Qué busca la baronesa

10 / 07 / 2006 0:00
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La negociación de la permanencia en España de su colección de arte tiene mucho que ver con las quejas urbanísticas y ecológicas de Tita Cervera.

En apenas dos metros de acera, la entrada principal del Museo Thyssen tiene sus obstáculos habituales: el perenne repartidor de los menús de un bar cercano, grupos de chicas que intentan sacar carteras y monederos de donde no deben, cuatro carriles de circulación constante.

Aquello, dada la afluencia de público al Palacio de Villahermosa, está siempre atestado. El proyecto liderado por el arquitecto portugués Álvaro Siza de remodelación del eje PradoRecoletos contempla, entre otras cosas, que esta acera se ensanche hasta más de siete metros. Así, los cuatro carriles de circulación que seguirán pasando frente al edificio quedarán más alejados, habrá más espacio para los visitantes del museo...

Árboles...

Pero la baronesa Thyssen, ahora, no está conforme con tener coches ante su puerta y con que se vayan a trasladar unos cuantos árboles.Tras esta protesta de tintes ecológicos, aparece la seria sospecha de que para Carmen Cervera fuera un recurso más que poner encima –o debajo– de la mesa en la que se negocie el futuro de su colección, expuesta en el Thyssen desde mayo de 2005, tras las obras de ampliación del museo, y prestada al Estado hasta 2013.Y a eso se añade la impresión de que no acaba de considerarse reconocida en España.

“No se puede meter una colección de arte en una autopista”, he declarado la baronesa. También ha dicho que no piensa escuchar ninguna oferta del Gobierno sobre su colección, y que no le gustaría que ésta se quedara donde está si las transformaciones urbanísticas siguen por los derroteros por los que van. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, sostiene que el tráfico en esa céntrica zona de la ciudad, tras la remodelación, disminuirá en un 60%.

Del mismo modo que se hizo en 1988 con la Colección Thyssen –en aquella ocasión se firmó un acuerdo de cesión temporal por diez años que acabaron en compra–, la baronesa firmó, en 2000, con Mariano Rajoy, entonces ministro de Educación y Cultura, un acuerdo de cesión de su colección personal por un periodo de once años.

En el horizonte estaba la posibilidad de vender la colección, unas 600 obras que Carmen Cervera ha ido reuniendo de acuerdo con sus propios gustos. Los expertos no se ponen de acuerdo a propósito de su posible valor de compra. Para algunos estaría entre los 150 y los 180 millones de euros, mientras que otras estimaciones más cercanas a los círculos de los Thyssen hablan de que ese precio estaría entre los 400 y los 600 millones de euros. La baronesa ha reconocido que las compras más caras fueron La esclusa, del paisajista inglés John Constable, y el famoso Mata Mua, de Paul Gaugin.

Lo de Carmen Cervera en las últimas semanas no han sido amenazas, han sido advertencias en toda regla. ¿O quizá faroles de buen negociador? Delfín Rodríguez, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, es crítico con algunos aspectos del proyecto Prado-Recoletos, pero tiene confianza en el equipo de arquitectos (Siza, Hernández León, Riaño,Terán y Rueda): “Son profesionales espléndidos.Todos nos podemos confundir, pero estoy convencido de que van a ser cuidadosos al máximo”.Además, Rodríguez recuerda que el proyecto estuvo expuesto dos meses, y que ése fue el momento de las alegaciones.

Respecto a la Colección Carmen Thyssen, el catedrático cree que hay obras interesantes, y otras que no tanto. Para él, hay piezas que merecería la pena que permanecieran en Madrid,“algunas pueden cubrir lagunas de la propia Colección Thyssen”, pero si la permanencia “se debe negociar en bloque, habría que pensárselo”.

La crisis

En el enfado de la baronesa hay una parte de celos respecto al Museo del Prado, con cuya futura situación, libre de tráfico rodado, compara constantemente la de su museo. Sin entrar en polémicas, el director del Prado, Miguel Zugaza, dice que “en cualquier reorganización del espacio urbanístico del antiguo Salón del Prado, el edificio del museo es el que configura ese espacio público y, lógicamente, tiene un peso específico”. No obstante, está convencido de que ese distrito del arte del que ya se está hablando gira alrededor de tres grandes instituciones, que no son sino el propio Prado, el Reina Sofía y el Thyssen. Además, recuerda que el proyecto resuelve un problema del que poco, o nada, se está hablando: el aparcamiento de los numerosos autobuses que llegan hasta la zona y que ahora se estacionan en los alre- dedores de los tres museos. Respecto a la polémica, Zugaza se muestra un tanto perplejo: “No entiendo muy bien lo que está pasando. Es evidente que este proyecto ha sido sometido a todos los procesos de censura y de exposición pública y parece que a última hora hay una crisis por una cuestión que no sé si tiene o no tiene solución. Sí me preocupa la imagen. Este proyecto, igual que la ampliación del Prado y de otros grandes museos, forma parte de la imagen de nuestro país, tiene una proyección internacional muy importante. Andar constantemente polemizando sobre estos proyectos erosiona mucho la seriedad con la que hacemos las cosas aquí”.

Desde el Museo del Prado se presentaron las alegaciones durante el periodo pertinente. Desde el Jardín Botánico, Gonzalo Nieto, su nuevo director, recuerda que también se hizo. Desde el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, lo mismo.Y hasta 600 llegaron procedentes de ciudadanos particulares. La Fundación Thyssen no presentó ni una sola objeción al proyecto, como recuerda el arquitecto Carlos Riaño, uno de los miembros de Trajineros, denominación bajo la que trabaja el equipo encabezado por el arquitecto Álvaro Siza Vieira.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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