Katmandú, un espejo en el cielo
Dirección: Icíar Bollaín.
Intérpretes: Verónica Echegui y Sumyata Battarai.
Después de la notable También la lluvia, una alegoría política e histórica muy afinada, la directora Icíar Bollaín se ha embarcado en este otro proyecto, muy ambicioso, sobre el choque de culturas. Libremente inspirada en la experiencia de Victoria Subirana -Vicky sherpa-, la profesora catalana que marchó al país asiático para impartir clases, la cineasta trata de modelar un discurso que bebe del drama social y de la aventura iniciática (y casi mística) para explorar un terreno complejo: la reivindicación de los derechos más básicos -la educación o la igualdad- en un país regido por tradiciones milenarias. De esta manera, Laia, el personaje que interpreta Verónica Echegui, comienza cometiendo todos los errores del turista en un país extraño hasta que se empapa de la cultura, las maravillas y las miserias de este lugar tan exótico.
A pesar de que su interpretación es portentosa -su empeño en cada encuadre es verdaderamente encomiable-, el suyo es un problema de escritura: el arco de su personaje es tan previsible como el resto de la narración. Bollaín, que coescribe el guion junto a Paul Laverty, libretista predilecto de Ken Loach, logra que su argumento no atraviese las peligrosas fronteras del etnocentrismo, ni que su protagonista se erija en una suerte de condescendiente conciencia colonial, como una supuesta superioridad moral que acude al rescate de los desfavorecidos. Todo lo contrario. Sin embargo, todas las buenas intenciones se diluyen en una narración confusa, que no acaba de encontrar su centro. El conflicto sobre el que pivota la película -esa niña que ha sido secuestrada por una red de proxenetas- desaparece durante buena parte del metraje para reaparecer milagrosamente al final, acelerando de manera ininteligible la resolución.


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