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España



Cinco siglos de iberismo

El proyecto de unir España y Portugal, conocido como iberismo, tiene una larga historia. Los primeros intentos se produjeron a lo largo del siglo XVI. En 1581 el monarca Felipe II unificó bajo su persona toda la Península tras convertirse en rey de Portugal (ver “Historias de la historia”, página 68). En el año 1640, tras una rebelión de los nobles, Portugal volvió a ser independiente. Tras varios acercamientos y alejamientos, en el siglo XIX resurgió el iberismo con más fuerza como uno de los ideales de la revolución española.

Según expone el historiador José Álvarez Junco en “Mater Dolorosa”, entre los siglos XVI y XVIII la idea de la Unión Ibérica obedecía más a “ambiciones territoriales y planes de anexión de los reinos portugueses y castellanos”. El sueño de la unidad ibérica, explica, no era casual: “Tenía su fundamento, no sólo en la proximidad de los reinos y la obvia unidad geográfica de la península, sino también en su unidad cultural”.

Las alianzas internacionales de españoles y portugueses en el siglo XVIII con los franceses y los ingleses, respectivamente, apagaron los deseos de unificar España y Portugal.

Iniciado el siglo XIX, el sueño volvió a aparecer coincidiendo con los imperios menguantes. Tras las guerras napoleónicas, los liberales y los absolutistas propusieron la unión Ibérica. Durante la revolución de 1848 se creó el Club Ibérico, formado por 400 portugueses y españoles, que desfiló por París con la bandera cuatricolor, símbolo de Iberia.

os varios intentos de unir España y Portugal, según Álvarez Junco, no han resultado entre otras razones “por los recelos y temores lusos a una absorción por España”. Ocurrió en 1869 y también en 1873, cuando durante la República española se constituyó la Asociación Hispano-Lusa. También influyeron otros factores como la oposición de Francia e Inglaterra o la propia inestabilidad española. La clave, sin embargo, no reside en los factores externos. “Estos difícilmente hubieran podido frenar un fuerte impulso unitario dentro de la propia península”, señala el historiador.

A principios del siglo XX, tras la proclamación de la República portuguesa en octubre de 1910, el Iberismo dio paso a cierta hispanofobia, pero no lo acalló. El poeta Joan Maragall introdujo a Cataluña en el iberismo y también participaron Cambó y Prat de la Riba. En Galicia, el padre del nacionalismo gallego, Alfonso Castelao, también defendió la unidad peninsular. A partir de los años 20, los movimientos fueron más tímidos. En 1927 se fundó la Federación Anarquista Ibérica.




SONDEO DE IPSOS PARA TIEMPO
La Iberia deseada
El 45,6 % de los españoles encuestados está a favor de la unión de España y Portugal. Una cifra mayor que el 28% de los lusos que defienden la misma idea.
Carolina Martín Pedro Corro
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Algo más que vecinos

16/10/06
“Soy portugués, pero tengo una costilla española. Mi mujer era nieta de españoles, tengo primos en el pueblo de arriba y buena amistad con España”, explica Mariano Preto, uno de los poco más de cuarenta habitantes de Rionor de Bragança (Portugal). No es la excepción sino la regla en esta aldea que dista unos pasos del pueblo hermano español, Rihonor de Castilla (Zamora). No hay frontera real entre ellos, si acaso el río y la huerta que trabajan conjuntamente. Las últimas cadenas, colocadas en terreno portugués para evitar el tránsito de coches en 1974, cayeron en 1990. Al albur de constituirse como la primera aldea europea de España ha crecido una frontera figurada. Los recelos sobre quién será más beneficiado, Rihonor de arriba o Rionor de abajo (los españoles o los portugueses) han enfriado la convivencia. El sueño de una mini Iberia que contribuya al desarrollo de ambas aldeas en peligro de extinction se desvanece.

Iberia
Este ensayo a pequeña escala permite imaginarse qué ocurriría con una supuesta unión de España y Portugal. Esta idea tiene larga tradición y la desconfianza ha sido uno de los factores que, históricamente, ha truncado las aspiraciones iberistas. Pero el sentimiento persiste. Según una encuesta publicada recientemente por el semanario luso Sol, el 28% de los portugueses ve con buenos ojos la unión de España y Portugal. Un 70% son contrarios. Los defensores del iberismo se apoyan en razones económicas para optar por la unidad de la Península. Otros destacan el trato igualitario que creen recibirían bajo el paraguas de dicha unidad.

Al otro lado de la frontera, en España, es mayor el porcentaje que aboga por la unificación. Según el sondeo realizado por Ipsos para“Tiempo”, un 45,6% de los españoles es favorable a la unidad ibérica. La mayoría de las comunidades, sobre todo las limítrofes con Portugal, como Andalucía, Extremadura, Galicia o Castilla y León, simpatizan con la unión. En la cuenca mediterránea y en el País Vasco se oponen. Entre los partidarios, el Estado resultante debería seguir llamándose España, tendría como capital Madrid y funcionaría como una monarquía.

El alcalde de Pedralba de la Pradería (Zamora), José del Campo, de quien depende Rihonor de arriba, cree que con la unión “tal vez ganásemos todos, porque seríamos más grandes y más fuertes en Europa”.

Prueba piloto
Sin embargo, manifiesta reparos sobre la ejecución de esta idea a partir de los problemas entre Rihonor de arriba y Rionor de abajo. “Pasaría lo mismo, estaríamos mirando si ganan más los portugueses o los españoles”. Del Campo conoce las dificultades porque trata con ellos las cuestiones de intendencia, aunque no hablan de la aldea de Europa. “Temen que como el Rionor portugués es más grande, van a tener más ayudas. No entienden que ser comunitarios implica que no vale ni arriba ni abajo”.

