Greene íntimo

07 / 03 / 2016 Juan Bolea
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Durante sus estancias en Haití, Greene se documentó para escribir su mejor novela.

De Graham Greene sabíamos muchas cosas, pero no tantas como Yvonne Cloetta. Haber vivido treinta años con el autor de Nuestro hombre en La Habana le faculta para opinar con conocimiento de causa sobre alguien siempre a medio construir, pero artista integral, cuyas causas fueron la literatura y una particular guerra contra la injusticia y sordidez del mundo. De esos terceros mundos en África y Latinoamérica que tan bien captó el novelista en sus épocas de diplomático y agente de inteligencia.

Graham conoció a Yvonne en Camerún, estando casada, y la cortejó hasta obtener su amor, no sin resistencias por parte de la novia. En especial, cuando, en pleno romance, a él no se le ocurrió otra cosa que invitarla a un burdel de París. Penumbras, contradicciones, perversiones, iluminaciones, grandezas y miserias que estuvieron presentes en la personalidad del escritor a lo largo de toda su carrera.

En parte, su temprano acercamiento y su larga pasión hacia la literatura le sirvió para exorcizar sus miedos, rencores, desconfianzas, soledades, y para proyectar lo bueno que llevaba dentro, su estilo literario, su penetración psicológica, su sentido de la decencia y de la solidaridad con los pueblos oprimidos, por los que hizo, sin el menor alarde, constantes sacrificios. Un alto cargo de Puerto Príncipe llegaría a reconocerle: “Gracias a su ayuda, Mr. Greene, ya nadie confunde Haití con Tahití”.

Durante sus estancias en Haití, Greene se había documentado para escribir una de sus mejores novelas, Los comediantes, sobre la tiranía de los Duvalier y sus temibles “tonton macoutes”. Esa misma práctica, la de empaparse sobre el terreno, le sirvió para trabajar a fondo escenarios como Panamá, Viena o Cuba. En La Habana, Fidel Castro y Gabriel García Márquez le preguntaron si era cierto que más de una vez había jugado a la ruleta rusa, y tuvo que reconocer que sí. Otras muchas anécdotas se desgranan en Mi vida con Graham Greene, de Yvonne Cloetta, volumen recientemente publicado por Circe, con fotografías íntimas de la pareja, en el que la última y más duradera compañera del escritor mantiene una intensa e interesante conversación con Marie-Françoise Allain.

Muy interesantes son las observaciones que Yvonne iba anotando en su carnet rouge. Graham le confesaba aspectos de sus novelas, cómo concebir los personajes, la acción y el ritmo (“las palabras son a menudo una forma de huir de la acción, en lugar de un preludio a la acción”). Siempre entre el día y la noche, entre la exaltación del alma y el poder de las tinieblas, siempre a cuestas con esa paradójica, deliciosa, británica ambigüedad que le llevó a afirmar: “El escritor debe estar preparado para cambiar de bando porque habla en nombre de las víctimas, y las víctimas varían”.

O este más sincero adagio: “No soy ningún genio. Tan solo un artesano”.  

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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