El interés por las escuelas alternativas crece tras años de declive y éstas se debaten entre obtener cierto reconocimiento oficial o no.
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Viva la revolución entre dibujos de estrellas que parecen más una invitación a la rebeldía infantil que una adscripción ideológica. Mientras, dos madres quedan para verse en la comisión donde tratan las iniciativas que acomete la escuela para mejorar el sistema. Están en uno de los colegios que practican una enseñanza alternativa, que vuelven a atraer la atención de muchos padres. Aprender guiados sólo por la curiosidad, maestros que no dirigen al alumno o un mes de junio sin exámenes son signos de identidad de estas escuelas y a veces la alternativa es enseñar sin ir al
cole. La otra educación no es una reliquia de los años sesenta.
La protesta de los padres que practican la educación en casa, que piden facilidades para que sus hijos puedan examinarse si así lo eligen, ha sacado a la luz a aquellos que se deciden por otros modelos pedagógicos diferentes a los de la escuela convencional. Éstos se debaten entre romper del todo con el sistema tradicional o buscar que el Gobierno les facilite las cosas.
Educación memorísticaQuienes eligen estos sistemas huyen de una educación demasiado memorística, despersonalizada... “Estas familias quieren un modelo de enseñanza diferente, un poco más humana, en el sentido de que se tenga más en cuenta a las personas, que se creen procesos en los que el alumnado pueda decidir con quién trabajar, cuándo trabajar, que se respete su ritmo. La escuela tradicional está pensada para un ritmo muy concreto, y los que están por encima y por abajo son excluidos, por no hablar de si se reproducen estereotipos sexistas, racistas, clasistas...”, explica Teresa García Gómez, coordinadora del Centro de Documentación de Alternativas Pedagógicas (CEDAP) y profesora de la Universidad de Almería.
Todas estas experiencias practican o están muy cercanas a la educación no directiva, donde los ritmos, los intereses y la curiosidad del alumno es lo que manda. El modelo más citado es la escuela Summerhill, en Inglaterra. Y también tienen en común que buscan un mayor papel de la familia en la educación y delegar menos en la escuela. En todo caso, los padres que han elegido estas opciones se dividen entre quienes quieren homologar su educación con la oficial y los que no. Para algunas escuelas libres, su situación es “alegal”, mientras que otros interpretan que las leyes reconocen el derecho a elegir el tipo de educación para los hijos. Los casos en los que algún padre ha podido encontrarse con algún problema legal han sido resueltos a favor de éstos, ya que mientras no haya dejación (y no se confunda con absentismo escolar) el asunto no va más allá.
Teresa García echa de menos que la nueva LOE no haya dado pasos para allanar el camino a estas alternativas: “Con la LOE no ha cambiado nada”, asegura.
Pero hay casos para todos los gustos. Algunos colegios practican una educación alternativa aun dentro del sistema público, mientras las escuelas libres se mantienen al margen. El colegio concertado Siglo XXI, en Madrid, bebe de la tradición de la Institución Libre de Enseñanza. Nació en los años setenta en Madrid por la iniciativa de unos padres del barrio de Moratalaz ante la falta de plazas escolares públicas, pero también porque buscaban una enseñanza diferente. Formaron una cooperativa y al cabo de los años pasaron a ser colegio concertado. Como relata su directora, Emilia Abarca, algunas de las iniciativas que pusieron en práctica de forma pionera se han generalizado en los colegios de hoy, pero “seguimos siendo alternativos”.
AsambleasDeterminadas prácticas como las asambleas de alumnos al comienzo de la jornada, la importancia que se da a las salidas escolares o a la participación de los padres son ya familiares en el mundo educativo. Pero en algunos colegios las practican con mayor énfasis. En el colegio Siglo XXI trabajan, como muchas de estas escuelas alternativas, sin libros de texto de referencia. Los niños cuentan con libros de diferentes editoriales para consultar.
