Las intimidades de las estrellas

22 / 02 / 2012 12:02 David Ansen y Ramin Setoodeh (Newsweek)
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Seis de los más destacados intérpretes de Hollywood se reúnen para hablar de cine y confesar algunos de sus secretos en vísperas de la entrega de los Oscar.

De qué pueden hablar seis estrellas de la gran pantalla reunidas en una misma habitación? La respuesta es más sencilla de lo que parece: de trabajo, como harían los profesionales de cualquier otro gremio. Pero si a este encuentro amistoso le añadimos unas gotitas de Bloody Mary, el cóctel resultante es una conversación divertidísima y algo picante.

¿Quiénes son los seis protagonistas de esta charla? Nada menos que tres nominados a los Oscar, que se volverán a encontrar el 26 de febrero durante la ceremonia de entrega de los preciados galardones: George Clooney, Christopher Plummer y Viola Davis. Junto a ellos, dos actrices que ya han tenido el honor de levantar la estatuilla: Charlize Theron y Tilda Swinton. Y para coronar la alineación, una estrella emergente en la industria, el ubicuo Michael Fassbender.

Estamos esperando a que lleguen los invitados cuando recibimos un primer mensaje que nos angustia. Charlize Theron llegará tarde porque su casa está rodeada de paparazzi y no puede salir. Después, Michael Fassbender nos avisa en un desconcertante correo electrónico de que finalmente no podrá venir. Sin embargo, la primera en aparecer en los estudios Smashbox en Hollywood Oeste, donde este año se celebra esta mesa redonda, es Theron. Está resfriada y dice en varias ocasiones que tiene “voz de hombre”, aunque no se parezca a ninguna voz de hombre que hayamos escuchado antes. Cuando irrumpe en el estudio Fassbender -aparentemente el e-mail era una broma-, George Clooney, Viola Davis y Tilda Swinton acaban de aparecer. Comienza entonces el festival del amor.

En todas las ediciones anteriores de estas mesas redondas -la primera se celebró 1998-, el desafío era reunir a unos actores que no se conocían anteriormente, pero este año la alineación ha jugado muchos partidos juntos. Clooney y Davis son viejos amigos, trabajaron juntos en Solaris una década atrás y él le dejó a ella su villa en el lago Como para su luna de miel. Clooney y Swinton son buenos amigos también, ya que hicieron buenas migas en los rodajes de Michael Clayton y Quemar después de leer. Charlize y Michael acaban de pasar varios meses juntos en Londres con motivo de la filmación de la odisea épica de ciencia-ficción Prometheus, de Ridley Scott, en los estudios Pinewood. Sabíamos que la química iba a ser especial este año. Aunque esta reunión es trabajo para ellos -como parte de sus deberes promocionales en la temporada de premios-, parece más bien una fiesta. Fassbender, que trabajó como camarero, sale corriendo con su publicista antes de la sesión de fotos y vuelve cargado con vodka y una mezcla de Bloody Mary, se coloca en la barra y empieza a servir (es todavía mediodía). Con su pelo corto y su bonhomía irlandesa no se parece en nada al adicto al sexo que interpreta en Shame o al taciturno de patillas Rochester, en Jane Eyre, y mucho menos al conservador Carl Jung en Un método peligroso -especialmente cuando Theron y él confiesan sus experiencias en la práctica del paracaidismo etílico–.

El último en llegar es Christopher Plummer, pulcro y elegante. A sus 82 años no es el hombre aficionado a la bebida que fue en sus años más salvajes -sus recientes memorias están plagadas de inolvidables historias de taberna-, así que no participa en este festival alcohólico. Pero no le hace falta nada para soltarse: delante del objetivo del fotógrafo asume el personaje del padre recién salido del armario que interpreta en Beginners, y juega con su bufanda mientras baila música house. Cuando es el turno de Theron, esta se transforma en la insensata, alcohólica y narcisista que interpreta de manera inolvidable en Young Adult y arroja una bebida a la cámara.

