Los Stones y las pijas comunistas

05 / 12 / 2016 José Manuel Gómez
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La banda edita un disco dedicado al blues y el vídeo del concierto que ofreció en La Habana.

Los venerables Rolling Stones editan el vídeo de su memorable concierto en La Habana, el pasado 25 de marzo, y en diciembre lanzan el disco Blue and Lonesome, en el que participa el legendario Eric Clapton; es un regreso a los orígenes del grupo, al blues que cimentó la amistad entre Keith Richards y Mick Jagger cuando se reconocieron el uno al otro por los discos de Muddy Waters y otros grandes del blues.

Y eso es precisamente lo que han hecho: grabar unas cuantas canciones de sus artistas favoritos, esos que suelen morirse en el anonimato sin un sitio donde caerse muertos. Esto es literal: los Rolling Stones han pagado más de un entierro de las leyendas del blues. Por si los fans se quejan porque quieren más de lo mismo, en el concierto de La Habana están las canciones de siempre, el repertorio clásico. El enésimo concierto en directo, que en esta ocasión fue grabado en Cuba.

El rock and roll nació en los años cincuenta en los Estados Unidos con la ambigua promesa de una revolución juvenil que solo llegó en las formas, en la estética. Poco tiempo después (1959) llegó la revolución cubana con los barbudos y el Che Guevara. Los cubanos siguieron los pasos de la revolución soviética pero se dieron de bruces con la consigna de “tomar el palacio de invierno”. En el Caribe no hay ni zar ni hay invierno. Así que prohibieron cualquier cosa que llegara de Estados Unidos, incluido el decadente rock and roll. Vean la maravillosa película Soy Cuba (1964), del director soviético Mijaíl Kalatozov, que en su intento de emular el Acorazado Potemkin de Eisenstein fracasó en Cuba y en Rusia. Pero nos dejó una obra maestra del cine. Una película que arranca con un rock insensato y absurdo pero nada decadente.

Sin oído.

Los dirigentes cubanos han tenido una característica común: una nula sensibilidad hacia las músicas modernas, futuribles o tradicionales, llegadas del extranjero, y una nefasta política hacia las músicas cubanas. Hacia todas las músicas cubanas sin excepción. De manera que detectar a un político cubano es sencillo: es el que no baila, el que no tiene oído, ni ritmo. Y eso vale para los barbudos, para el Che y para sus continuadores en el poder. Así que un concierto gratuito de los Rolling Stones en La Habana se interpreta como un signo de que la cosa se mueve.

Ahora se lanza al mercado internacional el concierto en La Habana, los Stones hacen caja y podemos contemplar cómo las caderas de Mick Jagger se agitan; y poca cosa más, que los cubanos que vieron el concierto de los Rolling abundaron tanto como los turistas.

Hace unos años me avisaron de la presencia de “las pijas comunistas” en un concierto celebrado en el inmenso teatro Karl Marx de La Habana. Las supuestas pijas eran las hijas y nietas de los actuales dirigentes y se distinguían de las cubanas normales en que visten de Zara como cualquier jovencita española común. Así que es difícil distinguir la masa sociológica de ese concierto. La reacción en sectores oficialistas sobre el rock se resume en que “quizá fuera censurado al principio de la revolución pero nunca fue prohibido”.

Es decir, que los cubanos escucharon clandestinamente el rock que nunca sonaba en la radio. A Silvio Rodríguez le montaron un escándalo por declarar que había sido influido por los Beatles. Total, que los rockeros cubanos han sido tan maltratados como los soneros, raperos o cualquier otro músico de la isla. Un día me enseñaron una foto en la que se veía una pintada que decía: “Solo quiero rock and roll, el sexo y las drogas los pongo yo”.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

  • Por: Roberto 10/12/2016 14:21

    Estupendo artículo, si señor. Divertimento y conocimiento.

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