe devolver esa enorme cantidad y, claro, empieza a hacer hucha, es decir, se guarda el dinero. La actividad se estanca y el paro se desboca. Zapatero , satisfecho y sobrado, piensa en el gasto público, pero incluso Solbes, señalado como el tercer peor ministro de Economía de Europa por el Financial Times, ha advertido al presidente que el défi cit no es la solución.
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