La euforia se transforma en revuelo cuando aparece por sorpresa una séptima estrella, esta inesperada: el perro Uggie, un jack russell terrier de 9 años que comparte protagonismo en The Artist. ¿Deberían dirigirse a él en inglés o en francés? Swinton, a la que no le impresionan las estrellas, se arrodilla ante el can. “Hola, Uggie, eres un perrito maravilloso”, le dice, para después insistir en que le hagan una foto con él. Pero no todos están tan contentos de ver a la mascota. Plummer expresa su frustración dado que el perro de Beginners, Cosmo, otro jack russell, no ha recibido la misma atención. “Nuestro perro era mejor”, declara con esa dicción sedosa y aristocrática que le caracteriza. No parece querer posar en una foto de Uggie -¡la competencia!- y nadie sabría decir si su renuencia es seria o traviesa.

Llega el momento de empezar la conversación, pero Clooney y Fassbender están enfrascados en una partida de ping-pong en la mesa del salón. ¿Cómo vais?, preguntamos. “Somos como niños, no queremos saber quién va ganando”, responde Clooney. El juego es uno de los temas clave. Estos actores son muy serios en lo relacionado con su actividad artística, pero insisten en divertirse con ella. “Si hiciéramos lo que deberíamos hacer como adultos, estaríamos trabajando en una oficina”, dice Clooney. El otro tema que sale de inmediato es, bueno, el pene de Michael Fassbender, que interpreta un memorable papel secundario en Shame. Nadie en la mesa pierde la oportunidad de tomarle el pelo y sugieren que su miembro sea el tema principal de la charla. Pero Theron, conocida por su humor picante, enseguida le quita protagonismo. Justo antes de que empiecen a grabar las cámaras, se sacude con un cepillo los pelos del perro que se han adherido a sus pantalones y pregunta con naturalidad: “¿Qué tal se ve mi vagina?”.

Deberíamos haber intuido que la charla derivaría pronto hacia el sexo. Aunque los moderadores habíamos decidido abrir la discusión con una pregunta genérica -“¿Hubo alguna película o actuación en particular que les motivara a ser actores?”-, Swinton nos recuerda que pocos minutos antes charlábamos con ella sobre nuestras primeras experiencias eróticas relacionadas con el cine. Recientemente ha visto junto a sus dos gemelas de 14 años Vértigo, la película más sexualmente obsesiva de Hitchcock. Así que nuestra pregunta de apertura es reformulada, por demanda popular, a la primera revelación sexual cinematográfica.

Charlize Theron: Recuerdo que cuando tenía unos 9 años vi una parte de Fuego en el cuerpo, cuando Kathleen Turner coloca su mano en la entrepierna de William Hurt, pero encima de las sábanas. Empecé a llorar y creo que eso me afectó.

George Clooney: A William Hurt también debió de afectarle mucho.

¿Y por qué empezó a llorar?

Theron: No, estaba de coña.

¿Cuántos años ha dicho que tenía?

Theron: 8 o 9, creo.

Clooney: ¿Ves? Eso es lo que me jode [Theron se muestra confusa hasta que advierte que esta salida de tono se debe a lo viejo que le hace parecer a su lado].

Theron: ¡Como si yo tuviera solo 14 años! Bueno sí, ese fue mi primer pequeño cosquilleo.

Clooney: Yo crecí en Kentucky. Había uno de esos autocines y recuerdo que una vez pusieron El último tango en París. Todavía me parece fascinante que pusieran esa peli en un autocine. En Kentucky. En fin, os podéis hacer una idea.

Christopher Plummer: Siempre ha sido un Estado muy erótico el tuyo.

Clooney: “¡Mira a esa oveja!”.

Tilda Swinton: ¿Pero los autocines no son en sí mismos sensuales? Siempre os he imaginado [a los americanos] viendo Bambi en un autocine y teniendo un pequeño cosquilleo.

Plummer: Cuando yo crecí no había películas [carcajada general]. Apenas había un escenario. La radio no había empezado a emitir regularmente. Pero aun así tuve una experiencia erótica. Creo que mi primera vez fue Hedy Lamarr en Éxtasis. Era bastante atrevida. No sé si aquellas tetas eran suyas, creo que era el cuerpo de otra y la hermosa cara de Hedy.

Viola Davis: Mi primera experiencia erótica fue Nashville. Esa escena en la que aparece una cantante completamente desnuda sobre el escenario.

Gwen Welles.

Davis: Recuerdo que me chocó bastante aquello. Y puede que me excitara también. Era tan vulnerable, en plan: “Oh, Dios mío, está desnuda frente a toda esa gente”.

