en Tiempoen internet      

Vicente Molina Fox|Visiones
Fernando bien sentado

Singular, ocurrente hasta el infinito, bien hablado, bien leído.


04/12/06
Podría haberse quedado en chat show de medianoche: personaje sentado frente al entrevistador, largando durante una hora cosas subidas de tono y francamente incorrectas. Gracias a la pericia en el montaje y el buen gusto de sus dos directores, Luis Alegre y David Trueba, La silla de Fernando (que tiene ahora su estreno cinematográfico absurdamente restringido) es bastante más que un documental; ésta es una película elocuentemente histórica, reveladora del habla, los usos y la dorada miseria del mundo de la farándula española, y como monólogo muchísimo más divertido que los que se representan en teatros y televisiones. Claro que el desnudado ante las cámaras es Fernando Fernán Gómez, y con esa materia cualquier striptease es morboso. El sexy del larguirucho y nunca muy guapo Fernán Gómez se basó en un don que pocos –si alguno– han igualado en este país y en su esfera: la gracia natural. En La silla de Fernando, uno de los momentos más hilarantes está precisamente relacionado con el físico; él se lamenta de no haberlo tenido de galán, pero admite que pese a tal handicap ha amado en su larga vida a mujeres hermosas, las únicas que de verdad le importan. ¿Amistad, simpatía, inteligencia? Uno de sus primeros arrebatos de incorrección sincera es confesar que no son esos rasgos los que él desea en el sexo opuesto. Se enamoró de niño de Marlene Dietrich, y ella fue, con su sensualidad perversa y sofisticada, el modelo amatorio que Fernando tuvo ya para siempre. Por debajo de Marlene todo le parecía prosaico, del mismo modo que sólo el lujo fue el objetivo, asegura, de su trayectoria. Aún espera conseguirlo a los 85 años.

Las confesiones, siempre dichas con humor contagioso y una rara veta de autocastigo que lo enternece mucho, van desde el temprano descubrimiento de la verdadera identidad de su padre (“fui hijo natural de mi madre”), hasta una que se agradece especialmente en estos tiempos de oportunismo político en torno a nuestra historia pasada: el actor y director afirma que de adolescente sus simpatías iban hacia los nacionales (“que eran los ricos”) y no hacia los rojos, que identificaba con la clase trabajadora. La razón, instintiva, era que él quería ser rico y famoso, ya que guapo no. Con el tiempo, Fernando llega a odiar a Franco y todo lo que el franquismo representó, habiendo sido mientras, y algunas imágenes en el documental lo corroboran, un icono de la comedia escapista y el dramón religioso del cine de posguerra.

Trueba y Alegre no insisten, sin embargo, en reivindicar aquí al extraordinario actor de Neville, Saura, Berlanga, Erice o Gutiérrez Aragón (entre muchos otros), ni al cineasta, a pesar de que hay al menos cinco largometrajes firmados por él que están entre lo mejor de nuestra historia fílmica. La silla de Fernando trata de Fernando, ese hombre. Singular, ocurrente hasta el infinito, bien hablado, bien leído, Fernán Gómez pertenece a la estirpe de los grandes cómicos formados en el teatro, como se demuestra en el arranque de esta película: unas imágenes tomadas por un videoaficionado de su última actuación teatral en el Poliorama de Barcelona. Sólo, leyendo ante un atril unas supuestas páginas de anuncios por palabras, Fernando nos dobla de risa en nuestra silla de espectadores agradecidos.


ESPECIALES

Enlaces de Interés

Entradas Liga Española de Futbol , Formula 1 , Basket , Premiership , Serie A
Entradas musicales Londres, conciertos Barcelona Madrid , Fútbol, Festivales, Fórmula 1. Entradas para todas las ciudades.
Información Meteorológica





Sites de Grupo Zeta