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La vida
Tanto vales, tanto cobras







Los lunes tienen su momento de oro. Bailan, se exhiben y salen en pantalla. El dinero es importante pero lo es más estar en el candelero, en boca de todos. Que hablen de uno.
Marisa Perales
03/10/2008
La diseñadora Vicky Martín Berrocal cobra 15.000 euros a la semana; el torero José Ortega Cano, entre 35.000 y 40.000; la actriz Ana Obregón está en 30.000; la televisiva Terelu, en 18.000; Jorge Cadaval, del grupo Los Morancos, en 15.000. En esta séptima edición de Mira quién baila la productora ha echado el resto. La anterior terminó coja de audiencia. Había que fi char personajes con fuerza, que dieran que hablar. Lo han conseguido. El equipo del concurso coincide en decir que el casting es espectacular. Pero los dimes y diretes de este programa se han centrado en el presupuesto desembolsado por TVE más que en las aptitudes o no de sus bailarines. El dinero despierta morbo y más si viene de una empresa como RTVE que atraviesa un expediente de regulación de empleo (ERE) que afecta a 4.150 trabajadores. Las cifras no dejan indiferente. “Se han gastado el oro y el moro, han tirado la casa por la ventana. ¿Para qué? Un 22,9% de índice de audiencia la primera semana y dos puntos menos la segunda no lo justifi ca”, explica un sindicalista. Las anécdotas de cómo se coció este espacio se cuentan por docenas. Por ejemplo, el nombre de Vicky Martín Berrocal no fi guraba en la primera lista barajada por sus responsables. Un famoso que había dado su palabra se cayó en el último momento y el nombre de la ex mujer de El Cordobés fue sugerido por alguien del equipo. Ella aceptó enseguida. Llamaron también a la puerta de Celia Villalobos, pero dio un no por respuesta. La cantidad que le ofrecieron era de 30.000 euros a la semana, pero ni llegó a negociar. La ex ministra del Partido Popular pensó que seguía en activo y que no era prudente aceptar, a pesar de poder haber dejado el listón muy alto porque lo suyo es el baile y la política.

