Literatura versus Historia

13 / 02 / 2012 Daniel Jiménez Palencia
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Le llaman escritor arriesgado y hasta peligroso: Manuel Vilas pone a luchar en su última novela un pasado histórico, un presente delirante y un futuro ¿improbable?

En el año 22011 los seres humanos han alcanzado la inmortalidad. Ha sido un paso lógico en la escala de la evolución. Un logro social, un avance tecnológico más. El pasado es un tiempo remoto y no vale la pena preocuparse demasiado por él. ¿Qué les puede importar a los habitantes del futuro si Hitler o Stalin fueron reales o fueron personajes inventados? Como proclama Aristo Willas en el prefacio a esta delirante novela: da, profundamente, lo mismo.

Ironía, parodia y diversión envuelven la nueva novela de Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962), Los inmortales (Alfaguara), una historia de aventuras que juega a colocar diferentes personajes históricos en situaciones rocambolescas y diálogos insospechados. Un trasunto de Miguel de Cervantes que ha alcanzado la inmortalidad. Juan Pablo II fascinado por la sección de electrodomésticos de El Corte Inglés. Van Gogh y Picasso deambulando por París vestidos de Elvis. Juan Carlos I, personaje recurrente en las ficciones del escritor, cenando animadamente con el propio Manuel Vilas. ¿A qué se debe esta obsesión con el monarca?

“Vivo en un país que se llama España y que tiene 47 millones de habitantes, y como escritor quería dialogar con esa colectividad. Pero no puedo hablar con los 47 millones –se lamenta Vilas-. El personaje de la historia de España que me permite una permanente representación es Juan Carlos I”. Pero ¿realmente le gustaría cenar con él? “No lo creo”, afirma sinceramente el escritor.

La gran ficción.

Desde su debut novelístico en 2008, con la novela titulada España, Manuel Vilas ha venido desarrollando una suerte de teoría que niega la gravedad de la Historia. Vilas se explica. “No me refiero a la Historia que estudian los historiadores, que es real. Yo no discuto ese estatuto. Yo voy a una teoría de la Historia donde Napoleón no está, Jesucristo no está, ni tampoco Lenin. Son ausencias. Por eso pienso que la Historia es una gran ficción, la gran ficción de la especie humana”. Una idea, por lo demás, recurrente en la historiografía contemporánea, especialmente en los años 80 y 90 del pasado siglo, que se trasladó a la narrativa y pasó a llamarse posmoderna.

“Es cierto, yo soy posmoderno –afirma Vilas sin ruborizarse-. ¿Eso es bueno o es malo? Lo único que hago es trasladar lo que veo a mi narrativa. Palpo un ambiente, un estado de cosas y palpo esas fantasmagorías, esas irrealidades. A lo mejor tiene que ver con el impacto de los medios audiovisuales”. Todo lo contrario, por ejemplo, que otro escritor de su generación que lucha por rescatar la historia “real”, como es Javier Cercas. “Él cree en la Historia y actúa a la manera de un historiador. Yo me sitúo en otro plano, en el de la fantasía. Veo el golpe de Estado de Tejero en televisión, veo unas imágenes y hay una serie de historiadores que me dicen que me crea eso porque es real. Pero yo solo veo una pantalla”, sentencia no sin cierta razón.

Esta idea, protagonista de su anterior novela, Aire nuestro, adquiere nuevos matices en su última obra. Por ejemplo, la ambigüedad. “Mi novela es una crítica a las alineaciones del poscapitalismo, lo que pasa es que está escrita desde la ambigüedad y de una manera literaria. No lo hago como lo harían un filósofo o un teórico de la política, como lo harían Lipovetsky o Baudrillard, por ejemplo. Lo hago con ficciones”. Mestizaje, construcciones intelectuales y publicidad, crítica y descreimiento. Posmodernidad pura y dura. “El ser humano critica mucho el poscapitalismo, pero es adonde más lejos hemos sabido llegar como especie. Occidente arrastra una crisis salvaje, pero aun así todo el mundo quiere vivir en Occidente. De alguna manera debemos ser honestos con esto”, advierte Vilas.

En la novela y en la realidad, este escritor aragonés se enfrenta a dos puntos de vista, la tragedia y la comedia, Shakespeare y Cervantes, y elige la comedia, la festividad. Elige Cervantes. “El avance material en sí mismo no es malo, el problema es la alineación que hay detrás. Pero tener un microndas en casa no es malo, te permite calentar la leche de una forma más rápida que con un cazo”. Entre la burla y la seriedad, Vilas se despide de nosotros conjeturando que su novela, que juguetea con la historia tanto como con la ciencia ficción, podría ser visionaria. “Es posible que en el año 22000 la muerte esté erradicada. Y si el ser humano es inmortal no tienen sentido ni la historia ni la política - sentencia Vilas-, y eso nos ahorraría muchos problemas”.

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica