Se buscan 926 obras de arte

13 / 11 / 2009 12:23 Javier Otero
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El Tribunal de Cuentas ha puesto en manos de la Fiscalía la investigación de las posibles responsabilidades penales por la desaparición de fondos del Museo del Prado. 

Novecientas veintiséis obras del Museo del Prado no aparecen. El dato se ha hecho oficial en una fiscalización del Tribunal de Cuentas. Este organismo, a su vez, ha puesto el asunto en manos de la Fiscalía General del Estado para depurar posibles responsabilidades penales. Detrás se encuentra una historia en la que se mezclan guerras, revoluciones, incendios, extravíos por ignorancia y la tentación de sacar a la venta algunas de ellas en el mercado del arte. Algunas han aparecido y vuelven al control del Prado.
El Tribunal de Cuentas ha remitido al Congreso de los Diputados el informe sobre la fiscalización del Museo del Prado correspondiente al ejercicio de 2005. El Parlamento no ha estudiado aún este informe que fue aprobado por el pleno del Tribunal de Cuentas el pasado mes de octubre. En este documento se relata el análisis realizado sobre los procedimientos aplicados por el museo en la gestión y control de las obras de arte y se da cuenta de que “dentro del conjunto de obras catalogadas cuya titularidad corresponde al museo había un total de 926 cuya existencia y titularidad se conocen por medio de los inventarios históricos, pero se ignoraba su localización Esta situación ha tenido como consecuencia que la Fiscalía del Tribunal de Cuentas haya puesto en manos de la Fiscalía General del Estado el asunto para depurar las posibles responsabilidades penales, como aparece reflejado en la memoria de esta última. Hasta el momento, la Fiscalía General del Estado no se ha dirigido al Museo del Prado para recabar más información ni ha designado un fiscal para el caso.
Aunque es inútil hacer una valoración de las obras que no se logran localizar, baste decir que hace años una de las que se creía perdida tuvo un precio de salida en una subasta de 27.000 euros. Lienzos de autores incluidos en el listado de obras que no aparecen, como Carlos de Haes, han alcanzado precios de entre 20.000 y 45.000 euros en subastas recientes. De otros no se encuentra apenas obra a la venta en el mercado, por lo que, por su excepcionalidad, la valoración es más difícil. Por ejemplo, no se localiza una obra de Casado del Alisal, que es el autor del gran óleo que decora el salón de plenos del Congreso de los Diputados, que representa el juramento de las Cortes de 1810 en la Iglesia Mayor de San Fernando (Cádiz) y uno de los pintores encargados de decorar la basílica de San Francisco el Grande en Madrid.
En la institución a cuyo frente se encuentra el fiscal general Cándido Conde- Pumpido han constatado que en 1978 se iniciaron unas actuaciones sobre un conjunto de obras del Museo del Prado que no estaban localizadas. La investigación de la Fiscalía en esos años, que contó con la colaboración del Museo del Prado, supuso la revisión del inventario y la localización de las primeras obras. El asunto quedó pendiente en 1980 de que finalizara el trabajo de revisión del inventario y de localización de obras. Treinta años después, la culminación de los trabajos ha llevado a cerrar prácticamente una cifra de 926 obras sin localizar, lo que ha provocado que el Tribunal de Cuentas traslade el caso a la Fiscalía General del Estado.
Inventarios e informática
Estas 926 obras se refieren a 2007, ya que el sistema informático que gestiona el inventario no ofrecía la posibilidad de agrupar las obras no localizadas hasta ese año. Según consta en los inventarios, la mayoría de las obras en paradero desconocido forman parte de aquellas que el Museo del Prado mantenía depositadas en otros museos e instituciones. También hay un porcentaje importante de obras que desaparecieron durante acontecimientos bélicos e incendios, aunque no se ha podido certificar de forma fehaciente su destrucción. Finalmente, otra parte de estas obras consta en los inventarios de colecciones como la del Museo de la Trinidad, que se adscribieron al Prado, aunque no existe constancia de que la mayoría de esas obras llegaran a ingresar efectivamente en el Prado, según explican los responsables de este museo a <i>Tiempo</I>.
La colección del Museo del Prado está formada por aproximadamente 7.600 pinturas, 1.000 esculturas, 3.000 estampas y 6.400 dibujos. De ellas, alrededor de 3.100 obras, sobre todo pinturas y esculturas, forman parte del llamado Prado disperso, en depósito en otras instituciones y museos. Pero ni los incendios ni las guerras explican bien todas las desapariciones. En 1915 se produjo un incendio en el edificio del Tribunal Supremo y el Colegio de Abogados de Madrid donde resultaron quemadas o perdidas 51 pinturas de las 106 que el Museo del Prado tenía depositadas en ese edificio. Casi 80 años después, en 1994, una de las obras que se creía convertida en cenizas en el incendio fue descubierta en el catálogo extraordinario de Navidad de la sala de subastas Durán, de Madrid, con un precio de salida de 4,5 millones de pesetas. Se trataba de Abraham y los tres ángeles del pintor del siglo XVII Juan Antonio de Frías y Escalante. La policía requisó el cuadro, que fue devuelto al Museo del Prado.
Indemnizaciones
En algunos casos, el Estado ha indemnizado al dueño con el precio de salida de subasta, al considerar que se trata de compradores de buena fe muchos años después de la desaparición de los lienzos. De hecho, había referencias de que había aparecido en el mercado madrileño en 1970. Otra pintura que figuraba como desaparecida en ese incendio, El rey godo Alarico, de Carlos María Esquivel, fue localizada en 2003 en los almacenes del Museo de Segovia y hoy se encuentra expuesta en el Congreso de los Diputados en Madrid desde 2006. También se encontraba desaparecido El arco del rey Casto, de José Uría, de 1887.
