La última zarina

26 / 09 / 2017 Juan Bolea
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Sellando con sangre real los drásticos cambios políticos y sociales de la Revolución rusa, el trágico destino de la familia Romanov convulsionó Europa en 1918. 

Espido Freire

Pocas veces hasta entonces la historia se había estremecido con semejante carga de emociones. Los protagonistas y víctimas de la Revolución resultaron tan representativos, antagónicos y dramáticos que desde el primer momento la literatura sintió la tentación de recrear sus destinos.

Es lo que de nuevo hace, caer en la tentación, pero como si fuera la primera vez, Espido Freire, cuya inmersión en el reinado de los últimos zares asombra por su erudición y fidelidad. Llamadme Alejandra (Planeta, premio Azorín 2017), se alza como una excelente novela de cuño histórico y alto valor literario. 

Su protagonista, narrando, además, en primera persona, será nada menos que la zarina Alejandra. De nacimiento, la princesa alemana Alix Von Hessen-Darmstadt. Conocería a Nicolás en San Petersburgo, en la boda de su hermana Ella con otro Romanov. El flechazo surgió, seguido de un rápido noviazgo y un enlace matrimonial que convertiría a Alix en emperatriz de todas las Rusias, una de las mujeres más admiradas y envidiadas de la tierra. 

Los majestuosos ecos de la novela resuenan en la lujosa soledad de los palacios, en las casas de recreo y en los yates de la nobleza europea. Obsesionada por proporcionar al zar, a Rusia, un heredero varón, Alejandra luchará por no reducir sus funciones, sus misiones, al alumbramiento de sus hijos (hijas, hasta cuatro, una detrás de otra), cultivándose como una mujer de su tiempo. Como Sissi, por ejemplo, a la que conocerá en Austria, siendo ya la emperatriz Elisabeth prisionera de la corte de Francisco José y de sus propias insatisfacciones. 

En el caso de Alejandra, el monje Rasputin le ayudará a luchar contra esos y otros demonios, en una relación tan apasionante y misteriosa como magnificada por la leyenda. Rasputín sería asesinado y finalmente también ellos, los Romanov, caerán abatidos a balazos en la casa de Ekaterimburgo donde había sido confinados por orden de Lenin, quien firmó su ejecución. Sus cuerpos fueron enterrados en una tumba anónima en los Urales. A partir de entonces nació la leyenda. 

Novela elegante, suntuosa, escrita con precisión y dulzura desde el interior de la  corte rusa y de la intimidad del alma de la última zarina, se lee con una mezcla de asombro, por la variedad y riqueza de materiales empleados, y gratitud, por los placenteros efectos que su lectura provoca. La inspiración y el tratamiento de la atmósfera, el vestuario, el mobiliario, las joyas, el protocolo, el paisaje, las escenas de amores y juegos recuerdan al Orlando de Virginia Woolf. Y el retrato psicológico de la zarina Alejandra, a las plumas de un Robert Graves o de un Gore Vidal en el acto de resucitar a sus Julianos y Claudios.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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