El monarca reformista

19 / 01 / 2017 Juan Bolea
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Carlos III, dotado para los idiomas, hablaba alemán y tres dialectos italianos.

Carlos III

El tricentenario de Carlos III se está conmemorando con exposiciones y publicaciones. Muy destacable me ha parecido la biografía que le acaba de dedicar Roberto Fernández, Carlos III, un monarca reformista (Espasa).

De Carlos III nos separan trescientos años, pero entre nuestro tiempo y el suyo hay puentes tendidos en la historia. Y eso que tenía todas las papeletas para seguir los pasos de Felipe V y dedicarse a presidir de manera hedonista e irrelevante el reino. No en vano desde su infancia quedó al cuidado de un ejército de cortesanos aleccionados en el absolutismo y la fe, encargados de velar por su salud y aislarlo del pueblo. Aya, nodriza, lavanderas, acunadoras, barrenderas, almidoneras, ama de repuesto... hasta una docena de mujeres al servicio del infante de España, y eso que, según acreditó su primer biógrafo, el conde Fernán Núñez, describiéndolo como “un niño muy rubio, hermoso y blanco”, su salud era excelente. También su formación. Su aprendizaje de la lectura y la escritura se encomendó al profesor Joseph Arnaud, de ahí que sus primeras cartas las redactara en francés. Su madre, Isabel de Farnesio, le hablaba en italiano. Con sus ayas, se expresaba en castellano.

A los 7 años (1723), Carlos pasó al cuidado de los hombres. En El Escorial se le dispuso un cuarto personal con ayo (el duque de San Pedro), gentilhombre de manga, contador, médico, ayudas de cámara, ujier de cámara, ujier de saleta, mozo de retrete, barrenderos... El padre Severo de la Conca le instruyó en moral y el jesuita francés Ignacio Labreuse en geografía, cronología, historia sagrada e historia general de España y Francia. Dotado para los idiomas, Carlos hablaba alemán y tres dialectos italianos, napolitano, florentino y lombardo. Jean Ranc lo retrató en el infante don Carlos herborizando como lo que realmente iba a ser, un príncipe ilustrado y reformista, y el mejor, siguen diciendo los madrileños, alcalde de Madrid.

Un volumen, el de Roberto Fernández, primorosamente editado y escrito en la línea panorámica, profunda, rigurosa, con vuelo y detalle, seriedad y amenidad de un Henri Pirenne, maestro al que Fernández, que también lo es, cita como ejemplo de historiador a seguir en su capacidad comprensiva y expositiva. Las mujeres y los reinos del rey Carlos, las potencias de Europa, Esquilache, Aranda, Grimaldi, Floridablanca, Wall, Olavide, los grandes ministros y personalidades que forjaron aquel ilustrado del XVIII, a medio camino entre el feudalismo y la modernidad, desfilan por estas igualmente ilustradas páginas que nos recuerdan hitos como la creación de los Reales Estudios de San Isidro (1770), la primera gramática de la Real Academia (1771), la construcción de la Puerta de Alcalá (1778) o la paz de Versalles (1783).

El legado de Carlos III sería fagocitado por Carlos IV, Godoy y Fernando VII, pero esa es otra historia...

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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