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Garmendia, una ministra en pérdidas







Pese a lo espectacular de sus inicios y desarrollo, Genetrix, el proyecto empresarial estrella de la ministra de Ciencia, sigue sin facturar ni ganar dinero y tiene cada vez más deudas.
Fernando Barciela
29/05/09
Cristina Garmendia, la actual ministra de Ciencia e Innovación, ya era todo un personaje antes de acceder al Gobierno. Lo ambicioso y original de su proyecto empresarial Genetrix le ha valido un puesto de honor y de fama. Cuando a cualquier biotecnólogo español se le pide que cite el nombre de un empresario destacado en el sector, el primer nombre que se le ocurre es el de Garmendia.
En el 2000, cuando decidió fundar Genetrix, que funciona como la matriz de las nueve empresas del grupo y una incubadora de proyectos empresariales, la biotecnología en España estaba en pañales: un puñado de empresas, salidas de universidades, sin demasiadas expectativas, ni capital ni equipos gestores capaces de hacerles levantar el vuelo, aun cuando en muchos casos tuvieran entre manos patentes interesantes. Garmendia tiró la piedra en el estanque y revolvió el sector. Se atrajo a algunos de los mejores investigadores (del CSIC), con proyectos ya muy avanzados, logró más capital que nadie y los mejores gestores científicos. Se puso a inaugurar empresas, una detrás de otra, y logró incluso que una de ellas, Cellerix, tenga ya una medicina, el Ontaril, en la fase clínica III, cerca de convertirse en producto comercial. Este brillante palmarés de realizaciones, sin embargo, no significa que el emporio biotecnológico creado por la ministra tenga su futuro despejado.
Nueve años después de su fundación como grupo, las cifras no son lo animadoras que se esperaba. Tanto en las empresas de investigación que tardan muchos años en obtener ventas y resultados –el caso de Cellerix, Coretherapix y Biotherapix-, como en las de servicios, creadas justo para generar ingresos.

Pocas ventas
A pesar de que en una entrevista publicada en el año 2007, antes de su entrada en el Gobierno, Garmendia afirmara que las empresas del grupo Genetrix habían facturado 3,4 millones de euros en 2006 y preveía una facturación de 4,7 millones en 2007, la realidad está muy lejos de todo ello.
En el año 2006 las empresas del grupo entonces activas (algunas como Fénix Biotech y X Pool fueron fundadas después) facturaron apenas, según las cifras enviadas al Registro Mercantil, 610.000 euros. Y al año siguiente, 695.000. Una cifra insignificante si atendemos a que, como apunta Eduardo González, actual presidente de Genetrix, “el grupo cuenta actualmente con una plantilla de 125 personas”. Las tres empresas de investigación, que en 2006 lograron ingresos por valor de 35.000 euros, al año siguiente no obtuvieron ni un solo euro de ingresos.
Lo peor es lo ocurrido con las cuatro empresas de servicios -Alma BioInformatics, Sensia, Biobide e Imbiosis– que, según Eduardo González, “fueron creadas para generar caja, ya que ofrecen productos y servicios a las empresas, mientras que las de investigación, suje- tas a procesos mucho más largos, tardan varios años en obtener ingresos, vía comercialización o licenciamiento”. En 2006, las cuatro empresas de servicios obtuvieron ventas por valor de 576.000 euros. En 2007, por 695.000 euros. Como resultado, las pérdidas del grupo pasaron de 2,8 millones de euros en 2006 a 8,9 millones al año siguiente.
Las pérdidas, más elevadas en las empresas de investigación (por razones obvias), subieron también en las cuatro de servicios. Pasaron de 574.000 a 590.000 euros. Mientras en 2006 apenas una perdió dinero, en 2007 eran dos las que estaban en números rojos. Más que un apoyo para el grupo, se han revelado un lastre. Pese a que cada empresa del grupo tiene sus propios accionistas y los resultados de una no afectan a las demás, el escaso éxito de estas empresas de servicios suscita dudas en el sector del capital riesgo y entre los inversores. Los directivos de algunos de estos fondos, especializados en biotecnología, comentan a Tiempo su escasa predisposición a invertir en Genetrix.

