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Jesús Maraña, Director|Editorial
No más pronósticos

Zapatero basó su política exterior en una Europa con Constitución y unos Estados Unidos sin Bush, de modo que le ha tocado improvisar gestos.


Si uno hace caso a los gurús electorales del PSOE y del PP, el momento de mayor apoyo popular a los socialistas en los últimos quince años se produjo en 2003, cuando Bush invadió Iraq y Aznar aplaudía fumándose un puro ante las manifestaciones contra la guerra. Lo cual explica que Zapatero, siempre atento a los consejos basados en la demoscopia, decidiera adelantarse a su propio calendario para cumplir la promesa de retirar las tropas españolas de los “campos hortofrutícolas” iraquíes. Aquel gesto valiente y dominguero, con la eficacísima visualización de un José Bono en segundo plano tras la autoridad de su inesperado jefe de filas, inauguró una política exterior zapaterista cuyos mimbres consistían en el multilateralismo, la legalidad internacional, la contribución a la ONU, la apuesta por una Europa constitucional y la reconciliación con Marruecos. Pero a veces la realidad convierte en añicos cualquier previsión. Ese esquema de política exterior, marcado por el empeño de llevar la contraria a los despropósitos de Aznar, apostaba por una Europa regida por el nuevo Tratado Constitucional y por unos Estados Unidos sin Bush. A día de hoy, Europa no tiene Constitución y Bush sigue en la Casa Blanca. Mal asunto. También intuía Zapatero que los socialdemócratas se mantendrían en Alemania, y ahora no tiene más remedio que rendir pleitesía a Angela Merkel. De los tropiezos conviene aprender, y es previsible que Zapatero no pronostique seguras victorias de la izquierda en las próximas elecciones francesas o inglesas. En realidad, los mayores errores del Gobierno socialista en política exterior tienen más que ver con las formas que con el fondo. Pero ya sabemos que en diplomacia a menudo las formas son el fondo.

Lo cierto es que la Alianza de Civilizaciones, una de las iniciativas de Zapatero más despreciadas por la oposición, puede terminar identificando su nombre con un método complejo y razonable de abordar el problema internacional que más preocupa a los ciudadanos. Buena prueba de ello es el hecho de que Estados Unidos se ha subido al carro y aporta ideas para llenar el proyecto de contenido. Por lo demás, los marroquíes son “más hermanos”, pero en el Sáhara no se avanza.Y en cuanto a Europa, no se fían de que Madrid no esté utilizando el drama de la inmigración para recuperar lo perdido en fondos estructurales. A la vista de los retos inmediatos en política interior, da la impresión de que la asignatura internacional del Gobierno Zapatero quedará pendiente para una segunda legislatura, con la convicción de que esta parcela mueve pocos votos o ninguno.


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