A la escuela libre Els Donyets, en Valencia, acuden padres “preocupados por educar de otra manera”, según explica Inma Serrano, una de sus coordinadoras. Seguidores de la escuela de terapia
reichiana, intentan evitar “las frustraciones, los no es, los marcajes que van contrayendo al niño”, aplican la idea de que “la libertad funciona”, por lo que buscan la autorregulación por parte de los niños. Lejos se encuentra el discurso contrario, centrado en la preocupación por una hipotética crisis en la educación de los valores del esfuerzo y el mérito, discurso que no comparten aquí en absoluto. La responsable de este centro encuentra que cada vez existe más interés. Algunas familias han llegado a mudarse de ciudad para compartir este proyecto educativo. De hecho, hace unos años se estudiaban en la Universidad estas corrientes como algo casi residual, prácticamente muerto, pero ahora la tendencia se ha invertido y cada vez se estudian más.
La experiencia en Els Donyets, que lleva funcionando 12 años, dice que los niños son muy capaces de enfrentarse luego a la enseñanza tradicional si eligen dar ese paso.“ Son gente muy motivada”, señala Inma Serrano. En esta escuela preparan a los que van a dar este salto cubriendo las asignaturas que tienen menos desarrolladas y adaptándolos a experiencias con las que no están tan familiarizados, como los exámenes. “ Pero eso se coge muy rápidamente”, asegura Serrano.
El colegio Trabenco, en Leganés (Madrid), nació a partir de la iniciativa de los padres de la zona y se convirtió con los años en un colegio público.Pero sigue siendo especial. Tanto, que han peleado (y conseguido, al menos por ahora) por una solución al problema de que los profesores fueran marchándose a nuevos destinos debido al sistema de concurso de traslados de los colegios públicos. Esto restaba la estabilidad necesaria para el proyecto pedagógico.
Fomento de la autonomíaEl funcionamiento de las clases tiene muchos puntos en común con las escuelas libres. Los niños eligen la zona donde van a trabajar (en otros colegios les llaman “rincones de actividad”), aunque es obligada la rotación por todas.“El objetivo es lograr una mayor autonomía de los niños, que aprendan a organizarse”, explican el profesor Fernando Alonso y la directora Amaia Urriz. En Trabenco, las calificaciones se diferencian de las de muchos colegios. No se basan en exámenes sino en una evaluación continua y en lugar de boletines de notas se elabora un informe cualitativo con una entrevista personal con los padres. Alonso y Urriz destacan que, curiosamente,“la evaluación continua es la que marca la ley”, pero es quizás en una escuela alternativa como ésta donde, paradójicamente, la aplican más a rajatabla. Otros colegios tradicionales han vivido resistencias tanto de profesores como de padres a cambiar el modelo de exámenes y notas. Sus influencias se encuentran en Freire y Freinet.
Los padres transmiten sus intereses en el terreno pedagógico al claustro de profesores, algo que sólo ocurre excepcionalmente en los colegios tradicionales. La participación en la vida del mismo es muy alta. Hoy, la demanda les hace cubrir todas las plazas. A Alonso y Urriz les gustaría que la Administración fomentara que cada centro tuviera su identidad propia y una de las claves para ello está en conseguir equipos estables.
Educar en casaPuede que unas 2.000 familias no lleven a sus hijos al colegio porque hayan decidido educarles en casa. Una parte de ellas, agrupadas en la Asociación para la Libre Educación (ALE) protagonizaron el mes pasado una protesta ante la sede de la Generalitat catalana para pedir que se facilite a aquellos que quieren seguir estudiando luego en el sistema tradicional el acceso a exámenes a los 16 años para alcanzar el título de la Educación Secundaria Obligatoria. Como explica su presidente, Juan Carlos Vila, a pesar de que la LOE “es más escolarizadora”que cualquiera de las anteriores leyes, están seguros que les ampara la Ley Orgánica del Derecho a la Educación y la Constitución. Mantuvieron contactos con la ministra Cabrera y la pelota cayó en el tejado de las comunidades autónomas. Ahora, según relata Vila, éstas han tranquilizado a los padres que no escolarizan a sus hijos sobre los problemas administrativos a los que se enfrentan a veces y parece que tienen interés en una regulación que deje las cosas claras.
En este caso, de nuevo, tras un retroceso en los años 70, la educación en casa vuelve a ganar adeptos por una mezcla entre el auge del interés de muchos padres por los temas educativos y una mirada crítica a la escuela tradicional.