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Luis Reyes | Veraneantes con historia
Simeón de Bulgaria a la sombra de Franco
Simeón fue “fichado”por el franquismo con 14 años. Hizo aquí su vida durante medio siglo, hasta que sorprendentemente volvió a Bulgaria como primer ministro.
14/08/06
No se sabe si Franco planeó en serio coronarse Rey de España, aunque es seguro que soñó con ello. Pero una coronación exige invitados de categoría, y el dictador colega de Hitler y Mussolini estaba proscrito por todas las potencias. Por eso, a falta de Jefes de Estado extranjeros, a algún maestro de ceremonias del Régimen se le ocurrió atraer algunos reyes destronados, una realeza cesante, sin oficio ni beneficio, dispuesta a arrimarse al sol que más calentara, aunque fuese el del franquismo.

El paradigma de esos ex reyes que vinieron a España a gastos pagados sería Simeón de Bulgaria. Su historia es como de telenovela. Subió al trono con sólo seis años, tras la repentina muerte de su padre, dicen sus partidarios que envenenado por Hitler, aunque en realidad era un aliado de los nazis. Cuando tenía 10 años los comunistas lo subieron a un tren y lo mandaron al exilio. Ningún país europeo quiso darle asilo y se tuvo que refugiar en Egipto, donde reinaba un monarca extravagante llamado Faruk, que comía caviar con cuchara sopera y al que tampoco le faltaba mucho para ser destronado.

Allí fue reclutado Simeón en 1951, cuando la España de Franco estaba aislada del mundo. El niño que a los 14 años tenía más pasado que futuro –era ex rey y nadie pensaba que el comunismo fuera a acabarse en toda su vida– fue recibido en El Pardo por Franco, quien “me ganó por su simpatía y su cariño”, según sigue diciendo Simeón de Bulgaria, que es leal y agradecido.

La verdad es que podría pensarse que Franco le contagió su baraka, la extraordinaria suerte que le atribuían los moros, pues a partir de entonces empezaron a irle bien las cosas a Simeón. Le pusieron casa en un chalet de la avenida del Valle, junto a la Ciudad Universitaria, donde estudiaría Derecho, y le buscaron una novia, o se la buscó él, joven, guapa y rica, Margarita Gómez Acebo, que además le emparentó indirectamente con la Familia Real española. El franquismo le permitía mantener el sueño de que todavía tenía algo que decir en la política de Bulgaria. No es sólo que le permitiese conspirar desde España contra el régimen búlgaro, en contra de lo que suele ser exigencia normal, es que le animaba a ello poniendo a su disposición una “sección búlgara”de Radio Nacional.

Simeón había formado un cónclave de partidarios un tanto rocambolesco, el Consejo de los Cien. Nadie sabía quiénes eran esos Cien, porque tenían carácter secreto, pero como explicaba muy seriamente, contar con ese organismo de asesores le permitiría formar gobierno instantáneamente si caía el comunismo y se proclamaba la monarquía en Bulgaria. ¡Sueños!

Al Pardo
Cuando en 1955 Simeón cumplió 18 años, leyó en Madrid una proclama en la que se declaraba rey de Bulgaria, por si a los búlgaros se les había olvidado su existencia. Al año siguiente pareció que sus ilusiones no eran tan descabelladas: en Hungría un levantamiento popular derribó al régimen comunista y expulsó a los soviéticos.

Simeón pensó que tenía que decir algo, y fue al Pardo a preguntar qué hacía. “Mejor permanecer mudo que ser tartamudo”, fue el consejo lleno de retranca gallega de Franco. Como se vería enseguida, el levantamiento húngaro fue un fiasco y terminó en un baño de sangre. Todavía no había llegado la hora del fin del comunismo.

