Una noticia

12 / 09 / 2017 Luis Algorri
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Se pide el cierre de El Periódico, que es lo que suelen hacer los defensores de su libertad de expresión.

Decía George Orwell que periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, y que todo lo demás son relaciones públicas. Muy bien. El problema de las frases ingeniosas es que suelen abrir la puerta a las mayores atrocidades, muchas veces sin pretenderlo. Si yo escribo (a ver qué se me ocurre) que Paquirrín, por ejemplo, es un salteador de caminos que opera en Sierra Morena, o el descuartizador de Boston, está claro que él no querrá que tal cosa se publique. Pero eso no lo convierte en periodismo, por la sencilla razón de que es mentira. Está claro, entonces, que el periodismo orwelliano consiste en publicar algo cierto que otros no quieren que se sepa. Esos otros suelen estar alojados a la plácida sombra del poder. De cualquier poder.

Enric Hernández, director de El Periódico de Catalunya, ha publicado días atrás que los servicios de inteligencia norteamericanos advirtieron hace tiempo a la Generalitat de que los yihadistas preparaban un atentado en las Ramblas de Barcelona. ¿Es fiable la información? Desde luego que sí, porque El Periódico aporta documentación más que verosímil y porque, caramba, ese medio ha demostrado siempre que no es un patio de vecindonas (hay muchos patios de vecindonas disfrazados de medios de comunicación), que no se inventa las noticias (hay muchos, muchísimos medios que se inventan las noticias) y, caramba, porque no es la primera vez que pasa algo parecido, como ahora veremos.

La reacción de la Generalitat, de sus medios afines y del tumultuoso coro de la Patria opressa ha sido brutal, sobre todo en las redes sociales. Se ha vuelto a desenterrar (en realidad ya estaba desenterrado y encima de la mesa) el viejo esqueleto de la conspiración, del ataque a Cataluña, de la traición a la patria. Se ha negado la evidencia, que es lo primero que se hace siempre. Se ha pedido el cierre del diario, que es lo que suelen hacer los defensores de su libertad de expresión y de la de nadie más. A Enric Hernández se le ha acusado de traidor, de vendido, de español. Le han amenazado de muerte.

Es decir, que el coro de ménades (del griego: “Las que desvarían”) independentistas no quería que se publicase esa información. Eso está claro.

Pero poca gente se ha interesado por situar la noticia en sus justos términos. ¿Es la primera vez que sucede algo parecido? No, en absoluto. Los servicios de inteligencia de numerosos países, incluido el nuestro, suelen avisar a otros de que, según sus noticias, podría producirse un atentado aquí o allá, antes o después. Ocurre con cierta frecuencia. A veces aciertan, casi siempre no. En 1973, por ejemplo, cuando la CIA avisó de que se iba a producir un atentado en Madrid a finales de diciembre, voló el almirante Carrero. Pero en muchas de las ocasiones (y son como diez o doce) en que advirtieron de que había un complot para matar al Rey, la información resultó ser errónea. Cuando efectivamente sí hubo tales conjuras, la CIA ni las olió. Al menos que sepamos.

Los medios de comunicación están para dar noticias veraces, gusten o no; eso es lo que han hecho Enric Hernández y El Periódico. El poder, cualquier poder (y el independentismo lo es) está para desmentirlas o negarlas. El grado de rabia, manipulación y violencia verbal que han usado unos y otros en este caso, que me sigue pareciendo menor, sí es útil: da una idea bastante precisa de hasta qué punto puede llegar el horror al que nos estamos acercando.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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