¿Quiere conocer a Thomas Pynchon?

18 / 03 / 2011 0:00 POR JUAN SOTO IVARS
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Es uno de los más admirados escritores del mundo, pero hace años que nadie lo ve. Ahora se ha convertido en personaje de otras novelas. ¿Dónde se esconde?

Thomas Ruggles Pynchon nació en 1937. Estudió Ingeniería Física en la Universidad de Cornell, dio un curso con Nabokov, que diría más adelante no recordarle, y trabajó en la empresa Boeing. Escribe novelas y ha ganado premios. Se le traduce y se le lee en todo el mundo, y no da entrevistas. Apenas tres o cuatro fotos suyas, de cuando era joven, rondan por ahí.

Si se escribiera su biografía, ésta sería la mayor parte de los datos disponibles sobre uno de los escritores vivos más celebrados en todo el mundo. Sin embargo, dado que ha desaparecido su expediente académico, el de la marina e incluso su ficha en la empresa Boeing, parece claro que esto es más de lo que a Thomas Pynchon le gustaría que supiéramos.

La editorial Tusquets publica todos sus libros, que componen el gran monumento, la sublimación de la cultura Pulp. Su obra es un conjunto de novelas eruditas, maximalistas y posmodernas donde se mezcla la ciencia, la historia, la imaginación, la conspiración política y la cultura en una coctelera de extrañeza.

Si Pynchon es su obra, serían sus traductores las personas más cercanas. Uno de los que se enfrentaron a la proeza de traducir una de sus últimas novelas prefiere, de un modo muy pynchoniano, no ser citado como fuente. Explica que traducir sus novelas es “un placer y un ejercicio de paciencia; un placer por el texto, y un ejercicio de paciencia por las imposiciones –económicas y de plazos– editoriales”. Pero la cosa no queda ahí.

Es muy habitual que los lectores se interesen por la vida de los escritores, y la tradición impone a los artistas algo parecido a una obligación de mostrarse a través de los medios de comunicación de masas. Se esperan sus autobiografías, se compran y se leen. Muchos son acusados incluso de chupar cámara. De perder el tiempo necesario para escribir una gran obra concediendo entrevistas y posando ante las cámaras de los saraos. Thomas Pynchon, sencillamente, se niega a hacerlo. Un cómico disfrazado de payaso fue a recoger un premio en su nombre. Esta actitud categórica ha generado multitud de rumores, pero da la sensación de que ahí es donde Pynchon prefiere estar. De que le divierte.

Así piensa el traductor, que dice que no calificaría, “en ningún caso, la negativa de Pynchon a aparecer en los medios como estrategia comercial. Lo único que quiere es reírse un poco (él, que puede) y que lo dejen en paz. Por otra parte, vive en este mundo y esporádicamente asoma la nariz, mojándose en algún artículo. La anomalía, en todo caso, es la contraria: la necesidad de visibilizarse (¿venderse?) en todas partes”.

La persecución.

Pero muchos, no contentos con su obra, quieren acercarse al que se esconde. Su figura genera artículos conspiranoicos, rumores en Internet y, por el respeto que se tiene a su obra inclasificable y expansiva en los círculos literarios, libros de lo más extraño. Aparece como personaje en Los Simpsons, se convierte en héroe de cómic y hace cameos en novelas. Uno de los últimos libros en esta especie de fenómeno lo publicó Alpha Decay hace unas semanas. Se llama Pynchon, un escritor sin orificios, y lo escribe Rubén Martín G. El libro, que cabe en un bolsillo, es un ataque ficticio a la prolijidad de Thomas Pynchon, en especial a El arcoíris de la gravedad, una de sus novelas más extensas, con más de 1.100 páginas.

El arcoíris de la gravedad arranca en el Londres de 1944 y cuenta, entre un millón de historias, la de Tyrone Slothrop, un militar norteamericano con un insólito problema. Cada vez que cae un misil V2 alemán en algún punto de la ciudad, él tiene una intensa erección. Sobre este libro escribió en El País Rodrigo Fresán: “Por un lado está la Gran Novela Americana (que nace de Mark Twain y que aspira a contar todo lo que ocurre durante un determinado momento en Estados Unidos) y por otro está la Enorme Novela Americana. Este último monstruo que surge de Moby Dick y -con modales leviatánicos, experimentales y absolutos- siente el placer y la obligación de narrar, simbólicamente, a todo el universo mientras lo contamina y lo arrasa con una furia inequívocamente made in USA”.

