Cuando el teatro sirve de mucho

23 / 02 / 2012 11:35 Luis Algorri
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La compañía de Blanca Marsillach estrena Loca, obra protagonizada por actrices noveles que viven en casas de acogida.

Aliicia no se llama de verdad Alicia, pero eso es lo de menos, y Aisha (será preferible escribir Aixa, como en la antigua canción de las Tres morillas) tampoco es en realidad Aixa, pero qué importa eso. Lo que cuenta es que estas dos jovencísimas muchachas están llenas de ilusión ante lo que se les viene encima; también algo asustadas y nerviosas, porque es la primera vez, pero sobre todo les puede la ilusión.

Lo que se les viene encima es un estreno de teatro. La obra se titula Loca, está escrita por Elise Varela y se habrá puesto en escena por primera vez el miércoles 8 de febrero en un lugar inusual: la sala Zarco, o sea el auditorio o salón de actos del Hospital Clínico de San Carlos de Madrid. En el nombre de la compañía está la clave de todo: Blanca Marsillach.

La actriz lleva muchos años empleando tiempo, esfuerzo y dinero en algo tan absurdo y contrario a los tiempos que corren como hacer algo por los demás: lo que hace muchoz años se llamaba ayudar, palabra hoy casi en desuso. Hace apenas un par de años organizó un espectáculo-terapia hecho por y para discapacitados psíquicos, y el éxito fue total. Ahora, Blanca Marsillach se ha sacado de la manga esta Loca que tiene muchas cosas de particular, pero sobre todo una: las cuatro actrices que intervienen son absolutamente noveles, jamás se han subido a un escenario (salvo Alicia, que cuando era niña hizo de pastora en un belén) y, aquí está el quid, todas proceden de casas de acogida gestionadas por la Comunidad de Madrid.

Atentos todos: no quiere decir que se trate de niñas maltratadas, perseguidas, violadas o cualquier otra atrocidad que uno se imagina inmediatamente cuando oye lo de “casas de acogida”. A veces sí, a veces no. Quien vive en uno de esos centros es evidente que tiene problemas, pero Marsillach está ahí para ayudar a solucionarlos, y eso se llama encarar la vida haciendo algo que ilusiona (el teatro) y no dándole vueltas siempre a lo mismo; el periodista lo entiende perfectamente, así que pasa de preguntar a las chicas cuál es su pasado, porque lo que de verdad importa es lo que les aguarda en el futuro. Y eso, ahora mismo, es Loca.

Curiosa obra. Es frecuente que un actor interprete varios papeles en una misma representación, pero no lo es que cuatro actrices se desdoblen para encarnar cuatro aspectos distintos de una misma persona. Se parte de la evidencia de que cada persona es un mundo, y un mundo complicado y contradictorio. Blanca, o sea la mujer que se despieza en Loca, deja ver que su ego, su interior, su yo y sus diversas voces internas (aquí cada cual puede interpretar como quiera lo que ve) se contradicen y combaten entre sí.

El “latazo” de la promoción.

No se trata exactamente de una representación sino de una lectura dramatizada, pero las cuatro jovencísimas actrices llevan semanas ensayando bajo la dirección de Ángel Ojea. Hay que suponer que habrán tenido dificultades para emitir bien la voz, medir los gestos, respirar, esas cosas. Pues no. Las chicas admiten que lo que les está costando más trabajo es aguantar a los periodistas, posar para los fotógrafos y “hacer promoción”. Ese latazo es lo que más las incomoda; la parte estrictamente teatral del trabajo les divierte y no se les hace difícil, aunque Alicia cuenta, muerta de risa, que hace poco se tiró una hora con el director para decir una sola palabra: “Es que se supone que yo tenía que decir aquello muy cabreada, tenía que pegar un grito terrible. Y claro, ¡es que yo no estaba nada cabreada! Yo soy más bien dulce, ¿sabes? Pues hijo, una hora chillando hasta que me salió el grito aquel”.

Después de la representación del 8, y gracias a El Corte Inglés y a la Comunidad de Madrid, la compañía comenzará una gira por diversos teatros de la comunidad. Más adelante, si todo va bien, llegará el estreno en la capital, en los Teatros del Canal. Es lo que dice Diego Copado, director de comunicación de El Corte Inglés: “Es una iniciativa pionera en la que, a través del arte, se envían mensajes sociales sobre el maltrato y la exclusión social de la mujer”. Desde luego, pero a las chicas lo que les importa es el estreno. Y están tan tranquilas. Quizá quien lo está menos es la propia Blanca Marsillach, que hace “nada, una aparición, un cameo al final; el peso de todo esto lo llevan ellas”, se ríe.

Sin miedo.

¿Trucos? “Yo les digo lo mismo que me dijo a mí Amparo Baró el día en que salí por primera vez a un escenario y estaba muertecita de miedo: ‘Niña, tú ya sabes: arrogante, insolente y petulante”, se vuelve a reír Blanca Marsillach.

Pero el verdadero truco lo muestra Aixa, 22 años, gafitas y un carácter muy determinado: “No hay por qué tener miedo. Si tienes miedo estás pensando que la gente que te ve es más que tú, que tiene cosas que tú no tienes. Y eso es verdad, pero también lo es que yo tengo cosas que ellos no tienen. Por ejemplo, hablo árabe perfectamente; tú no. Ya tengo algo que tú no tienes. Pues lo que hay que hacer es que yo te doy algo de lo que tengo y tú me das algo de lo que tienes. Y así nos vamos haciendo iguales. Y nadie es más que nadie”. Si el teatro sirve para eso, alguien está haciendo las cosas muy, muy bien.

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