El triunfo de la gente corriente

01 / 02 / 2012 Daniel Jiménez Y Pedro García
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Sin padrinos ni discográficas, los madrileños Vetusta Morla preparan su asalto a Estados Unidos tras su fulgurante éxito en España. Música independiente para evitar la catástrofe.

Vetusta Morla es el nombre de una tortuga gigante que estornuda mientras habla con el pequeño Atreyu, que se aferra a un árbol para no caer al suelo en La historia interminable de Michael Ende. También es el nombre que eligieron unos jóvenes de Tres Cantos, al norte de Madrid, para bautizar su grupo de música y dar otro sentido a sus vidas. Casi todos ellos se conocieron en 1998 durante unas jornadas culturales en el instituto donde estudiaban. Se hicieron amigos y empezaron a tocar juntos. Hoy llenan salas por toda España y preparan su asalto al otro lado del Atlántico: 13 años después de aquel encuentro imberbe, son la banda de rock independiente más importante del país.

“La historia de Vetusta se podría resumir en una palabra: experiencia”, explica Juan Pedro Martín, alias Pucho, vocalista de la banda, que nos recibe junto a Juan Manuel Latorre, guitarrista y teclista, en una ruidosa cafetería de la periferia noble de Madrid. “Para todos ha sido una experiencia, empezando por el origen del grupo, un grupo de amigos que se unen sin la intención de llegar a ningún lado. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que nuestro proyecto gustaba, interior y exteriormente, y empezamos a hacer nuestro camino”. Un camino donde, como en el otro gran clásico de la ciencia ficción infantil, la realidad y la ficción se mezclan bajo el manto de los sueños. Pasos, y tropiezos, sobre baldosas amarillas.

Salto mortal.

Pero llegar hasta aquí no entraba en sus planes. El camino no ha sido nada fácil. Tardaron una década en dar forma a su primer disco, Un día en el mundo (2008), que optaron por autoeditar con su propio sello, Pequeño salto mortal, después de sentir en sus propias carnes el silencio de varias discográficas. El disco, una jugosa herramienta contra la mediocridad y lo prosaico, corrió de mano en mano, de oreja en oreja, de descarga en descarga, y les reportó fama, respeto y trabajo. Estuvieron de gira más de tres años. Entonces se dieron un descanso para retirarse a grabar el segundo disco, Mapas (2011), que produjeron del mismo modo. Y llegó la hora de presentarlo en su ciudad, el pasado mes de diciembre. La respuesta del público les obligó a dar cinco conciertos en la sala La Riviera, con capacidad para 2.800 personas. El fenómeno terminó de confirmarse: en los cinco se agotaron las entradas.

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