Narrar todo el universo mientras lo contamina parece una buena explicación de sus intenciones literarias. En la odisea que el protagonista Slothrop emprende por la Alemania previa al colapso nazi se entretejen cientos de personajes y cambios de puntos de vista. Por esto la lectura puede resultar tan ardua y tan frustrante como apasionada y divertida. Existen guías de lectura en Internet y los blogs están achicharrados de publicaciones de lo más peregrinas: desde las que entienden el libro como una teoría sobre las relaciones de misteriosas corporaciones americanas con los nazis, hasta las que recopilan, por el mero gusto de la enumeración, las anécdotas más descacharrantes.

Pynchon y el Club Bildelberg.

Este libro le valió el National Book Award, el curioso honor de perder el Pulitzer por considerarse el texto excesivo y obsceno y, esto es lo más importante, el paso al mundo de las celebridades de la literatura. Algo que, para alguien tan escurridizo como Pynchon, marcó, se supone, el inicio de una nueva vida. La de esconderse de la mirada implacable de la fama. De los fans, los críticos y los periodistas. Quizás de algún ataque insólito.

Acerca de este momento clave de la vida del hombre invisible y de las experiencias de lectura frustradas escribe su libro Rubén Martín G. Es, dice, “la pataleta de un tarado que finge poseer en todo momento el control sobre el asunto que trata”. Se compone de tres cartas ficticias: dos de este tarado a Thomas Pynchon, con amenazas y estrambóticas reflexiones, y una del Club Bildelberg, al que Pynchon ha pedido ayuda para desenmascarar al culpable. Añade Martín: “Pynchon es seguramente de los autores americanos con más bibliografía, así que, en este sentido, la privacidad y el secreto de su vida pueden haber influido para acrecentarla a fuerza de especulaciones. Por eso creo que podría ser un buen momento para salir a la luz: ¿y si la curiosidad en torno a su persona opaca la percepción que tenemos de su obra?”.

Existe una especie de tabú con Pynchon debido al escándalo que genera su silencio y el peso y lo complicado de su obra: ¿quién lo lee? ¿Quién lo comprende? ¿Quién está dispuesto realmente a conocerlo? Un artículo en Revista de letras rompió este tabú. Lo escribió José Luis Amores como reseña de Contraluz, pero arranca con una contundente reflexión sobre el fenómeno: “No he leído críticas porque no las hay, son tan raras como una fotografía del autor. No hay críticas porque los críticos no se han leído el libro. No se han leído el libro porque han perdido la costumbre de leer. Han perdido la costumbre de leer porque, como se dice por ahí, ahora se estila más el solapismo ilustrado”.

Esta idea obsesiona a Rubén Martín y es uno de los motivos de su libro. El furioso personaje ataca a Pynchon porque le resulta imposible leerlo. Lo ha intentado con El arcoíris y la experiencia parece haberle destrozado. El ataque es exagerado, caótico. El pequeño libro comporta una radiografía de los huesos mentales tras la paliza lectora de Pynchon.

Dice el autor que “estamos acostumbrados a lo inmediato de la segunda opinión, con Internet se ha facilitado mucho esta práctica. Con un libro pequeño como es éste se puede despertar la curiosidad sobre Pynchon a través de la opinión negativa novelada de un personaje claramente desmesurado, rabelaisiano. Quien ya conozca la literatura de Pynchon sólo lo podrá leer jugando a rebatir al remitente y reírse de un desgraciado (algo bastante sano y que cada día está peor visto)”.

Mucho más difícil que encontrárselo comprando el pan, que convencerlo para que acceda a dar una entrevista, mucho más esclarecedor sobre quién es Thomas Pynchon, es leerlo. A la pregunta de ¿dónde se esconde Thomas Pynchon? la respuesta es: en la fortaleza de su obra.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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