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La gente
El cumpleaños de Valentino fue una exaltación del glamour







Las españolas Nati Abascal y Rosario Nadal fueron las estrellas del 45 aniversario de Valentino con la moda. Tres días de festejos y “celebrities” en Roma.
Jesús Mariñas
10/07/07
Y el glamour se hizo más carne que hueso, fue otro Renacimiento. Desde la Roma Imperial no se había visto nada parecido, Valentino tal nuevo César de la moda. Durante tres días festejó su 45 aniversario profesional y aportó no sólo la exquisitez de creaciones irrepetibles, también un palmarés de clientela irrepetible, de adictas al refinamiento y buen gusto. En él no hay estridencias y sólo cabría objetarle ese rubio teñido que se encasqueta con 75 años, una coquetería tan admirable con sus rendidas admiradoras. Un catálogo de fervores que van desde Farah Diba, ejemplo de dignidad física –nada otorga mayor majestad que un destronamiento, no deja de ser paradójico– a nuestra Rosario Nadal ya casi tan mano derecha del creador como en tiempos lo fue Nati Abascal, que en almuerzos, cenas y desfile validó su etiqueta de ser “la más”. Ninguna pudo equipararse al fachón de la sevillana universal, una apostura que merecería certificado de origen como el pata negra o nuestros mejores vinos.

Encandiladores
Lo de Nati es admirable, asombroso, sin parangón; lo mismo da verla enfundada en un conjunto de pantalón blanco y camisa de hace diez años –que encandiló a la condesa Cigogna– salpicada de corales, que majestuosa, con los hombros al aire y la pechuga desafiante embutida en un traje azul pavo real, falda con dos volantes, remarcando su impacto siempre flanqueada por el joven duque de Feria, otro que marca estilo. Lo evidenció creando un esmoquin con camisa de pechera rayada en azul, cuello blanco y chaqueta alba sobresaliendo y opacando a otros elegantes internacionales, como son Pablo de Grecia, Filiberto de Saboya o Kiril de Bulgaria, metido en un achicharrante esmoquin con solapas y bocamangas de terciopelo con Roma a 40 grados... Igual lo elegante es tener capacidad de asfixiarse, aunque no creo. Porque sí destacó la albura etiquetada de Rafael Medina al aire de Tom Ford –aunque sin gafas Ray Ban modelo aviador, ya un santo y seña del resucitador de Gucci y dicen que posible delfín de Valentino, cosa que parece lejana o improbable–, otro que rompió esquemas fue el mítico Mick Jagger, haciendo un alto en su gira. Relanza a los inmortales Rollings y dio que hablar porque llegó dando saltitos luciendo un impecable traje negro sobre deportivas de charol oscuro sin despegarse, aparentemente entregado, a Lauren Scott, su nueva pareja, casi clónica en moreno de la despampanante Jerry Hall.

Amores
Guerra de estilos y hasta épocas; una Gina renegando de Rigau se enfundó su ya característico y sudado traje de encaje rojo, no el emblemático de Valentino inspirado en la tapicería del Liceo barcelonés, que lo impactó por su aire burgués pero diferente. Lo acompañó de guantes cortos, baratos, y ocultadores, casi pareja de su contemporánea Jean Collins con parecido pelucón aunque menos ladeada que la italiana octogenaria. Daba respingos si le mentábamos a su ya imposible amor barcelonés que tampoco llegó a nada, un sueño imposible, con la María Teresa Campos ahora reenamorada del madrileño Santiago García; tiene 62 años, tres hijos y dos nietos, además de un apartamento en el hotel de los líos que es el Guadalpín marbellero. “Pero sólo desde hace tres meses, quede claro”, precisan a dúo alejando cualquier relación con los malayos, cosa que en Roma no hizo la diminuta Sarah Jessica Parker con el flemático y britanizado Manolo Blahnik. Otra gloria de España que menospreció la ahora defenestrada Carmen Calvo; ministra prepotente, llegó a suspenderle una expo que había costado tres años organizar. De ahí que nuestro canario más universal toque madera cuando le citan al Ministerio de Cultura. No necesita oficialismo ante entusiasmo como el de la protagonista de Sexo en Nueva Cork, rendida a sus pies hoy vacilantes por una fractura de cadera. Aunque Blahnik, coqueto, no recurría a bastón apoyador como hacía el también vanidoso Reinaldo Herrera, marido de la CH, que uniforma a las españolitas vía creadores y patrocinios orensanos tal si fuese Zara o Tous, lo que hay que ver. Sarah, histriónica y a punto de empezar película sobre la triunfadora serie, no contuvo su entusiasmo ante un Manolo oteando manolos de bien calzás:

–Ya ves, fíjate, que no te traiciono; nunca dejo de ponerme tus creaciones–, y Manolo dio un suspiro de satisfacción repasando los desnudos pies de Carolina de Mónaco o las sandalias trapenses de una del Liceo barcelonés, que lo impactó por su aire burgués pero diferente. Lo acompañó de guantes cortos, baratos, y ocultadores, casi pareja de su contemporánea Jean Collins con parecido pelucón aunque menos ladeada que la italiana octogenaria. Daba respingos si le mentábamos a su ya imposible amor barcelonés que tampoco llegó a nada, un sueño imposible, con la María Teresa Campos ahora reenamorada del madrileño Santiago García; tiene 62 años, tres hijos y dos nietos, además de un apartamento en el hotel de los líos que es el Guadalpín marbellero. “Pero sólo desde hace tres meses, quede claro”, precisan a dúo alejando cualquier relación con los malayos, cosa que en Roma no hizo la diminuta Sarah Jessica Parker con el flemático y britanizado Manolo Blahnik. Otra gloria de España que menospreció la ahora defenestrada Carmen Calvo; ministra prepotente, llegó a suspenderle una expo que había costado tres años organizar. De ahí que nuestro canario más universal toque madera cuando le citan al Ministerio de Cultura. No necesita oficialismo ante entusiasmo como el de la protagonista de Sexo en Nueva Cork, rendida a sus pies hoy vacilantes por una fractura de cadera. Aunque Blahnik, coqueto, no recurría a bastón apoyador como hacía el también vanidoso Reinaldo Herrera, marido de la CH, que uniforma a las españolitas vía creadores y patrocinios orensanos tal si fuese Zara o Tous, lo que hay que ver. Sarah, histriónica y a punto de empezar película sobre la triunfadora serie, no contuvo su entusiasmo ante un Manolo oteando manolos de bien calzás: –Ya ves, fíjate, que no te traiciono; nunca dejo de ponerme tus creaciones–, y Manolo dio un suspiro de satisfacción repasando los desnudos pies de Carolina de Mónaco o las sandalias trapenses de una Gianni. Un aire nada que ver con el pelito corto de una Carolina de Mónaco casi siempre sola porque Ernest de Hannover la dejaba con Carlota durante el programa diurno. Acaso durmió sus juergas o despendoles nocturnos como al casarse los Príncipes de Asturias. La princesa Grimaldi sorprendió lo mismo repitiendo un chanel de lino rayado que envuelta en gasas blanquinegras firmadas por un Lagerfeld casi sombra y asombro usando guantes de piel con nudillos agujereados pese al calor. Ni las altas temperaturas le quitaron apostura, empolvamiento capilar y rigidez corbateril chocando así con la apropiada deportividad de un Luis Medina reenganchado a su novia Alejandra Rojas, animada por pulserones de Suárez como su casi suegra con un brazalete de Grisogono que alternaba esmeraldas y zafiros, buen complemento a los bordados del vestido.

Melenas al viento
Antonia dell’Atte paseó en solitario por los retrasos de su hijo Clemente, ella bellísima, fiel a su manía de disfrazarse, pasando del color casi obligado en algunas como Claudia Schiffer con dos triángulos descubriendo tripita bajo collarón de Bulgari, el casi fluctuante rosa de la Nadal o el kaftán con flores bordadas en coral de la imponente Ira de Furstenberg, otra con pelos al viento mientras Nati, la Cuevas, Sarah Jessica y la MacPherson optaron por pelo semirecogido y Marie-Chantal Miller no estaba muy segura de su melenita rubia en un mechón trasero. La gentil esposa de Pablo de Grecia no dejaba de interrogar qué les parecía el cambio, ante la mirada curiosa de su hija mayor. Lo contaba todo; desde los rosados seis volantes conformando la falda de la imponente Uma Thurman a la sosería de Liz Hurley superenganchada a su recién estrenado marido, otro que acaparaba codiciosas miradas. Igualito que Anna Wintour, atenuada por pailletes anacarados conformando rosas, la para algunos terrible inspiradora de El diablo se viste de Prada, una firma de ropa imponible que podría ser comprada por un magnate inglés. O tal pronosticaban en este círculo casi Foro romano con la quintaesencia de beldades como Laura Pausini, la superviviente Marisa Berenson, con tres hileras de perlones grises casi como las dobles de Carolina Herrera o una Roberta Armani de pelo engominado, protegida por su tío Giorgio, tras su reciente divorcio. Exultaba como el millonario Andic, el adiós como liberación: –Y me encantaría casarme con Cayetano–, acaso bromeó ante la mínima representación de la prensa española presente en semejantes festivas y celebradoras efemérides, donde Rosario y Nati pusieron una pica en Flandes, más bien en Roma, de cómo es la española cuando es elegante. La ex duquesa hizo historia sobre tanta ruina, qué maravilla de señora.
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