Un poblado chabolista de Lima subsiste gracias a los ingresos obtenidos por la exitosa comercialización de una curiosa herramienta de educación sexual.
10/07/09Manchay no es un lugar conocido ni aparece en las guías de viaje. Se trata de un asentamiento bastante pobre situado en las afueras de Lima, la capital de Perú. Salió tímidamente del anonimato cuando rodaron en sus calles la película
La teta asustada , pero poco más se sabe de este poblado en el que las viviendas todavía no disponen de agua corriente. Sin embargo, las mujeres que viven en Manchay, que en lengua quechua significa miedo, tienen una historia que merece ser contada aunque sólo sea porque con su modesto trabajo
están contribuyendo a mejorar la educación sexual de las féminas andinas . Todo comenzó en 2005, cuando apareció por allí K’anchay Killa, una asociación de tintes feministas que pretende dar poder a las mujeres o
empoderarlas , tal y como les gusta afirmar. “Reclutamos a las interesadas en formarse y montamos talleres financiados inicialmente con microcréditos de 10.000 soles, unos 2.500 euros. Actualmente existen dos talleres, que son propiedad de las mujeres y de sus familias”, comenta
Elizabeth Cabrel , una de las tres socias de K’anchay Killa. Con el dinero prestado las chicas adquirieron máquinas de coser, telas, realizaron el papeleo y así empezaron a fabricar guantes, bufandas, joyas de plata, acuarelas… Lo curioso es que el artículo estrella que da de comer a estas mujeres es… una vulva.
La llamada
vulva títere es una especie de marioneta (de ahí el nombre de títere) que reproduce perfectamente la anatomía femenina. La realizan en distintos colores y telas (sedas, terciopelos…) y su función es la de enseñar cómo es el aparato genital femenino. La historia de la vulva parte de la educadora sexual norteamericana
Dorrie Lane , quien la diseñó para utilizarla en su consulta ginecológica y en cursos de sexología. “Cuando empezó a utilizarla supo que había conseguido eliminar tabúes, romper el hielo y comunicar de forma eficaz sobre sexualidad”, comenta
Cabrel . La aceptación de la vulva fue tal que sus colegas de profesión empezaron a solicitarle modelos y Lane confeccionó manualmente... ¡más de 5.000! Lane acabó encontrándose con las chicas de K’anchay Killa, quienes la invitaron a formar parte de su proyecto: así consiguieron el permiso para confeccionar y comercializar como franquicia única esta particular vulva de vivos colores cuyo diseño ha tenido tanto éxito que incluso se reproduce en anillos y pendientes. En los talleres trabajan seis mujeres y el marido de una de ellas, Dionisio, “un discapacitado que es sastre y un genio cosiendo”, afirma
Cabrel. Dora , de 41 años, es una de las artesanas. Proveniente de la ciudad de Chiclayo, se fue de su tierra huyendo de las guerras internas cuando un grupo terrorista asesinó a uno de los varones de su familia que se resistió a marcharse con ellos. Casada y con dos hijos, su economía familiar ha salido a flote gracias a los artículos que realiza y vende a través de la asociación. Actualmente estas mujeres disponen de la situación económica más boyante del asentamiento, tanto es así que ya no sólo confeccionan para la asociación, sino que las máquinas de coser sirven también para los uniformes del colegio de los niños. Desde el inicio, K’anchay Killa se financia con las ventas de la vulva y desde finales de 2007 han diversificado la producción hacia otros artículos, como la joyería de plata. “Las mujeres reciben un pago justo por su trabajo, hablamos de comercio justo, y con él mantienen a sus familias y sus talleres, reinvierten parte de las ganancias en las producciones, realizan otros artículos, etcétera”, comenta
Cabrel , quien también fabricaba juguetes de tela y tejía pulseras de hilo para ganarse la vida cuando era niña.
Pero no sólo han crecido sus recursos económicos, también el conocimiento sobre sus cuerpos. “La demanda de vulvas supone un sustento regular para nuestras familias, pero, además, el producto permite mejorar el conocimiento sobre nosotras mismas. La asociación proporciona información sobre educación sexual siempre desde el punto de vista de las mujeres”, explica
Cabrel. Dora Cruz lo confirma: “Lo que me pareció más importante de la clase de sexualidad fueron las nociones de ginecología. No sabía lo importante que es ir regularmente al ginecólogo”, afirma Cruz. “Cuando vi la
Wondrous Vulva Puppet por primera vez me causó mucha risa, pues reconocí lo que era. Pensé que no podría coserla, se veía muy complicada, pero ahora sé cómo hacerlo y me siento muy feliz. Además, me ha ayudado a conocer mi cuerpo, antes nunca había mirado mi propia vulva”, finaliza.
Para más información :
www.vulvamemories.com ,
www.kanchaykilla.com y
www.ojoloco.es