El cuadro había desaparecido del Gobierno Civil de Barcelona donde estaba depositado desde 1904 y apareció en una casa de subastas en 1980. Hoy se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo. En el caso de la desaparición del cuadro Port de Barcelona, del pintor Eliseu Meifrén, constaba que se trataba, directamente, de un robo. La pintura se encontraba depositada en un museo de Cádiz y fue sustraída en 1975. El Museo del Prado lo denunció a la policía y se reclamó la obra tras aparecer en un anticuario. Sin embargo, no tuvo éxito, ya que el propietario argumentó que se trataba de otro cuadro. Curiosamente la obra fue comprada por la Autoridad Portuaria de Barcelona. Más recientemente, en junio de 2006, se localizó en la casa de subastas Segre La vuelta a la patria, un cuadro de Antonio Caula que se encontraba depositado en el Palacio Real de Madrid desde diciembre de 1882 y que había desaparecido. La pintura vuelve a colgar de las paredes del Palacio de Oriente desde el mes siguiente a su recuperación, para lo que el Museo del Prado indemnizó a la propietaria.
Hoy cuelga en una de los estancias privadas del Palacio Real, en lo que fueron los aposentos de la reina María Cristina. De todas formas, la responsable del control de depósitos, Mercedes Orihue la, explica que los casos de obras perdidas que han terminado siendo puestas a la venta son muy excepcionales. Orihuela, autora también del inventario oficial publicado por el museo, ya participó en las investigaciones de la Fiscalía de 1978. El Prado ha ido localizando obras que se encontraban depositadas en museos y otras instituciones. En ocasiones, las entidades que los tenían en sus manos olvidaban que se trataba de obras que eran del Museo del Prado y las trasladaban o se deshacían de ellas. Así ocurrió probablemente con un bodegón de Bartolomé Montalvo, uno de los pocos pintores españoles de los que colgaban bodegones en el Prado en el siglo XIX, que desapareció de Córdoba, donde estaba depositado, y se localizó en una subasta en Londres.
Parece que el director del centro, poco consciente de la importancia del mismo, le dijo al personal del centro que se llevaran lo que quisieran poco antes de ser derribado el edificio que albergaba el cuadro. Al aparecer en la subasta El Prado realizó una denuncia policial y se abrió un expediente por exportación ilegal. En este caso, el propietario renunció a la indemnización. Aun así, la lista de obras desaparecidas es amplia y los responsables del museo creen que ya se recuperarán pocas de ellas. El hecho de que haya obras sin localizar “tiene que ver más con la historia del museo que con la gestión”, señala la coordinadora general de conservación, Judith Ara, en referencia a los avatares derivados del aluvión de colecciones que forman el Prado actual y a los sucesos históricos que han hecho mella en sus fondos.
Revisiones periódicas
El Museo del Prado realiza revisiones periódicas de las obras depositadas en otras instituciones. De esta manera, ha logrado que poco a poco aparezcan algunas obras que no se conseguían localizar. La continua revisión de sus almacenes ha conseguido la localización de obras que constaban en los inventarios del antiguo Museo de la Trinidad. También se les pide a las instituciones un plan museográfico que garantice que aquellas obras que se encuentren en lugares poco visibles al público tengan un régimen de visitas. Además, dentro de poco se inaugurará un nuevo centro de gestión de depósitos, que se instalará en la Casa de los Águila, en Ávila.
También se han realizado otras gestiones como un acuerdo de colaboración con el Museo Nacional de Arte de Cataluña para que éste contribuya al control de los depósitos del Museo del Prado en instituciones y museos de Cataluña. Respecto a la investigación de la Fiscalía en 1978, ésta se inició por la presentación de una denuncia en la Fiscalía General del Estado por la supuesta desaparición de fondos del Museo del Prado tras aparecer las primeras noticias confusas sobre un alto número de obras sin localizar.
Los primeros informes corroboraron que había obras dispersas en otros centros de las que se desconocía su paradero real. Por esta razón la Fiscalía abrió una investigación especial en la que intervino la Policía Judicial. Según recuerda Mercedes Orihuela, que fue designada entonces por el museo para participar en el equipo de esta investigación, aquella intervención de la Fiscalía abrió el camino para el control del inventario y la localización de obras.
“Patrimonio de la nación”
En las primeras intervenciones se acreditó que 590 obras podían darse por perdidas, aunque el trabajo de revisión del inventario continuaría varios años. La Fiscalía General del Estado llamó la atención sobre la falta de control padecida durante años sobre las obras depositadas en otras instituciones. El fiscal, para apoyar su actuación, recordó las palabras de Alfonso E. Pérez Sánchez, quien llegó a ser posteriormente director del Museo del Prado de 1983 a 1991, cuando se quejaba en un libro de 1977 del descontrol sobre unos lienzos “que eran, todos, patrimonio de la nación y muchas veces obras de interés objetivo considerable”. La investigación de la Fiscalía en 1979 dio como resultado en sus primeras pesquisas localizar una Purísima de Carreño que había sido depositada en el Asilo de Cigarreras en Madrid y que apareció en la maternidad de la calle O’Donnell de la capital. También localizó un Tiziano en Sabadell. En 1980 el fiscal general afirmó que la investigación no podría cerrarse definitivamente hasta que no se acreditara “cuál es exactamente el patrimonio del Museo del Prado” y sentenció en la memoria anual que “el museo debe saber lo que tiene y dónde lo tiene”. En aquel momento las obras que se consideraban perdidas ascendían ya a 1.046 y estaban pendientes de localización otras 379. La Fiscalía no encontró entonces responsabilidades penales y esperaba cerrar provisionalmente el expediente con la salvedad hecha de que el trabajo que debía continuar en el Museo de puesta al día del inventario no obligara a su reapertura.  

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