Gancho para fidelizar espectadores
La actriz Ana Obregón puso como condición conocer quiénes eran los compañeros en este viaje televisivo. No le servía cualquiera. Necesitaba que tuvieran “caché”, que estuvieran a su altura. Se dice también que le han garantizado llegar hasta la fi nal. Ana sirve de gancho para fi delizar a los espectadores. Si la echaran a la primera de cambio se esfumarían los objetivos de los creadores de Mira quién baila, que es superar los datos del año pasado. El concurso se estrenó en junio de 2005 y fue seguido por 4.273.000 espectadores 27,7%) y terminó en diciembre de 2007 con 2.503.000 (15,9%). Gesmusic, la productora de Mira quien baila, sale en su defensa: “El presupuesto parte de TVE que se gestiona para conseguir un buen espectáculo. Además una parte importante está destinada a ONG. De hecho es el programa que más ha aportado a entidades sin ánimo de lucro al haber entregado ya en sus seis anterores ediciones más de un millón de euros. Cada semana se destinan 10.000 a la ONG que elija el ganador de la gala”. Sus detractores no se han hecho esperar. El sociólogo Lorenzo Díaz, que ha escrito La caja sucia. Telebasura en España, es uno de ellos. “El fenómeno no me interesa nada. La televisión pública tiene que experimentar otros formatos. Está muy bien que este concurso lo haga la cadena de Berlusconi. Que la nietísima se llevara 48.000 euros por programa me pareció indignante y obsceno”. Otra persona vinculada a los castings televisivos comenta: “Con ese plantel y con lo que se ha gastado TVE debería haber superado el 25%, y en su segunda semana ha perdido dos puntos. Es un programa donde se baila durante tres horas, una pasada, el formato de Mira quién baila está acabado”. No así Supervivientes, del que en abril de 2009 Telecinco emitirá su cuarta edición. Es un espacio donde concursantes famosos se dejan la piel en una recóndita isla del continente americano. Los nombres empiezan a estar encima de la mesa. Quieren pillar a Darek, el joven polaco ex novio de Ana Obregón, y pagarle 30.000 euros por semana. Se niega en redondo. Paco Marsó, ex marido de Concha Velasco, se ofreció la pasada temporada pidiendo 60.000 euros por semana. No había presupuesto para pagar tal cantidad. Como tampoco lo había para pagar un millón de euros al multimillonario Dimitri Piterman, propietario del Alavés. Salvador Mohedano –hermano de Rocío Jurado– quiso concursar y pidió la friolera de 240.000 euros. Tampoco vimos al jugador de voleibol Rafa Pascual, que exigió 60.000 euros. aunque para dinerales, los que han pedido Micky Molina, Daniel Ducruet (ex marido de Estefanía de Mónaco), Daniella Ciccarelli (ex de Ronaldo), Tony Hernández (ex compañero de Sara Montiel) y José Manuel Parada. Han llamado a la puerta de Francisco Rivera, Paquirrín, pero el hijo de Isabel Pantoja no está por la labor ni su madre tampoco. También se echó para atrás la política Pilar Rahola por miedo a que hurgaran en su vida privada. Pipi Estrada tuvo más suerte. El ex de Terelu Campos se ha llevado cerca de 600.000 euros por su participación en La isla de los famosos y otros programas de la cadena. El ex marido de Norma Duval, Marc Ostarcevich, cobró 90.000 euros como fi nalista. Pero, como en todo, hay excepciones. Y no siempre los concursantes han tenido que demostrar una trayectoria profesional impecable para ser fi chados. Nada como echar la vista atrás y recordar a Carmen Martínez-Bordiú, la mejor pagada hasta la fecha de Mira quién baila. El caché fue de 48.000 euros a la semana cuando en esa cuarta edición la media estaba entre los 6.000 y los 24.000 euros. La sobrina de Rocío Jurado, la cantante Chayo, se embolsó 12.000 euros. Antonia Dell’Atte fue la segunda concursante mejor pagada, con unos honorarios que rondaron los 24.000 euros. Y eso es porque la telerrealidad sigue vendiendo, aunque a la baja. En 2002 aportaba a la audiencia de las cadenas 4,1 puntos de cuota. En 2006, la cifra había caído a 2,2 y el año pasado, a 1,8. Jaime Guerra, director de Contenidos de Zeppelin y productor ejecutivo de varios programas como Fama y Gran Hermano, entre otros, cree, sin embargo, en su futuro. Todos los realities que están en antena mantienen muy alto el nivel en España. “A las cadenas –dice– les gustaría tener un reality en su parrilla que les unifi cara la programación y les animara el nivel de audiencia”. ¿Mejor un reality con rostros conocidos? “El público prefi ere gente anónima, muy similar a ella y viviendo situaciones semejantes a las que se plantearía en sus casas. Le gusta conocer a desconocidos y sorprenderse con su vecino de al lado. Los famosos son menos creíbles. Hicimos La cocina del infierno con Sergi Arola, Bárbara Rey... y no resultó tan bien. Nos quedará la incógnita de cómo hubiera funcionado con no famosos”.

Colas interminables
Telecinco lo sabe muy bien. Más de 50.000 personas se han mostrado dispuestas a convertirse en protagonistas de la vida en directo en la casa de Gran Hermano. Las colas para el casting fueron interminables. Durante la primera semana de selección el equipo de casting del programa registró casi 30.000 llamadas de personas dispuestas a participar. El gaditano Ismael Beiro, ganador de la primera edición, se embolsó 120.000 euros. Ocho años más tarde, el trofeo es de 300.000 euros. El poder de convocatoria continúa imperturbable. La novena edición de Gran Hermano incrementó en casi cinco puntos la audiencia de la anterior entrega. Tuvo una media de 3.511.000 personas y un 28,3% de share. Lo constata Eduardo García Matilla, director de Corporación Multimedia: “Los realities clásicos como Gran Hermano, Operación Triunfo y Factor X, aunque pierdan audiencia progresivamente, funcionan. Siguen siendo rentables a las cadenas. Los de entretenimiento, donde se canta y baila, aguantan como pueden el tirón”. ¿El quid de la cuestión está en la selección de los concursantes? Lo mismo aparece un funambulista, como una logopeda, una modelo o un relaciones públicas. Varía de un programa a otro. El psicólogo Miguel Agustí lo explica: “Estos concursos están llamados al éxito, porque explotan el lado exhibicionista que tenemos. Te están invitando a que obtengas esos cinco minutos de gloria de los que hablaba Warhol y encima delante de toda España”. Jaime Guerra, de Zeppelin, explica su espaldarazo: “Para Gran Hermano buscamos una persona extrovertida, vividora, sabiendo que va a habitar en una casa sin conexión al exterior, sociable y con capacidad para saber defenderse para convivir con desconocidos. Para Fama, alguien con aspiraciones a bailarín, pero con formación para continuar su aprendizaje”.
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