MichaelFassbender: En mi caso fue Wonder Woman, creo.

¿La serie de televisión?

Clooney: Era por su diadema, ¿verdad?

Fassbender: Sí, la serie. Siempre intentaba pillarla cuando se cambiaba de ropa [carcajadas]. Sentía que me ocurrían cosas inusuales que no entendía.

Después de esta ronda de confesiones, decidimos llevar la conversación a un terreno más serio y les preguntamos cómo preparan un papel. Para La duda, Davis escribió una biografía de 50 páginas de su personaje. “Oh, Dios”, exclama al recordárselo. “¿Por qué diría aquello? Me suena como a histrión clásico. Hice aquello porque me daba miedo trabajar con Meryl Streep y no entendía mi personaje. Pero no lo hago con cada uno de mis personajes. No tengo un método. En Criadas y señoras me pasé un mes en Misisipi. Y si alguna vez habéis estado en Misisipi sabréis que era necesario ir allí para rodar esa película. Es un personaje en sí mismo. Está el resto de Estados Unidos y Misisipi, donde todo el mundo tiene un diente de oro, toda la comida es fritanga, hace un calor infernal, hay una humedad del 100% y es un lugar en el que no ha pasado el tiempo. Así que fue menos un trabajo de creación de personaje y más de sentir el entorno.

Theron: Es cuestión de hacer tu trabajo, aparecer y dejarse llevar. Mi mayor miedo es aparecer y empezar a hacer cosas. Hay una sensación maravillosa que ocurre a veces cuando no haces nada, simplemente te dejas llevar, y es cuando sientes de verdad al personaje bajo tu piel.

Clooney: ¿No creéis que cuando los actores son elegidos correctamente y están en el papel justo, todo es mucho más fácil?

Plummer: Eso pasa cuando encuentras al mejor director. La mitad de la batalla está ganada. El trabajo está casi hecho [Plummer, que ha trabajado con gigantes como John Huston o Elia Kazan, no tiene buenos recuerdos de su experiencia con el reverenciado Terrence Malick, a quien escribió una furibunda carta después de ver El nuevo mundo y descubrir que la mayor parte de su participación en aquella película había sido eliminada en la sala de montaje]. Malick monta la película de una manera que corta a todo el mundo en sus historias. El problema de Terry es que necesita urgentemente a un guionista.

Theron: Las mejores experiencias que he tenido son aquellas en las que todo ocurre de manera natural. Donde nadie parece que está investigando una cura para el cáncer y simplemente van al set a hacer su trabajo, lo que no significa que le pongas menos pasión.

Plummer: En otras palabras: pasárselo bien. 

Davis: Hay algo que la gente no entiende sobre este trabajo: la incomodidad es la comodidad. Cuando te permites vivir el momento y dejarte sorprender porque no hay una manera de que puedas predecir cómo es tu personaje.

Swinton: Estoy aquí sentada escuchando a actores reales hablando de sus métodos y no paro de pensar que soy una intrusa. [Swinton, cuya actuación en Tenemos que hablar de Kevin sonaba para los Oscar, ha dicho en alguna ocasión que le avergüenza referirse a sí misma como actriz porque lo que hace es “algo diferente”. Es una auténtica bohemia, más interesada en la experiencia colectiva de rodar películas que en forjarse una carrera interpretativa y no duda en calificar el cine de Hollywood como “industrial”]. Cada vez me siento más intimidada por los actores profesionales. Yo llegué aquí desde el mundo del arte. Empecé con cineastas que me enseñaron a actuar con aquello que aparecía en el plano... y si sé que todo lo que aparece en la toma es mi codo, eso es todo lo que voy a dar. Soy muy vaga en ese sentido.

Clooney: Cualquiera que sea el método que cada uno use, no debería afectar la manera de trabajar del resto del equipo, porque yo he visto a gente que ha recriminado a otros, en plan: “Oye, yo no trabajo como tú”.

Fassbender: Cualquier cosa funciona. Si eso significa comerte un plátano antes de entrar en escena, o lo que sea, no importa. Pero no debes imponerle a nadie tu método. Se supone que tiene que ser algo divertido.

Clooney habla sobre el peligro de que un actor con un papel pequeño intente hacer más de lo que dice el guion. “Tu trabajo a veces consiste simplemente en llamar al timbre y decir: ‘Pizza’. Y hay quien empieza a discutir con el director si su personaje es repartidor de pizzas porque sus padres eran alcohólicos. Y el director en plan: ‘Solo quiero que llames al timbre y digas pizza”. Theron se pone nerviosa solo de pensar en los intérpretes pretenciosos con los que ha tenido que trabajar. “Cuando vienes a trabajar, simplemente hazlo. Llama a la puñetera puerta. Es tiempo que se pierde en hacer una película y no solo para los actores. Hay mucha gente involucrada, es su trabajo, y no les apetece escuchar tus gilipolleces. El que maneja el foco no te viene diciendo: ‘Tengo diarrea, va a ser duro hoy’. No, está trabajando sin quejarse”.

“Hay dos tipos de actores muy peligrosos –dice Davis–. Los que han tenido éxito muy jóvenes y se lo toman todo muy en serio y los que llevan en esto 40 o 50 años y nunca han tenido el éxito que ellos creen que merecen, así que se dedican a castigarte. Yo he sufrido a los viejos amargados. También he visto a esos actores que quieren añadir detalles a sus personajes. Supongo que es una cuestión de ego”. Clooney sabe bastante del ego de un actor. “Lo que sucede es que cuando atisbas el éxito, se convierte en una mierda muy rara. Soy de Kentucky, ya lo he dicho. A mí me ha pasado que de repente entra uno al set y se queja porque su caravana no es del tamaño que le gustaría. Y tú vas y le dices: ‘Quédate con la mía porque, honestamente, a mí me da igual”.

Fassbender explica que la primera vez que tuvo una caravana, pensó: “Me han dado dinero para pillarme un piso, si lo llego a saber me lo ahorro y duermo en la caravana, que es alucinante. Tiene todo lo que necesito: una tele, una ducha, una cama”. Swinton, por su parte, tiene un punto de vista diferente. “Me parece que las caravanas no son realmente para los actores, sino para que la producción sepa que el actor está protegido. En el momento en el que firmamos un contrato, pertenecemos a la producción. Bueno, lo dice alguien que no tiene una caravana propia muy a menudo”, bromea.

Sentados uno al lado del otro, Theron y Fassbender son cómplices en esta mesa redonda, los más traviesos, los más juguetones. Ella deslumbra con su belleza informal que contrasta con su lengua de marinero. Él alterna su rol de juerguista irlandés con el de estudiante concienzudo, todo oídos a la explicación de Davis sobre las dificultades añadidas de ser una actriz negra en un negocio dirigido a una audiencia de jóvenes hombres blancos. “No hay mucho donde elegir. Soy una actriz negra de 46 años que no se parece a Halle Berry, e incluso Halle Berry tiene dificultades. No hay muchos papeles protagonistas”. Theron irrumpe en el discurso de Davis: “Te voy a interrumpir un segundo”, dice. “¿Por qué? ¿Crees que me parezco a Halle Berry?”, pregunta con sorna Davis. “No, solo que no deberías decir eso porque estás más buena que el pan. En serio, estás estupenda”. “Te lo agradezco, pero sé perfectamente la imagen que proyecto, y no hay muchos papeles para mujeres como yo”. Dice mucho en favor de su argumento el hecho de que sea la única de los intérpretes aquí reunidos que nunca ha tenido la oportunidad de experimentar un romance de ficción.

Pero en esta mesa redonda es Swinton y no Davis la que está interpretando el papel del renegado. Esta actriz, que parece la hermana gemela de David Bowie, se posiciona fuera de la industria. Mientras el resto de los actores han venido acompañados de sus publicistas, a ella le acompaña su amorcito, el artista Sandro Kopp, 18 años menor que ella. Swinton se muestra perpleja por haber sido incluida en esta reunión. Al fin y al cabo es la mujer que le regaló su Oscar a su representante.

Swinton: ¿Que por qué se lo di? Le debía dinero. [Risas] No sé, pensé que era lo correcto. [Davis se horroriza].

Plummer: ¿No fue porque no iba con la decoración de tu casa?

Swinton: Estuvo en mi casa un par de semanas, para que lo vieran mis hijas, y después lo envié a California, donde corresponde.

Theron: Yo duermo con el mío. ¿Eso está mal?

Clooney: Yo el mío lo puse en el capó de mi coche. Y eso, ¿está mal?

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