Todopoderoso Dalí

18 / 04 / 2013 9:55 Pedro García
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La primavera artística tiene dueño: Salvador Dalí. El poliédrico maestro surrealista protagoniza en el Reina Sofía de Madrid la exposición más esperada del año.

Joaquín Soler Serrano recibe a Dalí a puerta gayola: “Perverso, polimorfo, anarquista, surrealista, excelso, divino, déspota supremo que rompe con todo, poseído de un delirio furiosamente dionisíaco ávido de dólares...”. Y el artista, atado a su bastón, ante las cámaras de TVE –estamos en 1977–, le corta súbitamente: “Y monárquico”. Se hace el silencio y Dalí continúa: “Pero no políticamente, sino metafísicamente. Para mí la monarquía es la prueba de la validez del ácido desoxirribonucleico, o sea, que desde la primera célula viviente hasta la última todo se ha trasmitido ge-né-ti-ca-men-te [dice mientras arrastra las sílabas], pero soy apolítico total: si hubiese un partido monárquico nunca quisiera participar en él”. Soler Serrano replica: “¿En un partido daliniano acaso?”. Y llega el desenlace, imprevisible como el que lo firma: “En absoluto, cada día soy más ‘antidaliniano’: a medida que me admiro más, encuentro que soy una real catástrofe. Si hubiera 2.000 Picassos, 30 Dalís o 50 Einsteins, el mundo sería prácticamente inhabitable. Pero que nadie se espante: no los hay”.

Dalí está cómodo en la penumbra de los estudios donde el periodista Joaquín Soler Serrano realizó su serie de entrevistas A Fondo con los españoles más relevantes del siglo XX: 73 años a cuestas y su eterno bigote velazqueño más erguido que nunca. La conversación continúa: la vigencia de los relojes blandos, la influencia freudiana de su hermano muerto, con el que compartió nombre, la física, la biología, los espejos, las anécdotas con Picasso o Jean Cocteau, la miel y el azúcar de dátil para cazar moscas con la boca, la devoción por Gala, su musa, el catolicismo y el más allá, la admiración por Velázquez, el valor místico del dinero, el surrealismo, Lorca, la muerte... Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech, marqués de Dalí y de Púbol (Figueras, 1904 - Figueras, 1989) repasa sus inquietudes y virtudes, abismos y ensoñaciones, universos y exploraciones, traumas y alegrías. Y su pintura. “Hoy... –exclama levantando la voz y el bastón– ¡¡Eureka!! He encontrado mi pintura, y se llama hiperrealismo metafíssssico”. Es una estrella global. Es la personalidad viva más extravagante del siglo junto con Warhol. Vive en la cresta de una ola permanente.

El rey de los surrealistas.

Casi cuatro décadas después de aquella entrevista y 14 años después de su muerte, el maestro ampurdanés y su legado siguen arrasando. Rey de los surrealistas en el mundo de las subastas y el coleccionismo, las muestras sobre su obra siguen despertando un interés desorbitado. Que se lo digan a los parisinos, que se merendaron literalmente la exposición retrospectiva organizada el pasado otoño en el Pompidou: fue nombrada “exposición del año en Francia”. Y esa muestra, la más ambiciosa en muchos años sobre la obra de Dalí, llega ahora a Madrid de la mano del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), que la ha urdido, coordinado y gestionado codo con codo con la institución francesa, la Fundación Gala-Salvador Dalí de Figueras y el Salvador Dali Museum Saint Petersburg (Florida), sin olvidar el apoyo de Abertis en materia de patrocinios. Marquen con rojo intenso estas fechas en su calendario de visitas imperdonables: Dalí. Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas, del 27 de abril al 2 de septiembre en el MNCARS. Será la exposición del año en nuestro país. No sería justo que un esfuerzo de este tamaño –se han reunido más de 200 obras, entre ellas las más aplaudidas del autor–, que va a permitir al público descubrir al Dalí pensador y escritor, al hombre de ciencia, pasase inadvertido, ya que “difícilmente podrá repetirse uno igual en mucho tiempo”, como asegura Manuel Borja-Villel, director del MNCARS.

