¿Para qué sirve un Oscar?

21 / 02 / 2012 Astrid Riehn (dpa)
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Como todos los años en estas fechas, las salas de cine del mundo se ven copadas por las producciones más "serias" de Hollywood, aquellas con las que la meca del cine intenta dejar en claro que puede ofrecerle al público más que películas "pochocleras" (de palomitas) plagadas de efectos especiales y con protagonistas de pocos matices interpretativos.

Se trata de las películas de la "awards season", la temporada de premios que inicia en el último trimestre del año anterior y durante la cual Hollywood exhibe, como las plumas de un pavo real imaginario, sus mejores historias y actores con el fin de obtener el máximo de galardones, desde los premios de los sindicatos de actores y directores y los Globos de Oro hasta el codiciado Oscar que entrega la Academia de Hollywood.

Sin embargo, ¿para qué sirve un Oscar? ¿Cuál es su legitimidad y su peso real en la maquinaria hollywoodense? Para contestar a estas preguntas, dpa consultó a tres críticos: el español Jaime Pena, de la revista "Caiman. Cuadernos de Cine" (ex Cahiers du Cinéma España), el argentino Leonardo D'Espósito, jefe de espectáculos del diario BAE y crítico de las revistas "Noticias" y "El amante" y el chileno Leopoldo Muñoz, crítico del diario "Las Últimas Noticias", de la revista "Mabuse" y de CNN Chile.

¿Para qué sirve un Oscar?

Los críticos consultados coinciden en que el Oscar es una marca de prestigio que permite a la película aumentar su recaudación en las salas, conseguir mejores precios en sus distintas plataformas de difusión hogareñas - TV por cable, DVD, Netflix, Internet, etc- y mejorar su ubicación en los mercados extranjeros, mientras que para los profesionales significa una mejor cotización en el mercado laboral. Aunque con matices. "Vista la historia de los premios, la mayoría de quienes trabajan seguido en la industria no dependen de haber ganado un Oscar. Buenos ejemplos de ello son Tim Burton, Brad Pitt y Tom Cruise", afirma D'Espósito. "Lo que provee el Oscar, en todo caso, es una mayor libertad de elección". Para Pena, su función es promocionar no tanto a la ganadora como al conjunto de películas nominadas. "De hecho, una vez entregados los premios el margen de ganancia de las películas acostumbra a ser mínimo, pues su carrera comercial suele estar en parte agotada. El período en el que más se benefician es el que media entre las nominaciones y la entrega de premios".

¿Cuál es la legitimidad de los Oscar?

"El Oscar tiene la legitimidad que puede tener cualquier premio que es otorgado por los propios colegas, donde la crítica se anula y los palmoteos en la espalda son la habitual moneda de cambio", dice Muñoz. "El criterio que impera no es el artístico sino que opera una sofisticada propaganda de marketing, muchas veces encubierta, tanto para las nominaciones como para las votaciones". Para Pena, la legitimidad del Oscar es incuestionable si se tiene en cuenta que son unos premios que concede un grupo cerrado, la Academia de Hollywood, integrada por más de 6.000 personas (desde actores y directores como Julianne Moore y Mike Leigh hasta guionistas y montajistas) y se acepta su sistema de votación. "No conviene sobrevalorar los Oscar, pero tampoco despreciarlos en base a sus presuntas injusticias. Los Oscar son un síntoma de por dónde van los gustos de Hollywood, no un dogma de fe".

¿Cuál es la contribución del Oscar a la supremacía del cine hollywoodense?

"Las películas que acaparan pantallas no son las que acaparan menciones, salvo excepciones como 'Avatar', 'El señor de los anillos' o las animaciones de Pixar. ¿Cuántas nominaciones tienen 'Transformers' o 'Harry Potter'?", plantea D'Espósito. Pena coincide. "Hollywood no depende económicamente del Oscar. Forman parte de su andamiaje, pero no son un elemento básico".

¿A quién perjudican los Oscar (si es que perjudican a alguien)?

Para Muñoz, el gran perdedor de los Oscar es el público, que al preferir las películas premiadas por la Academia mantiene el círculo vicioso que anula la diversidad de películas que se estrenan en la región. "El Oscar es un engranaje esencial para la distribución de películas estadounidenses. La importancia que le asignan las audiencias del resto del mundo es un disparo en el pie para descubrir la propia u otras cinematografías", asegura. Para Pena, en cambio, no perjudica a nadie, aunque no beneficia a películas como "J. Edgar", de Clint Eastwood, o "Shame", de Steve McQueen, que no fueron nominadas. "Al haber estado su lanzamiento en buena medida condicionado por la temporada de premios, quedarse en las puertas del Oscar limita su carrera comercial".

¿Cuáles son los criterios para nominar a los actores y actrices?

"Como los Oscar trabajan con un corpus de títulos limitados, que son los que las grandes productoras promocionan, esto hace que ciertas interpretaciones de pequeñas películas pasen desapercibidas o que raramente se tengan en cuenta las películas extranjeras", indica Pena. Según D'Espósito, el criterio es difuso pero incluye la corrección política (pertenecer a una minoría o interpretar a alguien con algún impedimento) y la confusión entre interpretación e imitación. "Es raro que un actor haciendo de persona normal (un trabajo dificilísimo) se gane algo. No por nada, las favoritas este año son Meryl Streep por imitar a Margaret Thatcher o George Clooney por hacer de galán sufrido", apunta. "Uno de los mejores trabajos es el de Brad Pitt en 'Moneyball', pero hace de tipo común. Pierde seguro".

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