Oscar: los 5 magníficos

10 / 04 / 2006 0:00 SEAN SMITH Y DAVID ANSEN (NEWSWEEK)
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Desde 1981 no sucedía lo que este año: los cinco directores nominados al Oscar a la mejor dirección son además los autores de los cinco títulos que pugnan.Ninguno de estos directores ha apostado a lo seguro. Los cinco han corrido riesgos con historias que contenían argumentos radicales y polémicos.

Los críticos se quejan a menudo de que las películas modernas se limitan a complacer la sensibilidad del público y ven apurados cómo las películas inteligentes quedan desplazadas por otras aptas para niños presentadas con envoltura de caramelo. Pero estos hombres han demostrado que los críticos no están en lo cierto. Durante una divertida y fascinante conversación de dos horas, estos directores se mostraron tan lejos de cualquier tipo de censura como sus propias películas.

Han abordado cuestiones como el racismo, el terrorismo, el amor homosexual, la amenaza gubernamental y la ética en el periodismo. Como si estuviéramos en la década de los 70.

George Clooney: Hay personas –a quienes no gustamos– que afirman que nosotros somos los que guiamos la sociedad, empujándola. Pero lo que hacemos es reflejarla. Los temas sobre los que tratan nuestras películas son precisamente sobre los que hablábamos hace dos años aproximadamente.

Ang Lee: Aunque parece que este año la cultura se ha puesto al día. Todos estos proyectos tienen detrás años de lucha. Brokeback Mountain ha tardado ocho años en ver la luz.

Steven Spielberg: Munich, seis.

A. Lee: Así que más bien parece tratarse del destino. Parece como si nosotros lo hubiéramos planeado, pero no es verdad.

G. Clooney: No es igual que en los estudios, donde se sientan y deciden “Vamos a hacer esto”.

De hecho, los estudios no quieren que ustedes hagan este tipo de películas.

S. Spielberg: A excepción de mi película, ninguna otra encaja en el sistema de los estudios convencionales. Son producciones inconformistas que se han atrevido a retar a la audiencia con cuestiones que consideran que pertenecen al ámbito privado del espectador.

G. Clooney: Pero, en términos generales, sigues necesitando los estudios para que distribuyan las películas. De hecho, creo que este año se han esforzado. Cuesta mucho distribuir incluso las películas más pequeñas. Bennet, ¿cuánto costó hacer tu película?

Bennet Miller: Siete millones de dólares.

G. Clooney: Y puede que su distribución llegue a costar veinte.

B. Miller: No tanto, más bien serían unos 10 millones de dólares, me parece.

G. Clooney: Pero ahora, con los anuncios (de la campaña de los Oscars) será más.

Paul Haggis: Me pregunto cuál es la influencia de esos anuncios sobre el público.

S. Spielberg: Yo nunca los veo porque hay demasiadas cosas que leer. Además, las películas de todos los que estamos aquí ya han cosechado suficiente fama, especialmente la de Ang.

G. Clooney: Es cierto. Yo no leo ningún anuncio salvo que diga Brokeback Mountain en la primera línea (risas).

S. Spielberg: De hecho, mi familia estaba planeando hacer una excursión el próximo verano al lugar donde se desarrolla la película. Parece un sitio agradable para pasar una semana (risas).

P. Haggis: Pero los estudios piensan que sin los anuncios, la gente puede creer que tu película no merece su atención.

S. Spielberg: No, no, el público es muy listo. Tiene una especie de radar gracias al cual, sin haber visto un solo anuncio en el periódico, dicen de repente: “Me interesa ver The Squid and the Whale”.

G. Clooney: En algunas ocasiones las personas necesitan saber qué dice la crítica para llegar a entender de qué tipo de película se trata.

P. Haggis: Nosotros sólo hicimos una prueba de audiencia con Crash. Yo me senté en la última fila y realmente pude experimentar lo que el público sentía. Pero también pensé: ¿Cómo se me pudo ocurrir hacer este tipo de película para el público americano (risas)?

