El Voto de Santiago

16 / 10 / 2012 17:49 Luis Reyes
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Cádiz, 12 de octubre de 1812 . Las Cortes deciden la abolición del Voto de Santiago, el tributo que enriqueció a la Iglesia compostelana.

Tener el favor de un santo importante, alguien de la talla de uno de los compañeros de Cristo, puede traer grandes beneficios, pero sale caro. Este podría ser un resumen, grosero por lo simplificador, de las relaciones de España con Santiago el Mayor, el hijo del trueno, uno de los apóstoles favoritos de Jesús.

Algunos de esos favores son pura mitología, como la intervención de Santiago en la batalla de Clavijo, cuando en el año 844 el rey de Asturias Ramiro I, que se negaba a pagar a los moros el tributo de las cien doncellas, se enfrentó y venció a Abderramán II en tierras de La Rioja. La tradición dice que, estando cercados los cristianos en el castillo de Clavijo, Ramiro tuvo un sueño en la que el Apóstol le prometió su ayuda en la pelea. Enardecidos por este augurio, los cristianos salieron al encuentro del enemigo, y a su lado se materializó el santo montado en su célebre caballo blanco. Lo que sucedió a continuación se deduce del nombre que recibió el lugar de la batalla, Campo de la Matanza, y del apodo del Apóstol, Santiago Matamoros.

El relato no gana en verismo si tenemos en cuenta que ni siquiera existió una batalla de Clavijo, como ya en el siglo XVIII estableció la historiografía española, que la consideró una mixtificación obra del obispo Jiménez de Rada, único cronista que la cita en su De rebus Hispaniae. Pero todo esto no importa, lo que importa es que los guerreros cristianos creyesen que Santiago les acompañaba al combate y se animaran con ello. Así, como icono militar, como refuerzo psicológico, Santiago Matamoros fue muy útil en las campañas de la Reconquista.

Batallas judiciales.

Más importante aún fue que la tumba del Apóstol en Compostela se convirtiera en uno de los mayores focos de atracción de la piedad medieval, dando lugar al Camino de Santiago. Aunque el hallazgo del cuerpo del Apóstol fuese una historia tan fantástica como su combate en Clavijo, lo cierto es que el Camino fue un importantísimo nexo de unión de España con Europa en los siglos oscuros de la Edad Media, una arteria vital de civilización por la que entraron en la península el arte románico y el gótico, por ejemplo, o que dinamizó económicamente el norte de España.

Pero los favores de los santos tienen precio, y la Iglesia se encargaba de cobrarlo. Desde tiempos inmemoriales se mantenía el llamado Voto de Santiago, un impuesto vigente en la Corona de Castilla que producía enormes ganancias a la Iglesia gallega. Lo habría establecido tras la batalla de Clavijo el mismo Ramiro I, agradecido al auxilio del Apóstol, y consistía en las primicias de las cosechas de cereales y vendimias, así como una parte en toda ganancia que se hiciera a costa de los moros. Se aceptaba la convención de que Santiago Matamoros seguía en nómina del ejército cristiano y tenía la misma cuota que cualquier otro caballero en el reparto de botín o tierras reconquistadas.

El monto económico del Voto era fabuloso y convertiría a la catedral y el Arzobispado de Compostela en las instituciones más ricas de la Corona de Castilla. Pero al terminar la amenaza musulmana, el exagerado enriquecimiento de la Iglesia compostelana provocó la resistencia del campesinado que pagaba el Voto -hidalgos, eclesiásticos y artesanos estaban exentos-. Muchas ciudades de Castilla pleitearon para no pagarlo y, curiosamente, los abogados del arzobispado gallego nunca presentaron en el juicio el documento de Ramiro I que establecía el Voto. Según la Iglesia el documento original lo habían extraviado en la Real Chancillería de Valladolid en 1543, en un pleito con la ciudad de Pedraza.

Sin embargo, ya entonces los eruditos historiadores descubrieron que el origen del Voto era una falsificación del siglo XII con la que se había sacralizado –blindado, diríamos hoy- una renta anterior. La manipulación de documentos históricos era una habilidad de la Iglesia, como es patente con las Donaciones de Constantino, falsificación origen del poder temporal de los papas en Roma.