El timonel del Reina Sofía se refiere a la interminable lista de joyas que en apenas unos días su institución lucirá con orgullo. Meses y meses de gestiones para ser capaces de reunir los destinos de la archiconocida La persistencia de la memoria, que llega desde el Moma de Nueva York; Construcción blanda con judías hervidas y Premonición de la guerra civil, que aterrizan vía París desde el Philadelphia Museum of Art; Metamorfosis de Narciso, cima y síntesis pictórica de su método paranoico-crítico, que ha cedido la Tate Modern de Londres; o La tentación de San Antonio, que prestan los Musées Royaux des Beaux-Arts de Bélgica. Pero hay más: Autorretrato Cubista, Retrato de mi padre, Muchacha en la ventana, Paisaje de Cadaqués, Retrato de Buñuel, Academia neocubista, Asno podrido, El gran masturbador, Guillermo Tell [mito que, según reconoció en varias ocasiones, persiguió a Dalí toda su vida], White Aphrodisiac Telephone, Cabeza rafaelesca estallando, La máxima velocidad de la Madonna de Rafael o Dalí de espaldas pintando a Gala de espaldas eternizada por seis córneas virtuales provisionalmente reflejadas en seis verdaderos espejos. Un repaso total y totalizador. Una oportunidad única para volver a sorprenderse con un universo irrepetible. “No hay tantos con ese carácter poliédrico en el siglo XX –advierte Borja-Villel–, lo tiene Picasso y lo tienen Duchamp y Cage, aunque de manera distinta. Son las figuras claves [de la cultura] del siglo XX”.

(Re)descubrir al creador. Según el director del MNCARS, en unos días “los españoles van a descubrir a un Dalí poliédrico que de algún modo ya se conocía: el de la ciencia, el que mata al espectador en los anuncios, el de los grandes happenings, pero la gran novedad de esta exposición es que hay muchas obras que no se habían visto juntas desde hace mucho tiempo, entre colecciones privadas y museos que normalmente no las prestan, y ahora podemos verlas de nuevo, con la perspectiva del tiempo, y contemplar cómo todo está relacionado. La última retrospectiva de Dalí que se hizo en España fue hace mucho tiempo, por tanto hay una generación que no ha visto en su complejidad y de un modo exhaustivo su obra. Se han hecho bastantes exposiciones específicas pero no totales, y si hay un artista que es importante ver en su trayectoria, ese es Dalí. Además, ha pasado ya una distancia suficiente desde su muerte como para que podamos mirar su figura sin los prejuicios que acaparó en los 70”.

Borja-Villel se refiere al gusto de Dalí por las grandes marcas de la sociedad de masas, a sus incursiones en el cine y el teatro y el cómic, y a sus coqueteos con un sistema de producción artística criticado por demasiado industrial.

“Ahora podemos ver la verdadera relación de Dalí con un mundo que estaba cambiando –matiza Borja-Villel–. Mire, es muy significativo que en una época en que los artistas miraban a París o Nueva York como las capitales del mundo de la cultura, él mira a Hollywood, viaja con Disney y se da cuenta de que la visión del artista romántico ha cambiado”.

La vida del artista: algo que Dalí cambió para siempre mientras desarrollaba un personaje mediático que ensayó de niño, perfiló de adolescente y paseó durante su vida entera. “Cuando estaba con sus amigos y se acercaba una cámara de televisión, siempre les decía: ‘Bueno, voy a hacer de Dalí’. Era consciente al cien por cien del personaje que se había creado”, explica Montserrat Aguer, directora de Fundación Gala-Salvador Dalí y comisaria principal de la exposición. Una cosa segura: Dalí puso patas arriba el arte del siglo XX y, como aseguran muchos especialistas, dio solución al callejón sin salida de la abstracción, pero también cambió el modo de vida del artista y su imagen ante la sociedad.

“Un referente para el siglo XXI”.

¿Ha pasado bien el tiempo para Dalí? Borja-Villel cree que sí: “Sin duda, por diversas razones había una serie de prejuicios en relación a su figura, que eran claros en los 70 y a principios de los 80, pero ha pasado el tiempo y ha habido nuevas investigaciones y gente que se ha aproximado a la obra desde otros puntos de vista, sin olvidar el encomiable trabajo de la Fundación Gala-Salvador Dalí. Creo que hoy estamos en disposición de rexaminar su obra”.

Aguer está de acuerdo: “El tiempo nos da una nueva pátina para poder analizarle de manera más objetiva; el tiempo no va a hacer más que ayudar a consolidarle cada vez más como uno de los grandes creadores del siglo XX”.

“Yo soy el surrealismo”, les atizó a sus compañeros de vanguardia cuando le expulsaron del grupo. Pero Dalí fue mucho más. “Es uno de los grandes del siglo XX, sin duda –sintetiza Aguer– con una visión muy particular de un universo que creó a partir de su subconsciente y que plasmó en unas imágenes únicas. Se lo digo de otro modo: cuando ves una obra de Dalí, sabes que es de Dalí. Los paisajes, los símbolos, los objetos... su obra te abre a diversos ámbitos más allá del arte, como la literatura, la publicidad o el diseño; conectó con distintos lenguajes creativos”. Bajo el manto sideral de una figura excéntrica y obsesionada con el dinero se escondía un hombre eterno. Un talento todopoderoso. Será el día 27.

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