La mayor parte de sus películas de este año van dirigidas a provocar reacciones intensas.

P. Haggis: Lo que un director espera es que, después de la película, la gente salga y se pare en el vestíbulo para comentarla... Cuando terminas de ver Buenas noches y buena suerte lo que realmente te apetece es ir a tomar un café con tus amigos y comentarla. Todas estas películas presentan cuestiones polémicas y suscitan preguntas importantes.

G. Clooney: Desde el movimiento pro derechos civiles hasta el Watergate, la gente hablaba constantemente sobre lo que estaba ocurriendo en el país. Ahora parece que vuelve a ocurrir. Puedes sentarte en cualquier sitio y ver cómo la gente habla sobre política.

A. Lee: Es como si existiera una conciencia social colectiva.

S. Spielberg: Yo creo que es como si se nos hubieran dado órdenes sobre la dirección en la que debemos desfilar... Mucho más proactivos con la segunda administración Bush. Creo que todos estamos intentando declarar nuestra independencia y exponer nuestro caso para hacer valer aquello en lo que creemos. No hay nadie que realmente nos represente, de manera que ahora somos nosotros quienes representamos nuestros sentimientos tratando de contraatacar.

Así que Bush está jugando a su pesar un papel positivo para el cine americano.

S. Spielberg: No sólo Bush, todo el movimiento neoconservador.

G. Clooney: Yo no voy a decir: “Esto es lo que debéis pensar”. Pero debería existir un debate abierto sin que se nos dijera que un buen patriota no hace preguntas.

Señor Spielberg, ¿esperaba que la reacción ante “Munich” fuera tan acalorada?

S. Spielberg: Sabía que la película iba a tener una fuerte repercusión. Me ha sorprendido que la repercusión haya sido mucho menor que la esperada, pero no menos dolorosa, en el sentido negativo. Muchos fundamentalistas de mi propia comunidad, la judía, se han enfurecido conmigo por permitir a los palestinos simplemente dialogar. Munich no ataca en ningún momento a Israel, lo que hace es plantear cuestiones. Se trata de la historia más reflexiva que he tenido el honor de contar en toda mi vida.

Ang, ¿no le sorprende que “Brokeback Mountain” no haya suscitado más protestas de la derecha religiosa?

A. Lee: No imaginé que adoptarían una postura de silencio deliberado pensada para no promocionar la película.

S. Spielberg: ¿Puedo dar tu teléfono a mis críticos? Es que creo que existe una semejanza real entre Brokeback Mountain y Capote.

B. Miller: Bueno, lo cierto es que estudié las películas de Ang.

G. Clooney: Y le robaste tomas (risas).

S. Spielberg: En vuestras dos películas tratáis de hechizar al público. Las escenas se suceden de forma calmada, sin prisa por llevarle a ningún sitio. Vais andando y permitís que se aprecie hasta el más mínimo detalle. El ritmo es realmente hermoso.

A. Lee: En los momentos de silencio de la película es cuando siento que el público está entretenido. Ahí es cuando trabajamos. Uno de los momentos más impactantes de Capote es casi al final, cuando Capote aparece tumbado en la cama. Él no hace nada, nosotros lo hacemos todo.

Ang, usted debe estar cansado de que le pregunten si le preocupa el hecho de que los papeles interpretados por Heath Ledger y Jake Gyllenhaal puedan dañar sus carreras. Se ha dicho que en una ocasión afirmó: “Mi única intención es hacer una buena película. No me importa que después sus carreras queden condenadas al fracaso”.

A. Lee: Es que resulta muy difícil elogiar a tus actores, más aún durante la temporada de nominaciones. De manera que me comporto como el típico director despiadado y egoísta. Eso les hace reaccionar de forma mucho más desafiante (risas).