Pese a ello resultaba muy difícil derrotar al Voto en los tribunales, pues en los tres donde se podía presentar la demanda, las reales chancillerías de Valladolid y Granada y la Audiencia de Galicia, había un oidor o “juez protector” nombrado por el arzobispo, que defendía vehementemente los intereses santiaguistas. La Iglesia compostelana tenía además a su favor un privilegio real que sí era auténtico, y firmado nada menos que por los Reyes Católicos. Tras la conquista de Granada, que culminó la Reconquista, Isabel y Fernando extendieron el Voto al nuevo reino moro incorporado a la Corona de Castilla, que debía sostener un hospital de peregrinos (el magnífico parador de turismo actual, que se alza frente a la catedral). ¡Si los Reyes Católicos habían dado por bueno el privilegio de Ramiro I, a ver quién lo negaba!

Pese a ello la oposición crecía, y a principios del siglo XVII se mezcló con otro asunto religioso, de aquellos que tanto apasionaban a los españoles de otros tiempos. La orden carmelita inició una ofensiva para convertir a su santa, Teresa de Jesús, en la patrona de España, desplazando a Santiago. Enseguida España se dividió en dos bandos, como solía, santiaguistas y teresianos. Ambos tenían partidarios poderosos, entre los primeros estaba, por ejemplo, Quevedo con su afilada pluma, algo normal pues Quevedo era caballero de la Orden de Santiago. Entre los segundos, el conde-duque de Olivares, el formidable valido de Felipe IV, que tenía los hábitos de Calatrava y Alcántara, las órdenes militares rivales de Santiago.

Durante bastantes años de los reinados de Felipe III y Felipe IV los monarcas españoles estuvieron dubitativos, dando su apoyo a Santiago o a Santa Teresa. En 1627 Felipe IV zanjó la cuestión a favor del patronazgo del Apóstol, refrendado por el Papa, pero al año siguiente Santiago sufrió un descalabro, cuando la Cámara de Castilla dictaminó que quedasen libres del Voto las diócesis de Burgos, Palencia, Soria, Calahorra y Osma. Obtuvo una compensación menor cuando en 1643 el rey estableció una ofrenda de mil escudos de oro, que cada 25 de julio –día de Santiago- se entregaría para el culto de su iglesia. Ese es el origen de la ofrenda nacional a Santiago que todavía existe hoy día.

Clamor ilustrado.

Con la llegada de los Borbones en el siglo XVIII las voces contra el Voto de Santiago eran clamor. Los ilustrados atacaban tanto el origen del Voto, una clara falsificación histórica, como su naturaleza de privilegio, que engordaba unas arcas eclesiásticas ya rebosantes, y sus consecuencias económicas, estableciendo un gravamen que dificultaba el progreso del campo español. Se escribió mucho, pero no se aboliría hasta que se produjese el hundimiento del Antiguo Régimen español con la invasión napoleónica.

Fueron los liberales reunidos en las Cortes de Cádiz quienes decretaron hace 200 años la abolición del Voto de Santiago, y de paso nombraron patrona de España a Santa Teresa. Por poco tiempo, pues la vuelta a España del Deseado, Fernando VII, supuso la reimplantación del absolutismo y con él la vuelta del privilegio jacobeo... igualmente de forma pasajera, pues la revolución liberal de 1821 lo suprimió de nuevo.

El XIX español fue una etapa tremendamente convulsa, lo que significa que el vaivén no ha acabado. El liberalismo duró esta vez tres años, el llamado Trienio Liberal, y fue aplastado por la invasión enviada por las potencias absolutistas europeas, los Cien Mil Hijos de San Luis. El grito de guerra de los soldados españoles era “¡Santiago y cierra España!” y se suponía que el patronazgo del santo guerrero debería protegernos de invasiones extranjeras, fueran moros o franceses, pero el Apóstol no cumplió esta vez, pues los Cien Mil se hicieron fácilmente con todo el país, y devolvieron el poder absoluto a Fernando VII... y el Voto a Santiago.

Por fin, en 1834, muerto ya Fernando VII y con los liberales en el poder, agrupados en torno a su hija, la niña Isabel II, mientras la reacción se lanzaba a la insurrección carlista, el Voto de Santiago fue abolido definitivamente. O casi (ver recuadro).

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

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