En agosto de 2005 se celebró el primer y único Conselho de Rio Honor de Europa, con representantes de los dos pueblos, como paso inicial para la construcción de la primera aldea europea en España. Sellaron el acto el alcalde de Pedralba y el presidente de la Cámara de Bragança como superiores jerárquicos. Esta institución, que se reuniría cada tres meses, se encargaría de regular la propiedad colectiva y los trabajos comunitarios y agrícolas en la propiedad privada: prados, bosques, regadíos, arreglo de caminos... Las desavenencias surgieron entonces y no se han vuelto a reunir. Tiempo ha estado con ellos un año después y los vecinos se muestran desanimados con el proyecto del que se empezó a hablar a principios de siglo y del que ilusionados esperaban mejorar su calidad de vida. “No se ha hecho nada”, asegura Elvira Sanromán desde la parte portuguesa. Tuerce el gesto, mira hacia arriba –donde está la aldea española– y dice con enfado: “Unos quieren que el dinero vaya a España y otros a Portugal. Tenemos que ceder unos y otros”. Ellos, dice, lo han hecho. Mientras siguen con sus labores de labranza, sacan las ovejas a pastar y van a los pueblos más grandes por carreteras de tercera.

Manuel Fernández era representante del Conselho celebrado en 2005, pero no firmó los estatutos y da a entender que se ha dado de baja. “No me gusta cómo se está haciendo. Es un proyecto bueno para el pueblo, pero como Rionor de abajo es más grande puede recibir más dinero. Nosotros somos pocos, unos 18 vecinos, pero somos un pueblo”. El alcalde pedáneo, Paco Chimeno, no ve salida al proyecto: “El pueblo portugués trata de avasallar al español porque es más pequeño, pero no estamos por la labor”.

La propiedad y el destino de un dinero que no existe como tal, porque se refiere a futuras ayudas europeas, parece ser el motivo del enfrentamiento. Y eso que todavía no se han presentado las memorias del proyecto ante las autoridades competentes.

Tiempo límite para Europa
El gerente del grupo Adisac-La voz y uno de los ideólogos del proyecto, Carlos Blanco, explica que tienen de plazo hasta final de mes para acudir a Europa. El tiempo justo para solicitar las subvenciones con las que hacer frente a la inversión de 600.000 euros que Blanco estima necesarios. Desde Adisac corrobora las reservas de los habitantes de Rihonor de arriba y señala los objetivos de la aldea europea. “La idea es dotar a los pueblos de una estructura de servicios básicos con independencia de que sean españoles o portugueses”. Estos servicios pasan por recuperar ambos cascos históricos, construir nuevas vías de enlace con Puebla de Sanabria y Bragança, la creación de una escuela bilingüe, abrir al exterior la zona mediante una academia de nuevos pobladores... En su opinión, la experiencia de Rihonor de Europa serviría como prueba piloto de todo lo que se podría hacer en la zona fronteriza entre España y Portugal.

A pesar de las diferencias, todos coinciden en la bonanza del proyecto y cuánto podría ayudarles a dar vida a las aldeas y a ellos. Manuel Fernández asegura que apoyará lo que se haga para el pueblo “porque si no se muere”. Él y su mujer son los más jóvenes y ya han cumplido los 50. En Rihonor de arriba, durante el invierno, no superan la docena de vecinos, según explica Paco Chimeno. La mayoría están jubilados, viven de la pensión y de sus tierras. En estas condiciones, Fernández cree que sería imprescindible “un centro de mayores para toda la zona”.

Mariano Preto, concejal de Rionor de abajo, también cree que es básico que se levante un centro de día para mayores. Atento al goteo del aguardiente de alambique que prepara, Preto manifiesta su deseo de que la aldea europea salga adelante. “Tenemos campos portugueses y españoles para hacer obras. Ahí se harán y serán comunitarias. Pero hay que mover los proyectos”.

Chimeno preferiría la construcción de un embalse y, sobre todo, un centro médico. Por ser menos de 50 vecinos el doctor no baja a los pueblos y tienen que hacer una media de 20 kilómetros hacia Bragança, los portugueses, y hacia Puebla de Sanabria, los españoles. En uno de los dos bares de Rionor de abajo, donde se reúne la asociación cultural, María explica el paseo en balde que se ha dado hasta Bragança para recoger unas medicinas.“ He llegado allí, el médico no estaba y me he vuelto de vacío”, protesta. Las medicinas son otra de las necesidades que solventaría la unión de ambos países, entre otras razones porque los jubilados españoles no pagan por ellas y los portugueses sí. Para Beatriz Ensilda, que vive en Rihonor de Castilla y es portuguesa, las bondades de una posible unión con España son claras: “Me gustaría que se unieran porque los salarios y las pensiones en Portugal son más bajos. Aunque en España hay más paro, ganaríamos más”. Mariano Preto, por ejemplo, cobra una pensión de 270 euros.

Convivencia en comunidad
Los conflictos y roces entre pueblos fronterizos, dicen en Rihonor de arriba y Rionor de abajo, son normales. “Tengo 80 años y siempre hemos tenido problemas unos con otros”, explica Paco mientras recuerda cómo los portugueses venían y arrancaban las cepas para hacer carbón. Las críticas no impiden que los vecinos califiquen la convivencia de buena. “Nos llevamos bien a la fuerza. Nosotros aramos fincas abajo y ellos arriba porque tenemos tierras en los dos lados”, añade el alcalde. Todos rechazan la confrontación entre los pueblos porque son una gran familia. Algunos vecinos ven que cuantos menos habitantes son, mayor es la rivalidad. Quizá la unificación de la Península Ibérica fuera más sencilla.

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