Pena de bachillerato

24 / 10 / 2017 Luis Algorri
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Al bachillerato habría que enviar a quienes emputecen y manipulan la historia para arañar votos.

Esto es ya como las fiestas del pueblo, la verbena de San Froilán (el patrón del mío) o el vetusto rosario de la Aurora. Una tradición. Cada vez que llega el 12 de octubre, los secesionistas y cierta izquierda a la que me cuesta muchísimo trabajo llamar izquierda montan su entrañable numerito para consumo de idiotas: “Nada que celebrar”, dicen los carteles y las consignas, que esta tropa es mucho de consignas. Según ellos, el Descubrimiento de América fue un genocidio de nosotros, los españoles, hacia los pueblos que había en las nuevas tierras; pueblos a los que esclavizamos, aculturamos, oprimimos sin respetar sus derechos (sobre todo los humanos) y expoliamos con una actitud vergonzosamente imperialista. O sea, que muy mal. No hay que celebrar esas cosas.

Lo que me aterra de esto es que esas cosas las dice gente de izquierdas, aunque si fuese de derechas daría igual. Gente a la que se supone una cierta formación. Vamos, gente que ha ido a clase, aunque está claro que en Historia no prestaron mucha atención. Gente que en la universidad se habrá formado, imagino, con los mismos que yo, que habrá leído a Marichal, a Fontana, a David Ruiz, a Tortella, a Tuñón de Lara, yo qué sé.

Gente que sabe que, en Historia, es un delito eliminar el paso del tiempo e ignorar, está claro que deliberadamente, los códigos éticos y sociales, los referentes morales y religiosos, las circunstancias económicas y políticas de cada época. Que es una solemne prueba de ignorancia, de la más negra ignorancia, juzgar el pasado con los referentes éticos y sociales de hoy. Que eso no se puede hacer, coño. Que en el siglo XVI no existía el concepto de genocidio; que la esclavitud era no solo una costumbre admitida en todas partes como algo perfectamente normal sino un signo de distinción; que los famosos derechos eran una cosa completamente distinta de lo que son hoy, y los derechos humanos sencillamente ni se soñaban; que los teólogos y los juristas discutían sobre si los indígenas y las mujeres (todas) tenían alma, y que el imperialismo tampoco se había inventado (el concepto nace en el XIX), porque todos los países trataban de lograr sus imperios, y eso estaba bien entonces, nadie lo discutía.

Esta gente del “nada que celebrar” lo sabe. Vamos, en clase se lo tienen que haber explicado. No se puede juzgar el pasado, eso es infame, y menos según los códigos que manejamos hoy.  Esa gente, pues, no es que se esté equivocando: está mintiendo, y lo hace para atontolinar aún más a los ignorantes bienintencionados que les hacen caso, que no leen más que el tuiter y que siguen la terrorífica senda que abrieron los españoles del XIX, románticos ellos y bastante apaleados, a quienes les dio por creerse la leyenda negra antiespañola que nace en el XVI.

Esa gente se comporta igual que los peores maestros de la escuela franquista, que dividían la historia entre nosotros y ellos. El paso del tiempo no existía y nosotros, los niños de mi clase, éramos los de Sagunto y Numancia, Colón y los Pinzones, Felipe II, los Tercios, los carlistas, los últimos de Filipinas y las tropas de Franco, salvador de la Patria. O sea los buenos. Y los malos eran todos los demás.  Con ese indecente disparate nos educamos. El mismo disparate indecente que hacen tragar ahora a sus propios iletrados los del “nada que celebrar”. El Código español establece una gran cantidad de penas, pero hay una que le falta: la pena de bachillerato. Allí habría que enviar inmediatamente a quienes emputecen y manipulan la historia para arañar votos.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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