La Noche de los Cuchillos Largos

31 / 08 / 2007 0:00 Luis Reyes
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El régimen nazi inició sus crímenes antes de lograr Hitler el poder absoluto. Primeras víctimas, sus propios partidarios incómodos.

29/06/07
Hitler había alcanzado el poder por medios constitucionales, pero nada democráticos. En las elecciones de 1933, su milicia, las SA, aterrorizó con pistolas y porras a los adversarios electorales. Luego, para obtener poderes extraordinarios del Parlamento, Hitler logró la mayoría necesaria deteniendo a 81 diputados comunistas.
Sin embargo, la auténtica cara de Adolf Hitler se desvelaría en la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1934, cuando todo un flamante canciller (presidente del Gobierno), inició pistola en mano la Noche de los Cuchillos Largos, la matanza no de adversarios, sino de aliados incómodos.
Amenaza
A mediados del 34 Hitler no tenía aún el poder absoluto, se le interponían dos obstáculos. Uno era el jefe del Estado, el anciano y prestigioso mariscal Hindemburg. El otro, aún más firme, era el Ejército alemán, que le envió un ultimátum a través del ministro de Defensa. Si no neutralizaba a las SA, los militares tomarían el poder.
Las Sturmableitung (secciones de asalto), los camisas pardas, eran la partida de la porra de los nazis. Se habían convertido en organización de masas, con 4.500.000 miembros, pero su viejo núcleo duro eran criminales o asociales, brutos que se complacían en dar palizas o destruir la propiedad y, de paso, rapiñar lo que se pudiese. Útiles hasta llegar al Gobierno, un incordio después.
Además del problema de orden público que suponían estos camorristas profesionales, los camisas pardas representaban un problema ideológico. En las SA había miembros iniciales del Partido Nacionalsocialista, empezando por su jefe, un militar retirado y homosexual llamado Ernst Röhm. Estos veteranos no sólo pretendían tratar a Hitler de igual a igual, sino que comulgaban con la izquierda del nazismo, un sector que exigía “la segunda revolución”.
La primera había llevado al Gobierno a los nazis; ahora había que arrasar con la vieja Alemania, deshacerse de las instituciones conservadoras, expropiar a los ricos... El primer paso, según Röhm, era que las SA se fundiesen con el Ejército para purgarlo, que los camisas pardas controlasen el armamento pesado para garantizar “la segunda revolución”. Naturalmente, los militares no estaban dispuestos a consentir algo así. Eran todavía bastante fuertes como para amenazar a Hitler, y éste sabía que tenía que comulgar con aquella piedra de molino, eliminar a sus hasta entonces queridos camisas pardas. Sería la Noche de los Cuchillos Largos.
Hitler planificó el golpe con su número dos, Hermann Göring, ministropresidente de Prusia, que estaba reconvirtiendo a la Policía en la Gestapo, y con Himler, jefe de la pequeña sección de las SA encargada de la escolta del Führer, las SS. Los tipos duros de las SS ejecutarían la purga con colaboración del Ejército, que no sólo proporcionó apoyo logístico y armamento; el jefe del Estado Mayor, general Von Reichenau, hizo una lista de los más extremistas de las SA que había que eliminar.
Crueldad
Göring se encargó de la matanza en Berlín, mientras que Hitler se dirigió a Munich, la cuna del nazismo, donde estaba Röhm. A media noche, el canciller de Alemania se presentó en el Hotel Hanselmayer de Wiessee, según él sin armas. En realidad encabezaba una partida de SS armados hasta los dientes que sorprendió a los dirigentes de la SA en una supuesta orgía y los detuvo fácilmente. Serían asesinados en las horas siguientes. También fue ejecutado en su celda Gregor Strasser, cabecilla de la izquierda nazi.
En total hubo más de 200 víctimas esa agitada noche. Pero lo más notable es que, además de los facinerosos de las SA incluidos en la lista del Ejército, Hitler aprovechó la ocasión para deshacerse de figuras prominentes de la derecha no nazi, ¡que incluso formaban parte de su Gobierno! Erich Klausener, jefe de la Acción Católica y alto cargo del Ministerio de Transportes, fue asesinado en su despacho oficial, igual que Herbert von Bose, jefe de prensa del vicecanciller. A Edgar Jung, jefe del Movimiento Conservador que le escribía los discursos al vicecanciller Von Papen, las SS le dieron el paseo en un bosque. El propio Von Papen se libró por los pelos. Algunos de estos crímenes fueron especialmente crueles. Gustav von Kahr, hombre fuerte de la derecha bávara, que había conspirado con Hitler pero le había impedido dar un golpe de Estado en Munich, fue muerto a hachazos por las SS, y su cadáver mutilado arrojado a un pantano.
Y el general Von Schleicher, último jefe de Gobierno antes de Hitler, político intrigante y oportunista que creyó que podría manejar a los nazis, fue sorprendido en mitad de la noche en su domicilio y asesinado junto a su esposa.
Si algún alemán no pudo prever en 1934 los horrores que supondría el régimen nazi, debía de estar ciego y sordo
“Tiene que fluir la sangre”
Goebbels, ministro de Propaganda, se encargó de la campaña de descrédito de los “camisas pardas” para justificar la purga. A partir de la homosexualidad de Röhm se les presentó como una pandilla de viciosos pedófilos. También se hicieron públicos los supuestos menús con que los “izquierdistas” amenizaban sus orgías: lenguas de pájaro, ancas de rana, aletas de tiburón... y champán francés. Para una sociedad tradicionalista y que sufría racionamiento, eran los agravantes que les faltaban a los bandidos de las SA. “Cuando llega el momento, tiene que fluir la sangre”, resumió a la opinión pública el anciano mariscal Hindemburg.

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