P. Haggis: Yo creo que nos mostramos un poco despiadados cuando tratamos de grabar la escena perfecta, pero lo hacemos por ellos. Si te limitas a hacer bromas y a que el rodaje resulte agradable, sin transmitirles lo que realmente se busca, realmente les estarás haciendo un flaco favor.

S. Spielberg: De todas las películas realizadas este año, la de Paul (Crash) contiene el reparto con la mezcla más ecléctica de todos. Los actores son completamente opuestos entre sí y, aun así, todas sus historias se encuentran de forma inexorable. Éste es un caso en el que los actores representan un elemento absolutamente esencial. Se trata de un debut simplemente fantástico.

Bennet, usted y Philip Seymour Hoffman han sido amigos desde los 16 años. ¿Cómo le resultó dirigirle en “Capote”?

B. Miller: Fuimos muy honestos y directos el uno con el otro. Phil ha experimentado un proceso angustioso y brutal. Tras finalizar el rodaje de True West y The Seagull me llamaba y me decía: “Es el fin de mi carrera, yo no puedo con esto, todo el mundo va a ver el impostor que llevo dentro”. Cuando empezamos a trabajar juntos y comenzó a mostrar este tipo de actitud, comencé a preocuparme... un poco. El reto consistía en buscar la forma de estar con él sin consolarle demasiado. Se sentía asustado.

S. Spielberg: Pero el miedo es un aliado. Si entras en un plató y no sientes miedo, tienes un problema. Los mejores trabajos, tanto de directores de cine como de actores, se han realizado cuando han tenido que afrontar enormes periodos de inestabilidad en cuanto al proceso que debían seguir.

A. Lee: ¿De manera que creas ese miedo en el plató?

G. Clooney: ¿Tú lo haces, verdad Ang? (risas) Acabo de empezar a sudar.

A. Lee: No lo hago para asustar a la gente. Tengo que hacer ver a los actores que están en buenas manos pero, por otra parte, debes transmitirles incertidumbre. Es como andar por la cuerda floja.

S. Spielberg: Cuando creo temor, llega en forma de advertencia. Le digo al actor: “No voy a repetir esta toma más de tres veces”.

G. Clooney: Es cierto que eso ayuda. Como actor, si estás trabajando con un director que sabes que va a hacer 40 tomas pase lo que pase, no te esforzarás lo suficiente al menos hasta llegar a la toma 15.

Cuando los directores se reúnen, ¿de qué hablan?

S. Spielberg: Cuando me reuní con Akira Kurosawa por primera vez en Tokio, fuimos a un restaurante a las 8 de la noche y salimos a las 7 de la mañana. Fue increíble. Quería que Akira compartiera conmigo la magia que yo no había conseguido en toda mi carrera, que me contara cómo ser un poeta y un gran artista. Pero lo que a él le interesaba era hablar sobre cuántos focos de alta intensidad habían sido necesarios para alumbrar la lluvia que caía en El último samurai. Así que nos pasamos toda la noche hablando de cuestiones técnicas.

B. Miller: Por cierto, hoy nos quedamos aquí hasta las 7 de la mañana (risas).

Este año sus películas han hecho que el público llore. ¿Ustedes lloran con facilidad en el cine?

G. Clooney: Yo lloré en el estreno de Batman and Robin (risas). Lloré durante una semana.

B. Miller: Yo lloro cuando la gente hace cosas buenas. Como al final de La lista de Schindler (cuando los supervivientes le regalan un anillo). Ese tipo de cosas son las que hacen que me emocione.

A. Lee: A mí cada vez me resulta más difícil llorar. Es como si me privara a mí mismo de ese placer. Cuando era un niño solía llorar tanto que toda la fila dejaba de llorar y me miraba. Ahora, a veces lloro sólo porque la película es buena.

