En series de televisión inventamos nosotros

10 / 04 / 2014 Javier Memba
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Ninguna serie estadounidense ni culebrón latino-americano hace sombra hoy a las producciones españolas, algo inimaginable hasta hace poco tiempo.

Si Laura Palmer, la protagonista de Twin Peaks, hubiese resucitado el pasado 24 de marzo, tal y como le anunciaba desde el más allá al agente del FBI Dale Cooper el 24 de marzo de 1989–según la cronología de aquella legendaria serie que emitió Telecinco en 1990–, se habría encontrado una televisión muy diferente a la que dejó cuando pronunció desde ultratumba su célebre: “Nos veremos de nuevo dentro de 25 años”.

Pasado ese tiempo no hay ninguna serie estadounidense que haga sombra a las ficciones españolas: algo inimaginable cuando Twin Peaks tenía en vilo al país entero. En lo que va de año, todas las ficciones propias que se han emitido se han convertido en líderes de audiencia. Solo ha habido una apartada del primer puesto, B & B, de boca en boca, una producción de Globomedia, también para Telecinco, que ha sido superada por otra oferta española, Galerías Velvet. La propuesta es una creación de Bambú Producciones para Atresmedia sobre los amores de una costurera y el heredero de unos grandes almacenes. Ocupa el prime time de los lunes de Antena 3. Los martes se lleva la palma El Príncipe, una creación de Plano a Plano para Mediaset que emite Telecinco a partir de las 22.30. Aquí los amores relatados son los de un agente de policía, cristiano, y una joven musulmana. El turbulento barrio ceutí del Príncipe Alfonso sirve de telón de fondo. Los miércoles, la favorita de la audiencia vuelve a ser B & B, de boca en boca. Ambientada en la redacción de una revista dedicada a la crónica social, en su nueva ubicación vuelve a ser la preferida por los telespectadores.

Y en lo que a la sobremesa se refiere, de lunes a viernes, El secreto de Puente Viejo, una telenovela sobre la peripecia de una partera en los albores del siglo XX, producida por Boomerang para Atresmedia, sigue siendo la más vista. Llevar en la programación de Antena 3 desde hace más de tres años no le ha supuesto el menor desgaste de público.

Entre tanta bonanza ha destacado El tiempo entre costuras. La adaptación de la novela de María Dueñas por Boomerang TV para Antena 3 batió todos los récords en las once noches que estuvo en el aire. Hubo emisiones que fueron seguidas por más de 5,5 millones de telespectadores. En su conjunto, fue el espacio más visto de toda la programación del pasado mes de enero. Decididamente, ya no hace falta recurrir a asuntos tan bizarros y direcciones artísticas tan extravagantes como las de Twin Peaks para copar los índices de audiencia. Con que la producción sea autóctona, ya tiene mucho ganado. Quién lo iba a decir.

Renovarse o morir.

“La mayoría de las series españolas superan ampliamente la cuota media de audiencia de la cadena, son líderes en su franja horaria o logran ser lo más visto en su día de emisión”, se congratula Ramón Colom, presidente de la Federación de Productores Audiovisuales Españoles (Fapae). Por su parte, José Manuel Lorenzo, presidente de Productoras Asociadas de Televisión de España (PATE) y Day Light On Producciones (DLO), sostiene: “El éxito actual de la ficción española no es nuevo. Ya se produjo hace años. La ficción nacional siempre ha sido un producto demandado por el público y, por lo tanto, por las cadenas. Pero con el comienzo de la crisis hubo que reinventarse. Surgió así un nuevo modelo de hacer ficción y ahora, superada esta fase, la ficción televisiva española se ha vuelto a poner en marcha”.

Josep Cister, director del departamento de I+D de ficción de Boomerang, estima que el éxito de la producción autóctona se debe a que cuenta “historias que a la gente le gusta”: “Sabemos ganarnos a nuestro público. Desde el arranque de las televisiones privadas a comienzos de los años 90, las series españolas han estado muy bien valoradas. Quiero recordar títulos como Farmacia de guardia o Lleno por favor, frente a los que les costó entrar a las ficciones americanas. Hay muy pocas series de fuera que hayan alcanzado los índices de audiencia que tienen ahora las españolas”, afirma.

Así que se desmorona el tópico de que la audiencia española es más proclive a las propuestas estadounidenses. “Eso es un mito tan falso que House puede hacer tres millones de espectadores frente a los más de cinco de El tiempo entre costuras o El Príncipe, o los más de cuatro de Velvet”, continúa Cister. Aitor Gabilondo es uno de los productores de Plano a Plano y, por lo tanto, uno de los creadores de El Príncipe. Dice que “nuestra ficción lleva mucho plantando cara a las estadounidenses”, pero puntualiza: “Es verdad que en los últimos años, gracias a Internet, hemos tenido un aluvión de series norteamericanas de primerísima categoría que han elevado el nivel y nos han puesto un poco contra las cuerdas. Pero es importante decir que jugamos ligas distintas. Las series norteamericanas de más prestigio, como pueden ser The Wire o True Detective, son producciones para cadenas de pago, con presupuestos que doblan o triplican los nuestros. Ante ellas, nuestra única ventaja, si es que se puede decir así, es el factor cancha: nuestras propuestas son a priori más cercanas al público de aquí. Eso no quita para que nos exijamos más. El público cada vez es más exigente y eso es bueno para todos”.