Si el destino político de Simeón de Bulgaria no le parecía prometedor a nadie, el personal le iba viento en popa. Libre, gracias a su matrimonio, de los problemas económicos que han atormentado a tantas dinastías exiladas –incluida la española– y bien relacionado, fue ejecutivo de la multinacional electrónica Thomson y entró con éxito en el mundo financiero e inmobiliario internacional, utilizando el viejo apellido de su familia, Sajonia-Coburgo, que quedaba francamente mejor que “de Bulgaria”. Sus hijos eran primos de los primos del Príncipe de Asturias, se movían entre lo mejorcito de Madrid, y los cuatro chicos se casaron con niñas bien: Rosario Nadal, Carla Royo Villanova, Miriam Ungría y María García de la Rasilla. La hija se permitió un casamiento más frívolo con el aventurero Kitín Muñoz.

Así pasó medio siglo de exilio dorado en España cuando la Historia dio un vuelco y se derrumbó el Muro de Berlín. El comunismo se deshizo como azúcar en los países del Este, aunque esto no supuso el retorno al poder de las antiguas monarquías. Simeón de Bulgaria, sin embargo, fue capaz de hacerle una jugarreta a la Historia. Ya que no podía ser rey de Bulgaria, se presentó a las elecciones como Simeón de Sajonia- Coburgo, las ganó y se convirtió en jefe del Gobierno.

La cara y la cruz
La figura opuesta a Simeón en esa seudo corte que montó Franco fue Leka de Albania. Físicamente no podían ser más diferentes; frente al porte fino y elegante del búlgaro, el albanés era un armario ropero que medía más de dos metros de alto y de facciones ordinarias. Su estilo de vida también les situaba en las antípodas. Mientras Simeón se relacionaba con la crème, Leka iba siempre rodeado de pistoleros. Y si el primero se dedicó a las finanzas, el segundo le cogió gusto a la forma mafiosa de ganarse el pan, el tráfico de armas puro y duro, actividad por la que incluso sería encarcelado en Tailandia y Suráfrica.

Leka se proclamó rey de Albania en un hotel de París, a la muerte de su padre en 1961. En seguida fue fichado por el franquismo, que le ofreció subvención y pasaporte diplomático durante 18 años. A Leka no le dijo Franco que “mejor mudo que tartamudo”, sino que le permitió organizar un Ejército de Liberación de Albania que en realidad era un grupúsculo terrorista.

Cuando murió Franco, mientras que Simeón gozaba de la amistad del nuevo jefe del Estado, Don Juan Carlos, a Leka le expulsó Adolfo Suárez. Terminado el chollo de la España franquista, se buscó asilo en la Suráfrica del apartheid, el único régimen fascista que quedaba en el mundo.

Los alegres Saboya
El ex rey de Italia Umberto II, no se llevaba bien con Franco e instaló su exilio en Portugal, pero a sus hijos les encantaba España, donde dejaron diferente memoria.

Primera novia
María Gabriela fue la primera relación de Don Juan Carlos. No llegó a nada, y ella se consoló casándose con el multimillonario Robert de Balkany.

Reina de la noche
María Beatriz, “Tití” para los amigos (sobre estas líneas), era un trueno, una “princesa escándalo” antes de que las de Mónaco profesionalizaran ese papel. Fue una reina de la noche del Madrid de los 60, con amoríos sonoros, como el torero Curro Girón, con los que montaba el espectáculo en cualquier local. Bebía demasiado, se intentó suicidar varias veces y se vio perseguida por la desgracia. Su único hijo varón moriría en extrañas circunstancias, y el que fue su marido 28 años, el diplomático argentino Luis Reyna, sería asesinado.

El peor
Ningún pretendiente a un trono ha caído tan bajo como Víctor Manuel de Saboya. La última vez que vino a España, a la boda del Príncipe Felipe, le pegó a otro invitado en el banquete real, pero es algo más que un juerguista. Ha sido procesado por homicidio y por tráfico ilegal de armas, y ahora está en la cárcel por explotación de prostitutas y corrupción.
Simeón se casó con Margarita Gómez Acebo.
María Beatriz, "Tifi", hija de Umberto II de Italia.
Don Juan Carlos y el rey Hassan.

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