El abusón del patio

30 / 01 / 2017 Luis Algorri
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El nuevo presidente de EEUU ha eliminado el idioma español de la web oficial de la Casa Blanca.

Don Donaldo: ha dicho el papa Francisco, que es hombre de criterio por lo general ponderado y ecuánime, que antes de echar a volar opiniones sobre usted como presidente le gustaría ver qué hace, cómo se conduce, cuáles son sus primeros pasos, medidas, palabras e incluso ocurrencias. No ha tenido que esperar mucho el Santo Padre. Lo primero que firmó usted sobre su nueva mesa de trabajo fue un papel con el que comienza a destruir la obra más importante de su predecesor, don Baraquio, que pretendía algo tan sensato como poner al alcance de todos el acceso a la salud y por lo tanto a la vida, sean pobres o sean ricos. A usted eso no le parece bien porque piensa, como las compañías farmacéuticas a las que tanto debe, que vivir es algo que solo debe estar al alcance de quienes puedan pagar por ello.

Lo segundo ha sido visitar a los servicios secretos y decirles que “pelillos a la mar”; que todos los denuestos y calumnias que usted lanzó sobre ellos en su campaña electoral, en abundante número y calibre, fueron, en realidad, invenciones de los periodistas, raza de réprobos a la que usted detesta como a pocas cosas de este mundo. Todos se dieron cuenta de que usted mentía, como suele, y que usaba una vez más el recurso del niño cobarde que quiebra un cristal de una pedrada y luego, cuando le miran, señala al niño de al lado y dice: “Ha sido este, señorita, que lo he visto yo”.

Y lo tercero que ha cometido usted, don Donaldo, ha sido eliminar la versión en lengua española de las páginas de Internet de su Gobierno. Ante semejante disparate ha tenido que salir ese chico Spicer que usted tiene contratado de jefe de Prensa, y ha sacado la cara por el patrón con otra excusa inimaginable en un verdadero canalla: que estaban cambiando tantas cosas en la web que, oye, se les fue la mano quitando, pero que ya lo arreglarán, que tranquilos. Este Spicer teme, y no sin motivo, por su puesto de trabajo: usted parece convencido de que para relacionarse con sus súbditos no necesita servicio de prensa porque le sobra con su cuenta de Twitter, que maneja usted con la habilidad y la gracia con que los críos de mi tiempo manejábamos los petardos y las bombas fétidas.

Imagino que el papa Francisco ya tiene motivos para alarmarse, aunque solo sea porque su lengua materna es el español.

Un idioma no es un arma política, don Donaldo, hijo. De esto sabemos mucho los españoles de ahora, porque hay quien los usa de esa desdichada manera, y así nos luce el pelo. Un idioma es algo que sirve para entenderse, que no es poco, y no para no entenderse. En realidad no sirve, o no debería servir, para mucho más. Si usted elimina, aunque sea por un tiempo, el español de sus comunicaciones, está diciendo lo mismo que ha dicho ya tantas veces: que el país cuya presidencia acaba usted de invadir está hecho para los blancos, angloparlantes, xenófobos, egoístas, ultraconservadores y a ser posible ignorantes; es decir, para la gente como usted y para nadie más.

Un idioma no puede despreciarse ni relegarse, ni tampoco inventarse ni imponerse artificiosamente desde ningún poder. No es posible estar a favor ni en contra de ningún idioma, por la misma razón por la que no es posible ser partidario ni adversario de la Ley de la Gravitación Universal ni del otoño ni de la fotosíntesis. Los idiomas no dependen de decisiones políticas, por más que usted no pueda entenderlo y algunos aquí tampoco: dependen nada más que de las necesidades naturales que la gente tiene de comunicarse entre sí de la manera más sencilla, completa y eficaz.

Usted, don Donaldo, por más decisiones que tome, acaba de agarrar el timón de un país que tiene algo más de 325 millones de habitantes, de los cuales aproximadamente unos 50 millones se expresan naturalmente en español. También se defenderán en inglés, como es lógico, pero su lengua materna, la que usan para conversar y para relacionarse entre sí, es otra, la que hablan alrededor de 560 millones de seres humanos en el planeta. Faltar al respeto a los hablantes de ese idioma es hacer el ridículo, don Donaldo, perdone que se lo diga así porque sé bien que usted tiene esa costumbre y además le importa un pimiento, pero es hacer el ridículo. Y tratar de despreciar, demediar, limitar, constreñir, zancadillear o dificultar el uso del español en un país como el suyo (y como el mío), mediante decisiones políticas o gestos como el que usted ha hecho, es casi lo mismo que escupir hacia el cielo: el salivazo le caerá en la cara, porque no puede ser de otro modo. Porque la gente que habla español lo seguirá haciendo, y cada vez en mayor número, como usted debería saber. Y lo harán porque les resulta no solo útil y cómodo sino necesario. Esa es la realidad. Y nadie, ningún Gobierno ni ningún Homer Simpson (pero sin gracia) sentado ante el cuadro de mandos del poder, puede hacer nada contra la realidad.

Un compatriota suyo, analista político (en realidad han sido más de uno), asegura que usted tiene la edad mental de un adolescente malcriado. Y que se comporta como tal. Yo eso no lo sé. Lo que sí sé es que su forma de proceder se parece mucho a la de los niños chulos y abusones en el patio de la escuela. Tiene usted la misma conciencia de estar rodeado de enemigos (todos lo son, al menos potencialmente) a los que hay que someter; la misma desvergüenza ante las mentiras, la misma ausencia de empatía, idéntico egoísmo y ahora, el cielo nos asista, tiene también sensación de impunidad. Usted pasará como un mal sueño. Y sus conciudadanos seguirán hablando español.  Así que deje de hacer el tonto, caramba.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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