Sistemas novedosos
Y eso que todo indicaba que las empresas de servicios o tecnologías (como les llaman en Genetrix) iban a ser un éxito. Tenían entre manos productos vencedores. Imbiosis, como explica González, un licenciado en Empresariales y MBA por el Instituto de Empresa que ocupó cargos financieros en Philips International, “vende un sistema de detección de gluten, un componente contraindicado para personas celiacas, a empresas de alimentación y distribución”.
Biobide tiene también, en teoría, muchas posibilidades. Su plataforma basada en el modelo del pez zebra, para su venta a farmacéuticas, permite medir el impacto de la toxicidad de una medicina sobre el corazón. Igual que los tenía AlmaBioinformatics, fundada en 2000, con una herramienta de búsqueda de documentos biotecnológicos, que facturó 80.000 euros en 2006 y 39.000 al año siguiente. Estas dificultades no han dejado de llamar la atención en el sector.
A fin de cuentas, otras sí están logrando obtener mejores resultados con sus negocios de servicios. Advancell, fundada en 2001, factura entre 1,5 y 2 millones de euros; Digna Biotech, fundada en 2003, alrededor de un millón, y Oryzon Genomics, fundada en 2000, cerca de cuatro millones. Pese a todo, González se muestra optimista: “Prevemos facturar este año unos 600.000 euros en Biobide, aumentar los ingresos en las demás y alcanzar el punto de equilibrio en parte de ellas en uno o dos años”.

Modelos similares
Dado que el modelo mixto de Genetrix, similar al de Zeltia (que ha ayudado a sus investigaciones en Pharma Mar con su negocio de ambientadores, insecticidas y regeneradores de la madera), no está funcionando, todo el esfuerzo financiero de impulsar las costosas investigaciones en Cellerix (terapias celulares) o Biotherapix (productos para la regeneración cardiaca) queda en manos de los inversores y de unas condiciones de financiación cada vez más urgentes y caras. Teóricamente, Cellerix no debería presentar problemas ya que, según se reconoce en el sector, incluso entre los rivales, es una empresa que tiene el éxito al alcance de la mano.
Su producto más avanzado, el Ontaril, es un medicamento huérfano (es decir, no hay otro para el mismo tratamiento) para tratar fístulas, y que está en la fase III de ensayos clínicos, cerca ya de su comercialización. Uno de los aciertos de Genetrix con Cellerix ha sido elegir un nicho de mercado muy concreto, con un desarrollo relativamente rápido, lo que permitiría, si no ocurre nada, tenerlo en el mercado sobre 2010 o 2011. La parte negativa es que su relevancia es pequeña. No hay muchas menciones al Ontaril.
Pese a que Cellerix ha logrado dar entrada, a través de sucesivas rondas de financiación, a fondos de capital ligados a Roche y a Novartis, e incluso ha firmado un acuerdo con Axcan para Norteamérica por 40 millones de dólares (que irá liberando según la medicina vaya avanzando), la empresa empieza a tener problemas, afirman en el sector, para lograr nueva financiación. Las investigaciones y ensayos clínicos en fases avanzadas como la III son carísimos y, pese a que la empresa recibió 27,2 millones de euros en agosto de 2007, a finales de 2008 volvía al mercado con una petición de más de 25 millones. Esto después de verse obligada a abandonar la salida a bolsa de Cellerix por el estado de los mercados.

