Tàpies imprescindible
Un repaso fugaz a diez obras clave del genio vanguardista catalán fallecido a los 88 años.
Silencio, mucho silencio. Tanto, que la familia tardó un día entero en hacer pública su muerte. No habrá funeral multitudinario. La familia decidió abrir las puertas de la fundación Tàpies y organizar una muestra a modo de misa de despedida con su obra Terros, un autorretrato con calavera de 1985, en el centro de todas la miradas. Una especie de cuerpo presente.
Tàpies (Barcelona, 13 de diciembre de 1923 - 6 de febrero de 2012) fue dueño de una mirada tan personal que su estilo tiene nombre propio: pintura matérica. Creador activo y catalán activista. Infatigable, no dejó de producir hasta que la edad se lo impidió y nunca supo decir que no a un encargo que tuviese Cataluña de fondo. Venerado en universidades, museos y academias a lo largo y ancho de los cinco continentes, su obra es un mosaico borroso de superficies rasgadas, irregulares y resquebrajadas por la presencia de materiales extraídos del deshecho cotidiano. Superficies terriblemente profundas. Ya lo decía Josep Pla, ilustre catalán como él: “Lo más profundo del ser humano es la piel”. Influido hasta la médula por el universo oriental zen, la pintura y la escultura de Tápies dibujan el camino de un gigante de las vanguardias de la segunda mitad del siglo XX. A continuación, una selección de sus obras más impactantes.


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