De hecho, esa nueva fórmula a la que alude Lorenzo tiene uno de sus principales componentes en una mejora considerable de la factura. En ese sentido, Goyo Quintana, director general de Boomerang, explica: “Nos planteamos El tiempo entre costuras como una producción cinematográfica, con un estricto control creativo. Es muy diferente a la producción de una serie diaria, mucho más cerca de un proceso industrial”.

Por su parte, César Benítez, productor de Plano a Plano, puesto a comentar la grabación de El Príncipe, recuerda: “Teníamos que hacer frente a varios retos. El primero, que el barrio es un protagonista más y que, como tal, tiene que estar muy presente. Pudimos hacerlo gracias a la participación, por primera vez en España, de Stargate Studios –empresa estadounidense líder en efectos visuales–, que generaron una Ceuta virtual con fondos grabados en la ciudad. Luego, en posproducción, se completaron con las escenas grabadas en Madrid”.

El presidente de PATE, que hace hincapié en el “quijotismo” de sus colegas, estima: “Como cualquier otro sector, en los momentos de crisis, los productores españoles hemos tenido que reinventar la forma de producir. Así, se han tenido que ajustar y reconducir: son cada más internacionales, buscan una mayor coproducción”.

Historias reconocibles.

Bien es cierto que Farmacia de guardia y Médico de familia ya contaron con altos índices de audiencia. Aún corrían los años 90 y podían rondar los diez millones de espectadores. “Con ellas, con la aparición de las televisiones privadas, se profesionaliza el sector, se genera una industria –estima Cister–. Pero la tradición, el bagaje de las series españolas puede remontarse a la TVE de los años 60 con Historias para no dormir, de Chicho Ibáñez Serrador”. Ya con la puesta en marcha de Atresmedia y Mediaset, la ficción televisiva española toma un nuevo brío. Pero esa eclosión de la ficción autóctona en el prime time de la programación hay que buscarlo en Cuéntame cómo pasó.

En efecto, las peripecias de los Alcántara cuentan entre las favoritas del público desde sus primeras emisiones, hace trece años. Carlos Asorey, uno de los guionistas de Cuéntame –entre otras muchas series españolas–, nos da otro de los componentes de esa nueva fórmula. “Ya sean dramas o comedias, se representan tipos reconocibles y el espectador se identifica con lo que ve. Por fin se empiezan a hacer series que cuentan tu historia de forma dramatizada”.

 

Amar en tiempos revueltos, Galerías Velvet, El tiempo entre costuras y Cuéntame tienen algo en común: estar enmarcadas en una España pretérita. Asorey también apunta a ese trasfondo histórico, a la España del siglo XX que tanto gusta ver recreada en la pequeña pantalla, como otra de las claves de la preponderancia de las producciones autóctonas. Algo en lo que, sin duda, Cuéntame fue pionera. “Durante años no se pudo hacer porque los guionistas, los productores y las cadenas creían que no iba a gustar al público. Se decía que eran muy caras o que no iban a interesar. Pero ha quedado demostrado que contar la historia a través de una familia, interesa”. A este respecto, abunda Cister: “Hay cierta parte de la audiencia que se siente reflejada en la historia reciente y gente más joven que la descubre”.

A decir de Aitor Gabilondo, “nadie sabe por qué gusta una serie. Si el éxito fuera predecible, las series las producirían los bancos y no los productores. Pero el pasado es siempre evocador y, dependiendo de la época, resulta muy vistoso para el espectador. En el caso de Cuéntame, en concreto, la nostalgia también influye”.

Éxito internacional.

Hay que señalar la pérdida de las reticencias que antaño mostraron los grandes técnicos y actores del cine a trabajar para la pequeña pantalla. Obligados por la crisis a emplearse en la televisión, la superación de esos antiguos prejuicios ha sido beneficiosa para todos. Ante tan halagüeño panorama, las series de ficción española han comenzado a venderse en el mundo entero. En la actualidad, El tiempo entre costuras negocia sus emisiones en EEUU, México, Colombia y Chile. El Príncipe también será emitida en diversos países al otro lado del Atlántico; El secreto de Puente Viejo cuenta con más de tres millones de espectadores en Italia y se ha vendido a Croacia, Eslovenia, Francia, Macedonia, Montenegro, Serbia y Ucrania. “La ficción española es un referente tanto nacional como internacional”, asegura el presidente de la Fapae. “El problema es que la duración estándar de las series españolas, 70 minutos, supone una dificultad ya que, en la mayoría de los países, esta duración es excesiva. Aun así, la ficción española se compra y adapta cada vez más internacionalmente”.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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