Mercado pequeño
Las posibles dificultades para obtener ese dinero (la ronda va ya por los cinco meses y no se ha cerrado) tienen mucho que ver con la pequeña dimensión del mercado del Ontaril (unos 70 millones de euros al año) y también con la valoración que hacen los propietarios de la empresa. Para dar entrada a nuevos socios sin reducir el valor de los accionistas actuales, tienen que elevar el precio de la compañía. Su atractivo baja entonces entre los posibles inversores. González desestima esos argumentos y explica la razón del retraso en la ronda de financiación: “Estamos valorando las distintas alternativas, ya que no sólo buscamos dinero sino inversores que aporten valor y experiencia”.
Aun así reconoce haber detectado “cierta presión a la baja en los precios de las empresas”. Hay gente en el sector que achaca también las actuales dificultades de financiación de Cellerix a la ausencia de Cristina Garmendia, que ha tenido que abandonar la presidencia del grupo para ocupar su cargo ministerial. Aun cuando Cellerix tiene hoy en la cúpula ejecutiva a profesionales de larga trayectoria y en su consejo a expertos extranjeros, muchos de ellos incluso representantes de multinacionales farmacéuticas, “difícilmente van a hacer el trabajo que hacía la ministra”, explica un empresario del sector, quien añade que ella “no sólo fue el alma máter del proyecto; también tenía la agenda, los contactos, la habilidad y la voluntad para convencer a los más escépticos”. A muchos todo esto no les extraña.
Los problemas de financiación son, al fin y al cabo, el talón de Aquiles de la biotecnología en España. En este punto, y hasta la fecha, Genetrix ha sido incluso más afortunada que las demás. Ha recibido mucho más capital. Aparte de que hay poco dinero en España disponible para estos menesteres, los fondos prefieren arriesgar su dinero en países más punteros como EEUU, Reino Unido o Suiza. La dimensión de las empresas españolas, y su debilidad financiera, tampoco alienta la participación. En España, aparte de Zeltia, ninguna otra biotecnológica está en bolsa. Las tres o cuatro más grandes facturan en torno al millón o dos millones de euros. En EEUU hay biotecnológicas como Amgen, que vale, por ejemplo, 50.000 millones de dólares (80.000 millones a principios de 2007). Y varias por encima de los 20.000 millones. Ahora hay quien duda de si ha sido buena idea que Cristina Garmendia haya abierto tantos frentes de investigación –cuatro empresas– al mismo tiempo. Se considera una gran dispersión de esfuerzos. Y una vez que sus moléculas empiecen a avanzar en la cadena de desarrollo, las necesidades de fondos serán casi imposibles de cubrir.
El riesgo es, pues, muy alto. Los tensiones financieras de Genetrix se acrecentarán con Biobide, para la que han planteado una ronda de financiación de cinco millones de euros, y con Coretherapix, fundada en 2006, un proyecto mucho más ambicioso basado también sobre las células madre. “Será la segunda Cellerix –afirma González–, pero mucho más grande. Actuará en un mercado mucho más amplio, con 11 millones de personas al año, en el campo de la regeneración de los tejidos cardíacos deteriorados tras un ataque al corazón”. Coretherapix, que está en sus etapas iniciales y ha consumido de momento sólo cuatro millones de euros, va a necesitar sumas ingentes de dinero, al menos hasta que alcance la fase II o III y Genetrix la licencie o venda a una gran farmacéutica. La proximidad del Ontaril al mercado, que ha llevado a Genetrix a proyectar la construcción de una planta para producir el medicamento en España (con unos 80 trabajadores), y las buenas perspectivas de las moléculas de Coretherapix, no significa que tengan su éxito asegurado. “Existe el riesgo de que según avanzas, y tienes resultados fantásticos, puede ocurrir que la medicina tenga un efecto adverso o aparezca otra que consiga el mismo resultado”, asegura González. El grado de incertidumbre es muy elevado. Cellerix, como reconoce González, “no es la única que trabaja en el nicho de las fístulas. En todo el mundo hay otras empresas investigando de cara a la misma enfermedad, si bien con enfoques distintos”. Para el actual presidente es, pues, perfectamente posible que “alguien se adelante o presente algo mejor”.
Pero esas posibilidades, que están ahí, no le atemorizan. “Ahora mismo no hay ninguna medicina para regenerar tejidos cardiacos. Estamos cómodos”, dice. Pero estarían más cómodos si Garmendia siguiera ahí. Son muchos en el sector los que se sorprenden de que la actual ministra de Ciencia e Innovación haya abandonado un proyecto en el que había puesto sus ilusiones. Y todo ello para ocupar un cargo ministerial en el que no ha destacado precisamente por su presencia pública.
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