P. Haggis: Yo lloré en Desayuno con diamantes.

S. Spielberg: La primera vez que lloré fue en Los mejores años de nuestra vida, cuando Fredric March llega a casa y su mujer está en la cocina y un sexto sentido la hace girarse y darse cuenta de que algo ha cambiado. Sale al recibidor –con esa toma larga de William Wyler que hace que el recibidor parezca enorme– ella en una punta y él en la otra, y se juntan en el medio. Me emociona cada vez que la veo.

A. Lee: ¿Cuál creéis que es la película que más ha hecho llorar de todos los tiempos?

S. Spielberg: Bambi. De niño me levantaba en medio de la noche para comprobar que mis padres seguían vivos.

A. Lee: Para mí, Ladrón de bicicletas. Me parece brutal cuando el chico, al final, ve que el padre ha perdido su dignidad. Ahora empiezo a llorar incluso antes de esa escena.

¿Hubo alguna película en concreto que les animó a convertirse en directores de cine?

B. Miller: A mí me gustan las películas tranquilas. La primera película que vi que me hizo pensar que igual podría dedicarme a hacer películas fue Walkabout, de Nicholas Roeg, cuando tenía 15 años.

G. Clooney: Yo me acuerdo que vi Sin retorno en la televisión y luego, tres días después, Dr. Strangelove. Perdí cualquier tipo de miedo e incluso me hizo reír. No puedo decir, sin embargo, que haya habido una película en la que me haya inspirado.

S. Spielberg: Cuando vi Lawrence de Arabia, decidí que dejaría de hacer películas de 8 mm como hobby.

Ang, usted creció en Taiwán. ¿Qué películas le sirvieron de inspiración?

A. Lee: Yo siempre quise ser director de cine, pero lo mantuve en secreto hasta que hice mi primera película.

S. Spielberg: ¿Y nunca lo admitiste? A. Lee: No. Me avergonzaba de ello.

S. Spielberg: ¿Qué profesión hubiera deseado tu padre para ti?

A. Lee: Cualquiera menos ésta, supongo. Alguna más práctica. Por eso el cine era un placer que tuve que reprimir.

Este año todos ustedes han recibido críticas poco frecuentes. ¿Qué ha sido lo más memorable que la crítica les ha llegado a decir sobre alguna de sus películas?

S. Spielberg: Nunca olvidaré lo que Rex Reed comentó sobre Encuentros en la Tercera Fase. Dijo que la nave nodriza parecía “uno de los pendientes de Mae West” (risas).

A. Lee: Sobre Cabalga con el Diablo, Rex dijo algo así como: “Esos chicos no saben expresar el guión”. Pero dijo cosas fabulosas sobre Brokeback Mountain.

S. Spielberg: También ha tenido críticas muy buenas para otras películas mías. No quiero que se enfade conmigo.

G. Clooney: Bueno, Rex me pone verde como actor. Incluso cuando me hizo una buena crítica por Buenas noches y buena suerte dijo básicamente: “Aunque parezca mentira, se trata de una película decente para alguien como él” (risas). Así que decid todo lo que queráis sobre Rex. No pasa nada, es un gran tipo.

P. Haggis: Una de las primeras críticas sobre Crash dijo: “Paul Higgis cree que no ha cambiado nada en las relaciones entre razas en Los Angeles desde los tiempos de Rodney King”. Y yo pensé “Bueno, puede que estén un poco peor” (risas).

S. Spielberg: Os envidio. Recuerdo cómo me sentí cuando se reconoció mi trabajo por primera vez. Espero que introduzcáis todo ese líquido de amor en una botella; que la pongáis donde vuestros hijos no la alcancen; y que, de vez en cuando, quitéis el corcho y oláis lo dulce que fue.

B. Miller: El hecho de descubrir que existe una especie de comunidad –en el Festival de Cine de Nueva York o, por qué no, aquí mismo, sentado en torno a esta mesa– es como si, de repente, no sintiera estar luchando simplemente por mí. Quisiera luchar para estar a la altura de las expectativas de los amantes del cine.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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